Detrás de la corrupción siempre existe ambición. Y detrás de ésta hay miedo y dolores emocionales, que incluso se han enraizado en la mente inconsciente de los individuos desde que eran niños y adolescentes. Hoy, abundan en nuestro país.

Para lograr eficiencia y honestidad hacia afuera, necesitamos vivir en paz con nuestro interior, en concordancia con nuestros asuntos personales y en transparencia con nosotros mismos. Un líder proyecta en sus organizaciones lo que vive en sus adentros. Es imposible que los padres o madres de familia convivan con sus hijos en armonía y cordialidad si ellos están en guerra con sus emociones. Un maestro o maestra que da clases después de tener conflictos personales los proyectará en sus alumnos, quienes incluso los absorberán. Para liderar se necesita contagiar y, para contagiar, hay que guiar con el ejemplo.

Actualmente, los mexicanos y mexicanas clamamos por políticos (y ciudadanos que ingresen a la política) que se amen a sí mismos, que tengan paz en su interior, que sean capaces de ser transparentes y honestos consigo mismos, y que gobiernen desde la consciencia y el amor hacia su país.

Como lo describo en mi nuevo libro Inteligencia espiritual para líderes, cuando un líder lleva arrastrando cargas y programaciones negativas desde niño o adolescente, de manera inconsciente responderá a ellas todo el tiempo. Quien vive con “huecos” o insatisfacciones inconscientes, busca automáticamente satisfactores. Si una persona vivió violencia familiar, abandono del padre o la madre, si sufrió bullying, si cayó en adicciones fuertes desde joven, motivado por miedos o culpas, es probable que aún actué impulsado por estas improntas de dolor. La gran mayoría de los seres humanos hemos vivido momentos difíciles en nuestro pasado, pero lo importante es la consciencia que de ellos tenemos como adultos y la voluntad que aplicamos para superarlos.

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El deseo insaciable de poder, el control y el dominio no esconden más que dolores emocionales. Una persona busca el poder y el dominio para demostrar a aquellos que antes lo despreciaban o lo maltrataban, que son dignos de su respeto y de su admiración.

El pasado no se puede cambiar, pero sí podemos transformar las interpretaciones que dimos de niños o adolescentes a las situaciones de nuestro pasado. Por ello, la sanación de dolores emocionales reside en la reinterpretación consciente de las situaciones complejas de nuestro pasado.

En la actualidad, México está herido, está sufriendo, y lo que necesitamos, como condición primaria, son gobernantes que vivan en una paz interna y que la proyecten hacia a fuera para contagiar a los ciudadanos. Un líder, por naturaleza y por posición, está llamado a contagiar, pero lo ideal es que contagie una actitud positiva, calma, consciencia, ánimo para emprender, motivación para desarrollar nuestras cualidades y para crecer como seres humanos y como entes productivos de una sociedad.

Las campañas están a todo vapor, las elecciones se avecinan; ojalá que sean los candidatos que más vivan en paz en su interior los que ganen. Si no es así, por lo menos pido que los que ganen acepten buscar una sanación profunda de su interior para poder gobernar desde lo positivo y guíen a este país a una pronta recuperación desde el amor.

Tú también puedes participar con tu voto, eligiendo, desde tu consciencia y libre albedrío, al gobernante que percibas que tiene más paz. Pero, recuerda: no sólo gobierna una persona, sino el conjunto de personas cercanas que forman parte de su grupo; así que también evalúa a quienes están a su alrededor y que seguro formarán parte de su gobierno. Es hora de tener gobernantes, a nivel federal, estatal y municipal, que vivan en paz con su interior y que gobiernen desde esta tranquilidad, por el bien común de México.

 

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