“Siento que hoy voy a escribir todo el día,” cuenta Lido Pimienta desde su hogar en Toronto, vestida con una enorme diadema de pompones rosas y verde limón, mientras agregaba, “Pero mañana seguramente voy a querer grabar, y al día siguiente pintar”. En la vida real (a través de videollamada), la artista colombo-canadiense es tan vivaz como los colores en la portada de su último disco, titulado Miss Colombia.

Lido Pimienta

Foto: Cortesía (Daniela Murillo).

Ataviada en un pomposo vestido de arcoíris y una corona puntiaguda, Lido se convierte en el cliché de la “mujer propia” pero, como ella lo pone, “la versión más gay”. Envuelta por un arcoíris personifica a la virgen, la quinceañera, la reina de belleza y la novia en el centro de un barrio colombiano. El concepto visual de Lido representa el catalizador mismo del álbum hace cinco años: el momento en que Steve Harvey erró durante el concurso de Miss Universo y le quitó la corona a Colombia para dársela a Filipinas, mismo que reveló el profundo racismo infundido en la sociedad sudamericana.

Es así como en Miss Colombia podremos explorar a través de 11 canciones la política del género, la maternidad, la identidad, la invisibilización de las minorías y la diáspora latina. Simultáneamente se convierte en una celebración y una crítica de su natal Colombia. “El álbum habla sobre mis sentimientos encontrados y mi relación tóxica con mi país”, explica.

Lido Pimienta

Foto: Cortesía (Daniela Murillo).

Inundado con una voz magnética, el sonido electro-pop comulga con una variedad de elementos derivados de su herencia Guajira y Afrocolombiana que se colocan en el centro. Aunque Lido lo considera su primer álbum, Miss Colombia llega después de “La Papessa”, la canción que le ganó el Premio Polaris en el 2017, el más importante para la industria musical colombiana. Sin duda, su nuevo álbum es una obra de arte desafiante que polariza y cruza a través de tradiciones que abarcan generaciones, está repleto de misticismo y espiritualidad infundada en sus propias raíces.

En entrevista para Forbes Life, Lido Pimienta conversa acerca de las inspiraciones que la motivan en este andar. Esto es lo que nos dijo:

¿Qué aspectos de las tradiciones indígenas y afrocolombianas integraste en Miss Colombia?

Pues mira, desde que salí al público noté que siempre me ponían como “la nueva representante de la cumbia”. ¡Yo no hago cumbia! Hago música pop. En el disco, dije vamos a regresar a estos clichés y estereotipos que me ponen por ser colombiana de forma consciente. Que los ritmos que se oigan sean con los que yo crecí: porro, cumbia, bullerengue, tambora.

En vez de usarlos como decoración, realmente honorar sus raíces ancestrales. Son sonidos que continúan evolucionando en las casas de personas que sobreviven, existen y viven hoy. No ponerlos como fábula, artefacto o narrativa de museo. Para mi era muy importante darles la misma reverencia.

¿Cómo ha sido tu recorrido como latina, indígena y afrocolombiana en la industria musical?

En Colombia cantaba en bandas de punk o metal por diversión. Pero mis intereses serios realmente se centraban en el arte visual, aunque la música siempre fue parte de mi alma. Cuando me mudo a Canadá, y estoy sola, descubro la maravilla del internet. Empecé a poner canciones en MySpace, y un día empiezan a llegarme ofertas para llevarme de gira. Nunca hubo una conversación sobre la plata, cuánto me iban a pagar. Algunas personas empezaron a darse cuenta que no conocía la industria. Muchos se aprovecharon de eso.

Llegó un punto donde yo no quería ya hacer nada de la música, ¡porque me di cuenta que la industria musical es tan corrupta como la industria de la pornografía! Es tan malévola que le dije que no. He escrito canciones que han ganado Grammys, y no estoy en los créditos, te la dejo ahí.

Cuando escribí “La Papessa”, fue realmente para hacer amigos. La pongo en internet, y estando en Chile me hablan que me van a dar un premio. Los premios Polaris, ¡los más importantes de la música en Colombia! Para mi fue como la canción de Marilyn Manson: “I don’t like the music industry, but the music industry likes me”.

A veces tengo como síndrome del impostor. Porque para mi ser artista es hacer arte. No tengo que fingir ni jugar ajedrez. O sea, yo me levanto, atiendo a mis hijos, hago arte, y luego voy al supermercado. Es parte de mi vida, no necesito que me validen.

Hay una dualidad bellísima en tu música donde las temáticas pueden ser muy pesadas, pero al mismo tiempo puedes bailar las canciones. ¿Cuál fue la intención de hacerlas de este modo?

¡Colombia es el país más feliz del mundo! Pero al mismo tiempo es donde más injusticia, más muerte y más corrupción hay. Entonces es un testimonio a la resiliencia que tenemos. Tenemos un aferro a la vida tan feroz, y eso viene en gran parte de nuestra herencia africana. La muerte se celebra con la música, es algo muy colombiano. El no hablar de ella y vestirse de negro y llorar… es algo europeo.

El mundo entero está volteando a ver a Estados Unidos con el movimiento de Black Lives Matter, y parece que se está comenzando a abrir el debate alrededor del racismo en Latinoamérica, que siempre ha sido un tabú. ¿Cuál es tu opinión sobre lo que está pasando?

Yo no siento que tengo ninguna asociación a un movimiento, pero creo que nuestra generación, con el internet, tiene el poder de hablar. En Sudamérica, el problema es que no hablamos de nada porque en un país tan corrupto hablar de esos temas te puede causar la muerte.  Con lo que está pasando en el mundo, que lleva pasando siempre, yo hablo de ello porque es mi realidad. Mi familia es indígena y negra.

Pero realmente, en Colombia y en Latinoamérica, tendríamos que hacer nuestro propio movimiento. “Las vidas negras importan”, para mi, no es suficiente. Porque son esenciales, fundamentales para nuestros pueblos. Y además tenemos que evitar el fetichismo sobre las personas negras en nuestros países, porque aquí lo que tiene sentido es decir “las vidas negras y las vidas indígenas importan”. Nosotros no podemos tener un movimiento sin ambas partes porque todos estamos revueltos. Esa tendría que ser la conversación.

¿Crees que el arte y la política están naturalmente ligados?

Sí, a la gente se le olvida. Yo hago arte, y por ende, es político. Yo no me puedo poner o quitar mi cultura. No tengo el privilegio de ambigüedad racial. Tendría que nacer otra vez porque soy chiquita, morena y tengo mi pelo como lo tengo. Y por más que me lo pueda alaciar siempre voy a ser guajira, siempre voy a ser barranquillera, siempre voy a ser colombiana. Eso me tiene atada a una historia de opresión que no puedo simplemente olvidar.

¿Qué es lo que más te da orgullo de este último álbum?

Lo mejor que ha pasado en este disco es que es un reflejo muy real de quién soy yo. Por eso siento que es mi primer álbum, donde yo fui a grabar a mi país con la gente que creo esa música y que van a vivir conmigo para siempre en estas canciones.

Para alguien que quiere comenzar a conocer música afrocolombiana, ¿cuáles serían tus recomendaciones?

Para empezar a Martina Camargo, Etelvina Maldonado, Petrona Martínez y Grupo Naidy. Después pueden pasar a algo más contemporáneo como Bomba Estéreo, Velandia y la Tigra, Frente Cumbiero  y Meridian Brothers.

 

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