Por Yamel Cado*

La imposición de tarifas a las importaciones del acero y aluminio, firmadas por el presidente Donald Trump y que entraron en vigor el pasado 23 de marzo, ya comienzan a tener efectos, como la respuesta de China con amenazas de aranceles a diversos productos provenientes de la Unión Americana, por ejemplo, la tubería de acero, carne de cerdo y algunos productos agrícolas.

El pasado 3 de abril, Estados Unidos dio otro paso en su política de restricciones comerciales e identificó 1,300 productos de alta tecnología chinos, como semiconductores, baterías de litio, medicamentos, etc. Ante esto, China no tardó en su réplica y publicó una lista con 106 productos estadounidenses a los que podría aplicar un arancel del 25% como la soya, automóviles, aeronaves de menor tamaño, carne, whisky, tabaco, entre otros.

La imposición de las tarifas por parte de China depende de cómo proceda Estados Unidos después de un periodo de 30 días de consultas.

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Empezó con el acero y aluminio

A finales de marzo, el presidente Trump ejerció facultades otorgadas bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962 para imponer aranceles de importación sobre el acero y aluminio. Esta sección permite al mandatario ajustar unilateralmente, sin la aprobación del Congreso, los aranceles a un producto que sea importado “en tales cantidades o circunstancias que amenacen con dañar la seguridad nacional.”

Es importante recordar que México y Canadá, principales exportadores a EU y socios en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), estarán exentos por tiempo indefinido de estas tarifas.

La administración de Trump ha mencionado que uno de sus objetivos es reducir su déficit comercial con China, que el año pasado alcanzó los 350,000 millones de dólares, todo un récord, por lo que los aranceles al acero y aluminio están dirigidos principalmente a la economía asiática.

Los efectos de una guerra comercial

El escalamiento en estas medidas tendrá efectos diversos dentro de la economía de Estados Unidos, así como en los socios comerciales y la forma en que reaccionarán a las tarifas.

En el caso del acero y aluminio, los efectos por las tarifas a estas materias primas serían relativamente pequeñas. Las importaciones estadounidenses de acero y aluminio fueron por un valor total de 29,000 millones de dólares en 2017, equivalentes a sólo el 0.2% del Producto Interno Bruto (PIB) del país.

No obstante, las industrias que consumen acero, como construcción y manufacturas, producen 80 veces más empleos que los que aportan las compañías acereras estadounidenses. Aunque las tarifas cumplan su promesa de revivir la industria siderúrgica norteamericana, existe el riesgo de que aumenten los costos para los grandes consumidores provenientes del extranjero y se traduzcan en pérdidas laborales netas.

Con el tiempo, los sectores más expuestos al intercambio comercial, como la manufactura, encontrarían más económico mover su producción a otros países donde las importaciones no sean objeto de aranceles, como Canadá.

Asimismo, estas imposiciones pueden ser desafiadas ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). Aunque el organismo permite las barreras comerciales para preservar la seguridad nacional, los países agraviados pueden argumentar que el gobierno de EU lanzó los aranceles para beneficiar al sector acerero nacional.

Otro efecto está en las represalias que evalúan los socios comerciales de Estados Unidos. La Unión Europea, pese a estar exenta de las tarifas, prepara una lista de los productos hechos en Estados Unidos que pueden ser sujetos de cuotas compensatorias.

Otro riesgo es que el conflicto comercial pase al terreno financiero, pues China posee casi 1.2 billones de dólares en bonos del Departamento del Tesoro de EU, lo que puede usar como una herramienta a su favor.

Las tarifas pueden ser una forma en que Estados Unidos pone presión para que otros socios comerciales tomen acciones similares contra China, pero el efecto en el corto plazo es que los países busquen represalias sobre las exportaciones estadounidenses, como en los sectores agrícola y manufacturero.

Resulta sumamente importante que las empresas exportadoras estadounidenses presten mucha atención a la evolución y las reacciones internacionales a estas medidas arancelarias.

*Socia Líder de Impuestos Indirectos y Comercio Exterior, PwC México.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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