El poder presidencial se sentía hasta en las calles. Llegaban cientos de militares vestidos de civil y camiones llenos de vallas metálicas para cerrar varias avenidas a la redonda del Congreso de la Unión. Prácticamente, era toda una zona sitiada por militares integrantes del Estado Mayor Presidencial. Era “el Día del Presidente”.

Así recuerda Mario Díaz Canchola, fotoperiodista retirado del periódico Excélsior y Premio Nacional de Periodismo 1989, los días de Informe de Gobierno que se vivían a finales de los años 80, cuando gobernaba Carlos Salinas de Gortari.

A él le tocó cubrir la mayoría de las actividades de la presidencia de esos años, y lo rememora muy bien: Los informes eran una fiesta, un ritual para el presidente en turno.

Cuenta que era un privilegio cubrir un informe. Eran pocos fotógrafos los escogidos para el gran evento. En el caso de Excélsior, el periódico más grande de México en esos años, por su plantilla laboral, mandaba hasta 6 fotógrafos para la cobertura gráfica. Tres dentro del Congreso de la Unión, uno en Palacio Nacional para “el besamanos” y dos en calle para las protestas.

Mario recuerda que llevaba hasta cuatro cámaras, una para hacer fotos en color, otra para blanco y negro. Y las otras dos de protección por si fallaba alguna, en los días que no conocían del internet y tenían que mandar sus rollos de fotografía, por medio de un mensajero que recogía el material registrado para las diferentes ediciones del diario.

Otra historia es la de Daniel Aguilar, exfotoperiodista de la agencia Reuters, el único que ha recibido el Premio Nacional de Periodismo 4 veces (2000, 2002, 2004 y 2006). Además de que recibiera el premio Rey España y dos veces el World Press Photo. Fue fotógrafo oficial del Gobierno de Enrique Peña Nieto y ahora de Andrés Manuel López Obrador.

Él coincide con el carácter de exclusividad que tenía la cobertura del Informe de Gobierno. Casi, casi sólo lo cubrían los jefes de fotografía o los más destacados fotoperiodistas. Entonces, asistían sólo periodistas de medios tradicionales: periódicos, revistas, radio y televisión.

Era histórico tener los gafetes de acreditación de los informes de gobierno y conservarlos; era un honor guardarlos. Aguilar rememora que los fotógrafos iban de traje y que era una gran emoción, casi era un paro nacional, todo giraba en torno al Informe. Había mucha formalidad y conservadurismo. Entonces era mal visto vestir informal en los actos del presidente, coinciden Daniel y Mario.

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Cuenta Díaz Canchola que en ese tiempo a Fabricio León, fotoperiodista de La Jornada, no lo dejaron pasar a un acto de Presidencia por llevar pantalones de mezclilla rotos. Añade otra anécdota, entre risas, que le contaron a la propia directora de La Jornada, Carmen Lira: cuando entró la Policía Federal a la UNAM no detuvieron a los líderes universitarios, entre ellos al famoso Mosh, porque los confundieron con periodistas.

En aquel tiempo el Estado Mayor Presidencial era un “muro de Berlín”, pero Mario Díaz Canchola gozaba de muchos privilegios por las relaciones que estableció con el comandante en turno, Arturo Cardona, y por ser parte de los periodistas del periódico Excélsior cuando el director fue Regino Díaz Redondo quien el 1976 le quitara la dirección a Julio Scherer García.

Mario Díaz era de lo pocos fotógrafos que se colaba para estar cerca del presidente en cada evento. “Los fotógrafos somos astutos, no debemos tener limitantes y siempre me las ingeniaba para tener la foto”.

En el caso del recorrido, cuando el presidente salía en el auto descapotable después del Informe, había todo un despliegue de seguridad. Estado Mayor, policía de la capital, militares de civil se desplegaban en todos lados. Hacíamos fotos desde la periquera -como se le decía a una camioneta con escaños para trasladar a los periodistas gráficos-. Antes era muy difícil seguir en moto al presidente. A los únicos que se lo permitían era a Televisa.

Era muy impresionante ver al Presidente con la banda presidencial, impecable cuando todos le aplauden, todos se rinden ante su figura. Díaz recuerda que después de cada informe existía el “besamanos”, un coctel al que sólo asistían a Palacio Nacional los grandes empresarios, la élite política, líderes sindicales (todos del PRI), y personajes de la farándula y pasaban a saludar a Carlos Salinas de Gortari. Todo un desfile de personajes poderosos en su ámbito que le rendían pleitesía al mandatario.

