Quizá no hayas oído hablar del ‘overtourism’, pero si has visitado las populares playas mexicanas en Semana Santa o los lugares más famosos de alguna ciudad europea, lo has experimentado.

Greg Dickinson, quien escribe sobre viajes para The Telegraph, define este término como “el fenómeno por el que un sitio o destino popular se llenan de turistas de una manera no sostenible”.

Esto va mucho más allá de que no puedas tomarte una foto en paz en las coloridas letras de México o de cualquier estado que visites. Tampoco se trata de que estés tan apretado en Acapulco que apenas quepa tu toalla en la arena.

Para muchos lugares del mundo, el turismo es un problema por razones que van desde la generación excesiva de basura, el aumento de las rentas, hasta la explotación sexual. En otros, simplemente se trata de que los habitantes de ahí detestan a la oleada de personas que atiborran los lugares que para ellos son cotidianos.

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En Barcelona, por ejemplo, han aparecido grafitis con mensajes que algunos consideran como “turismofobia”. Paco Nadal, uno de mis blogueros de viaje favoritos, tiene un artículo muy bueno al respecto de los lugares que más odian a los turistas.

Hay quienes incluso hablan de un turismo depredador.

En 2016, México se colocó como el octavo país más visitado del mundo, por los 35 millones de visitantes que pisaron el país, de acuerdo con la Organización Mundial de Turismo. Esto es en parte para celebrarse y en parte para evaluar qué pasa con todos esos lugares que atraen turistas. ¿Los locales se están beneficiando? ¿Hay buenas políticas para proteger las zonas naturales? ¿Qué estamos ofreciendo para que los turistas dejen ahí su dinero?

Elizabeth Becker, experta en este tema, señala que la solución es hacer estudios para ver cuál es la mejor forma de atraer el turismo e implementar políticas para que no se salga de control. En una entrevista para El País hace unos años dijo: “En Francia hay reglas, en París tienen restricciones de aparcamiento, de ruido. La mejor gestión del turismo que hay, en la que los ciudadanos no se quejan, es la más transparente: la que les dice quién paga, quién ingresa, cuánto cuestan esos servicios”.

¿Entonces el turismo es malo?

Esto no significa que el turismo sea malo, sino que la gestión de este puede serlo. Se trata de consumirlo responsablemente. Y si quieres hacerlo, hay dos formas: convertirte en un turista sustentable y adoptar prácticas que beneficien a los pobladores locales o evitar actividades que los dañen o a su medio ambiente, o ser un turista rebelde (no por eso menos responsable) e ir contracorriente. Viajar a pequeñas ciudades con historia, buscar sitios no famosos con hermosos paisajes, alejarte de las fotos típicas, para tener historias diferentes que contar.

 

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