En 2018, había en México cerca de 250,000 estudiantes de posgrado, 52% de ellos, mujeres, según datos de la SEP. Para Silvia Giorguli, presidenta de El Colegio de México (Colmex), ese indicador habla de apertura en términos del sector educativo, pero, en el campo laboral, todavía quedan retos.

Sólo cuatro instituciones públicas de educación superior están encabezadas por mujeres.

“A pesar de que hay más preparación y representatividad todavía hay áreas donde no ha permeado la apertura. No son obstáculos explícitos, no se notan y eso hace más difícil romperlos”, dice en entrevista con Forbes México.

Giorguli explica que existe un fenómeno en el cual las mujeres suelen postularse a cargos directivos en menor medida que los hombres.

“El Colegio de México tiene más o menos la misma proporción de hombres y mujeres en investigación, pero hemos notado que las mujeres se promueven menos en las categorías más altas, a pesar de que tienen una producción de artículos académicos similar o que tienen una trayectoria similar a muchos de los hombres”.

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Esto, dice, es un fenómeno común en entidades de investigación, lo cual hace que las plazas de categorías altas sean asignadas más frecuentemente a hombres.

“Hay que empezar a notar esos aspectos que no necesariamente son visibles, entender qué hay detrás, porque ocurre en muchas instituciones de nivel superior”.

Silvia Giorguli, presidenta del Colmex (Foto: Fernando Luna /Forbes México)

Desigualdad en casa

En México, las mujeres destinan 3.3 veces más tiempo al trabajo no remunerado que los hombres. En términos de dinero, el valor del trabajo no remunerado de las mujeres en cifras netas tiene un valor equivalente a 51 952 pesos al año, mientras que el de los hombres es de 18,943 pesos, según el Inegi.

“Mientras en México se mantenga la división del trabajo de la casa, eso representa dobles y triples jornadas de trabajo”, señala Giorguli.

Para la académica, es importante que las instituciones reconozcan que existe una carga desigual en términos sociales para las mujeres, un aspecto que debe ir acompañado de política pública.

“En Estados Unidos existe algo llamado Paternity Clock, que permite que los profesionales y, principalmente, las mujeres planeen su carrera y sus ascensos, y los combinen con la llegada de un hijo, eso hace que los ascensos demoren más, pero el camino queda abierto, es necesaria una mayor conciliación familia-trabajo”.

En opinión de Silvia Giorguli, es necesario un reacomodo en general de las jornadas y tiempos de trabajo para que dejen de “competir” con el trabajo que se dedica a la familia y eso se traduzca en una combinación favorable.

“Siempre se encuentra la forma de combinar ambas cosas, es momento de combatir el prejuicio de que las mujeres que combinan la vida familiar con el trabajo tienen menos margen para atender sus deberes”.

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