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Carlos Salinas de Gortari en su toma de posesión. Foto: Sergio Dorantes / Sygma vía Getty Images

A su consideración, dice, que había pocas protestas dentro del Informe y que eran simuladas para provocar que existía una oposición en una época en que los medios masivos de información estaban controlados desde el gobierno.

¿Qué ha cambiado a lo largo de este tiempo? Dejó de ser el “Día del Presidente”. Se rompió la tradición de echarle porras.

Daniel Aguilar apunta que con la llegada de Carlos Salinas comienzan las protestas más estridentes. Ya con Ernesto Zedillo dice que eran un exceso. El diputado Marco Rascón se ponía mascaras de marrano en sus manifestaciones en el Congreso. Poco a poco dejó de ser el “Día del Presidente” hasta que en el gobierno de Vicente Fox ya sólo mandaba los libros del Informe y daba un mensaje con sus invitados en Palacio Nacional.

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“En la mayoría de los actos de Salinas no había tantas vallas de seguridad y podíamos acercarnos al presidente, siempre y cuando no fuera el Informe. Siempre existieron los arcos detectores de seguridad en presidencia y una supervisión muy estricta de Estado Mayor”, reafirma Díaz Canchola.

Daniel Aguilar asegura: “El parteaguas de la cercanía de los fotógrafos con el poder fue el asesinato de (Luis Donaldo) Colosio. Si tú recuerdas, en la campaña de Colosio podías acercarte al candidato. Ya en la campaña del candidato Zedillo ya fue imposible estar a unos pasos de él”.

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Ernesto Zedillo en el funeral de Luis Donaldo Colosio. Foto: Sergio Dorantes / Sygma vía Getty Images

Hasta en las dependencias de gobierno comienzan a implementar muchos controles de seguridad. Fue cuando construyeron una reja de herrería reforzada para entrar a los Pinos. A los fotógrafos, nos alejaron cada vez más de la imagen del poder.

Los tiempos de la censura

Mario Díaz Canchola cuenta que después de entregar sus imágenes, el jefe de fotografía pasaba una selección a la mesa de redacción y eran los editores quienes elegían qué foto se publicaría en el impreso.

Daniel no considera que tuviera censura, pero cuando trabajó para Excélsior sí le pedían un manejo respetuoso de la imagen presidencial. Dice: “había que cuidar la imagen del presidente, bueno no cuidarlo, respetarlo. Finalmente, en aquel tiempo, las fotos publicadas en todos lo medios se parecían. Pero en 1997 cuando entró a la agencia Reuters tuvo más libertad de proponer sus imágenes y darles más contexto crítico a las fotos que hacía del gobierno de Ernesto Zedillo y de Vicente Fox”.

Vicente Fox segundo y último informe frente al Congreso. Foto: Susana Gonzalez / Getty Images

“Tengo la sensación de que al gobierno de Zedillo, los ‘periodicazos’ ya nos les afectaban. Esa sensación de que dejaban diluir las cosas y se olvidaban. Y más con el gobierno anterior (Enrique Peña Nieto) que pasaba algo político, luego un accidente y mataba a la nota anterior”.

Aguilar menciona que “ha cambiado porque ahora somos muchísimos medios y no está mal, porque es una nueva forma de informarse por medio de redes sociales y páginas web. Hay portales pequeños que tienen mucha audiencia. Me sorprende, si tú ves el impacto que tiene la conferencia de Andrés Manuel (López Obrador) en su canal de Facebook no lo comparas ni tantito con otros medios.

“Ha cambiado que somos muchos fotógrafos, camarógrafos, reporteros multimedia. Ahora los tienen que controlar por el movimiento dentro de los eventos. Es muy difícil dejar sueltos a 20 o 30 fotógrafos, sería complicado y ahora sin Estado Mayor. A mí me cambia la posición porque ahora trabajo para Andrés Manuel, en ese sentido, ahora soy de casa”.

Tiempos del ‘chayo’

“Te morías de la pena que no hubiera chayo”, dice Mario Díaz Canchola y cuenta que Sócrates Campos Lemus, exlíder universitario del 68 preguntaba en broma: “¿qué es mejor que un chayo?”, ante ninguna respuesta se contestaba: pues dos chayos”. Ello para asegurar que en cada informe de gobierno los periodistas recibían dinero por parte de la Presidencia de la República.

Les daban un libro de la historia de la Revolución Mexicana, y en la página 28 venía los billetes. 1500 pesos de entonces según Mario Díaz. Ese apoyo lo disfrazaron después como una ayuda para el transporte de los reporteros.

