Una verdad negativa es una creencia que uno tiene sobre los demás o sobre sí mismo. Al ser una afirmación verdadera, al menos para esa persona, la motiva a actuar y pensar con base en ella. Muchas de las creencias no son conscientes, sino inconscientes, y actúan cotidianamente desde las profundidades de nuestra mente.

Después de 10 años de hacer estudios sobre las emociones y facilitar sesiones de desarrollo personal, he concluido que existen cuatro grandes verdades o creencias negativas que pueden limitar la felicidad, éxito y salud de una persona: la creencia de “no puedo”, la de “no soy aceptado”, la de “no sé quién soy o no me gusta quien soy” y la de “no merezco”.

En esta columna no hablaré de las primeras tres. Si gustas leer más sobre el tema, puedes descargar, sin costo, mi libro New me (ricardoperret.com). Ahora me referiré a la última que, así lo creo, es una de las más poderosas y que condena al fracaso y a la infelicidad a cualquier persona, incluso a un grupo pequeño, como la familia, o uno grande, como un país.

La creencia inconsciente de “no merecer” se gesta en el inconsciente desde niños o adolescentes; la podemos crear nosotros mismos a partir de lo que vemos o escuchamos de manera repetida, o bien, aceptamos que alguien la siembre en nuestra mente.

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La verdad negativa inconsciente de “no merezco” se siembra por dos principales circunstancias: complejo de inferioridad (si soy o me creo menos que los demás, entonces considero que merezco menos que ellos); o bien, por culpa (si he hecho algo malo, entonces creo que merezco poco o cosas malas).

Una verdad inconsciente se autorefuerza a lo largo de la vida para volverse más verdadera, se nutre a sí misma. Si creo que no merezco amor, entonces decreto atraer parejas tóxicas para nunca encontrar el amor verdadero. Si creo que no merezco salud, me alimento pésimamente para provocarme enfermedades y, así, reforzar la creencia. Si creo que no merezco bienestar económico, acepto trabajos mediocres y empodero más la creencia. Todo esto es inconsciente; no estamos al tanto de lo que sucede.

Ahora, esto es a nivel personal, pero también sucede a nivel colectivo, incluso a nivel nacional. En México, desde hace muchas décadas, vivimos bajo la verdad negativa inconsciente de “no merecemos buenos gobernantes o políticos” y por eso hacemos todo como población para reforzar esa creencia como verdadera, decretamos colectivamente lo que nuestro inconsciente quiere que suceda para que la verdad negativa se autovalide.

Pero esta creencia tiene que destruirse ya, porque la situación que vive nuestro país no da para más. Los políticos y gobernantes que “hemos merecido” nos han saqueado como nunca antes y la situación social, educativa, ambiental, de salud y del campo exige mejoras enormes a lo largo y ancho del país. Para que esta creencia sea eliminada de la mente colectiva nacional, tenemos que sabernos, cada uno en lo individual, merecedores de abundancia y cosas positivas para nuestra vida, para nuestra familia y para nuestro país.

Cuando todos creamos que merecemos muchas bendiciones, entre ellas grandes y éticos gobernantes y políticos, entonces contribuiremos a que la mente colectiva cambie. Dejemos nuestros complejos de inferioridad y culpas del pasado a un lado, sanemos nuestra vida emocional, reconozcamos que merecemos la abundancia interna y externa por derecho divino de nacimiento, como hijos de Dios y de este gran país, y comencemos a decretar grandes y éticos gobernantes que se dediquen a servir a la comunidad, y no sólo a sus intereses.

Queremos un México que merezca buenos gobiernos y gobernantes, pero tenemos que creernos merecedores de abundancia y cosas buenas en lo personal.

Y, para merecer aún más, seamos impecables en nuestra vida personal, actuemos de manera coherente y congruente con nuestras virtudes y valores éticos, porque, ¿cómo exigirle a otros, cuando nosotros mismos tenemos mucho por hacer? Al sembrar cosas buenas todos los días, te sabrás merecedor de grandes cosas en lo personal, y contribuirás a cambiar la verdad negativa de “México no merece”, por una verdad positiva de “México merece mucho”.

Y, para empezar, decretemos que merecemos grandes y éticos candidatos para las próximas elecciones.

 

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