Desde su fundación, en 1827, en Reims, G.H. Mumm se ha ganado un sitio entre las casas con mayor prestigio en champagne, gracias a una producción que atiende con rigor tanto las Cuvées más populares –como el Cordon Rouge– como las minoritarias. Hablamos en exclusiva con su chef de cave.

Por Regina Rocha

“Siempre es un buen momento para tomar champagne”, asegura Didier Mariotti, máster y jefe de bodega de G.H. Mumm. El chef de cave de esta casa, líder del mercado en Francia y la tercera a nivel mundial, nos desvela las claves de una bebida que se ha convertido en sinónimo de celebración y de éxito.

G.H. Mumm se fundó en 1827 en Reims, Francia, asociándose con sus proveedores de caldo de uva, a diferencia de las otras marcas que sólo lo compraban, para tener mejor control y total seguimiento sobre toda la cadena de producción. Desde entonces se han esforzado por mantener la mejor calidad posible en su champagne. En la actualidad, la marca posee 280 hectáreas de viñedos, que aportan el 25% de lo que se necesita para el total de su producción, y el resto lo abastecen los viñedos de la región de Champagne, al norte de Francia, que cumplan con los criterios de máxima calidad exigida cada año.

Dentro de toda la oferta de G.H. Mumm, entre Clásicos, Grand Crus y Ediciones Limitadas, destaca su producto estrella: Cordon Rougel La idea principal es lograr con ellos la máxima intensidad y frescura, según comenta Mariotti.

Velocidad y burbujas: el elixir de los campeones

Desde 1964 G.H. Mumm ha tenido  presencia en el deporte, patrocinando en aquella fecha los Juegos Olímpicos en Tokio; posteriormente exhibiciones ecuestres, ligas de futbol y, desde la pasada década, se ha asociado con la Fórmula 1. Ahora la marca está presente en todos los pódiums para celebrar a los ganadores.

Didier nos relató que la historia del champagne y la Fórmula 1 comenzó en los años 50 en el Circuito de Reims-Gueux. Por esa época el ganador recibía un collar de flores, pero ya que estaban en la región de Champagne, a los organizadores les pareció una buena idea, a manera de promoción de este producto regional, regalarles una botella de esta bebida a cada uno de los tres pilotos en el pódium. Fue el inicio de una larga relación entre esta bebida y el deporte de la velocidad.

La alianza que mantiene G.H.  Mumm con la Fórmula 1 supone una buena plataforma para la presencia de la marca, y les está abriendo paso en nuevos países y permitiendo que cada vez sea mayor el número de personas que conocen la marca.

Qué mejor muestra que la presencia de la Fórmula 1 en México en el último trimestre del año. Por ello la casa ya inició los esfuerzos para el desarrollo de su marca en el país, y el aumento de puntos de venta de G.H. Mumm para que los mexicanos la puedan reconocer y acceder a ella con mayor facilidad.

El lanzamiento en México iniciará con Cordon Rouge y los siguientes años continuarán con el resto de sus productos, como Cuvée R. Lalou. Lo que desean hacer primero es acostumbrar al mercado mexicano a este champagne y también conocer el gusto del público para proponer una oferta más segmentada.

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Un sentido del tiempo que va más allá de los años

Didier comenta que para un producto que requiere de tanto tiempo de elaboración —de tres a 10 años, aproximadamente— no es tan fácil comunicarse con el equipo de marketing, ya que manejan tiempos diferentes: estos últimos viven en ‘meses’ más que en ‘años’. Relata una anécdota que le sucedió hace algún tiempo, cuando el departamento de marketing le avisó que querían cambiar la forma de la botella. A él le pareció una magnífica idea, pero cuando se enteraron de que la primera línea estaría lista tres años después, en vez de los seis meses que ellos pensaban, decidieron cambiar sólo la etiqueta.

“El tiempo es muy importante en la industria del vino y hemos encontrado una manera adecuada para trabajar en conjunto Marketing y Producción”, explica. Para lograrlo, Didier se dedica a preparar  un champagne que estará listo en algunos años, pero que coincidirá con las expectativas de los mercados a los cuales la empresa se piensa expandir a futuro.

Una historia de amor con una bebida legendaria

En su tiempo libre Mariotti toma, por supuesto, champagne y además vino tinto. Le gusta tener invitados en casa, donde la regla es “no hablar de vino y sólo disfrutarlo”.

Después de estudiar Ingeniería en Alimentos y Bebidas, llegó a Champagne en 1995 casi por casualidad, para realizar unas prácticas de seis meses, y es ahí donde redescubrió esta magnífica bebida y la prefirió a la cerveza. Así es como comenzó su historia. Decidió acreditarse como vinicultor y quedarse a vivir en esta región de Francia.

Hace doce años que trabaja  en G.H. Mumm (desde 2003). Su contribución para esta casa es hacer vino, y su trabajo consiste en garantizar la calidad y consistencia del estilo en cada botella producida, además de desarrollar la marca enfocándose a lo que cada mercado necesita.

Su reto principal es imaginar cómo sabrá dentro de tres años el champagne que está preparando ahora. La parte crucial de su trabajo es la mezcla, así que durante los meses de noviembre y diciembre se dedica a catar más de 300 vinos diferentes, a los cuales tiene que describir de manera precisa en cuanto a color, sabor y estructura de la paleta; preguntándose no si le gustan o no, sino dónde y cuándo puede usarlos y qué aportarán a sus champagnes en materia de acidez, frescura y complejidad. Posteriormente, decide cómo mezclarlos y documenta los porcentajes de las mezclas oficiales para que puedan ser producidos en serie.

Con respecto a los diferentes mercados, aprovecha sus viajes para probar las comidas locales de cada país y conocer sus gustos y costumbres para poder proponer a sus requerimientos; como ejemplo habla de África, donde prefieren el champagne más dulce. Y prometió desarrollar alguna variedad que maride con los platos mexicanos, así que es muy probable que en un plazo de tres años estemos conociendo una nueva oferta de G.H. Mumm.

El francés Romain Grosjean, primer piloto de Fórmula 1 embajador de la marca.

Un vino para celebrar cualquier ocasión

Si bien el champagne es un buen acompañante para las celebraciones, Didier recuerda que esta bebida no es sólo burbujas, sino que es un vino: el único que se puede tomar las 24 horas del día, en el desayuno, en un brunch, comida, tarde, cena, fiestas… “Siempre hay un buen momento para beber champagne y ésa es su belleza y su secreto, de lo que trata esta bebida es de disfrutar la vida y compartir los buenos momentos”, añade.

Además, cada botella lleva años de trabajo y una mezcla bien pensada de caldos, como el caso de Cordon Rouge, en el que destaca la individualidad de cada variedad de uva de las 77 Crus que se utilizan para hacerlo (Montagne de Reims, Grande Vallée de la Marne, Vallée de l’Ardre, Côte des Blancs, Sézannais y Côte des Bars), presionándolas y vinificándolas por separado; de las cuales el 45% de la mezcla es Pinot Noir, emblemática variedad de la casa. Descansando en las cavas de la casa por dos años y medio —casi el doble del tiempo requerido por la legislación—, el resultado es un balance perfecto de complejos aromas de frutas frescas y caramelo que prolongan la intensidad antes de florecer en un final muy redondo.

 

 

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