Aparte, se recibían cada mes un pago mensual por parte de Congreso de la Unión cuando el PRI dominaba las curules y se extiende: “Había reporteros que recibían mucho dinero por comisión por publicidad Pemex. Eso era lo que se vivía, era un dinero destinado para fotógrafos y para reporteros. Lo que yo veía mal es que algunos reporteros exigían ese dinero extra”, reflexiona Canchola.

A Daniel Aguilar no le tocó presenciar que dieran dinero en algún Informe de Gobierno, pero sí en una gira del programa de Solidaridad que se sabía que tenías que ir algún lugar, pero sólo a cierto grupo. Yo no era persignado, pero no me tocó. Y no los juzgo, no estaba bien, pero era lo que había y no lo veían a mal. Pasaba en todos lados: con los fotógrafos de sociales, de espectáculos. Era tristemente muy normal y muy común.

Miguel Dimayuga, fotoperiodista de la Revista Proceso y Premio Nacional de Periodismo 2014 enumera las diferencias que vivió en este reciente informe de gobierno de Andrés Manuel López Obrador con los anteriores gobiernos que le tocó cubrir.

A pregunta expresa dice: “No. A mí no me tocó que me ofrecieran dinero, afortunadamente no, ni en Acapulco. No me tocó la “Talis” (lista de reporteros que recibía una mensualidad de alguna dependencia) ni “El sobre” (entrega de dinero en algún evento de gobierno local o federal). Desde el 2005 he cubierto informes y no me ofrecieron dinero.

Muchos menos ahora con la 4T. No viste en las indicaciones para cubrir este informe pedían que trajeras tu propia botella de agua. Y no te ofrecen nada y eso creo que está bien. Aunque me siento perjudicado porque ya no podemos salir a comprar algo. Llegamos desde las 7 de la mañana y ya son las dos de la tarde. Implica que te tienes que levantar mucho más temprano y traer tus alimentos. Me vi afectado, pero al mismo tiempo te da coraje comparar como se gastaba tanto dinero de mis impuestos para dar de comer a los reporteros”, comenta.

Contrasta con lo que vivió Canchola cuando el gobierno lo controlaba el PRI. En la Cámara de Diputados los invitaban a comer en cada cobertura en restaurantes instalados en el Congreso. Y en los informes hubo servicio de comida del Camino Real.

Felipe Calderón en el día a la bandera. Foto: Pablo Salazar / Clasos.com / LatinContent vía Getty Images

Dice Dimayuga que en este último informe de gobierno fue un poco más fácil desde acreditarte. “Era muy engorroso la acreditación. No tuvimos que ir a la Cámara de Diputados para tomarnos la foto, para recoger los gafetes, hacer filas desde la madrugada para entrar. Ahora fue un poco más fácil, pero tuvimos que venir por nuestro pegote de acreditación desde muy temprano”.

Pero ataja: es un cambio de forma, pero no de fondo. En primera fila estuvieron los mismo de siempre: los dueños de México. Pese que ahora es un gobierno de izquierda. Es lo mismo.

A él le tocó el ultimo informe de Vicente Fox, era todo un rito. La llegada, los invitados, la ceremonia. A demás con lo cuestionado de la llega al poder tanto de Fox y más de Felipe Calderón, la Cámara de Diputados estaba sitiada, incluso los vecinos no podían llegar a sus casas por que todo estaba tomado por militares y Estado Mayor Presidencial.

Enrique Peña Nieto en el segundo informe. Foto: Miguel Tovar/ LatinContent via Getty Images

“Hoy no hubo retenes. Hoy no vimos gran vigilancia, ni gran despliegue de seguridad. Pero ve, son los mismos rostros de siempre, de hace 6, 12, 18 años”.

“Ya no me tocó la época de la salutación. Temía que hubiera otro evento en el otro patio de Palacio Nacional donde hubiera el regreso de todos esos ritos del siglo pasado. Me imaginaba al presidente con todos los empresarios saludándolo y dándole besos como en la época de Salinas. Sería el acabóse. No hubo “besamanos”. No había reparado que Andrés Manuel no utilizó la banda presidencial, pero es que no estuvo frente al Congreso.

“De los informes oficiales me tocaron siempre afuera, las manifestaciones, la protestas, me toco utilizar máscaras antigases, como no habíamos enfrentado esas situaciones, improvisábamos mascaras antigases de grafiteros que nos salvaban de hacer la cobertura. Hoy no hubo grandes manifestaciones, ni represión.

Pero insiste Dimayuga: “me siento un poco desilusionado del informe presidencial: el cambio es de forma y no de fondo”.

 

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