Por Eduardo Irastorza*

Este mes, México celebró el Latam Mobility Summit México 2020, donde se debatieron los grandes retos de las ciudades latinoamericanas para fomentar el transporte sostenible. Son muchas las ganas del país azteca por apostar y promover estas nuevas formas de transporte. Pero el primer reto es no dejarse llevar por un progreso acelerado, que no tenga en cuenta dos cualidades que definen a muchas ciudades en Latinoamérica y México.

Su dimensión cultural, su particular distribución del espacio, su patrimonio que debe ser protegido y sentido como próximo y accesible. Algo que pasa por el respeto a los espacios con vocación peatonal.

Y la preservación de esa concepción de la ciudad como escenario de convivencia, diálogo y experiencia que tanto caracteriza a las urbes de esta región. Una cualidad particular y diferencial que, además del cultural, tiene un valor turístico que atrae a muchos visitantes de todo el mundo.

Por ello, el gobierno mexicano, como los de otros países de Latinoamérica, está obligado a potenciar el valor de sus “Marcas-Ciudad” y una movilidad sostenible es crucial para ello.

Pero ¿cómo impulsar la movilidad sostenible?

Algunas de las experiencias aplicadas en otras partes del mundo pueden ser útiles para México. En concreto siete:

1ª Acotamiento de las zonas de aparcamiento, o “parqueo”, limitando horarios y ofreciendo plazas a los residentes de cada zona.

2º Delimitación de zonas peatonales en el casco antiguo para respetar el diseño de las calles y poder disfrutar del patrimonio local.

3ª Exigencia de que las nuevas edificaciones dispongan de plazas de garaje en el propio inmueble.

4ª Construcción de parkings públicos subterráneos, en la medida de lo posible.

5ª Categorización de los vehículos según su capacidad contaminante para restringir su circulación en determinadas fechas y condiciones. Por ejemplo, en altas cotas de contaminación.

6ª Potenciación de los puntos de recarga para vehículos eléctricos.

7ª Ampliación de las flotas de automóviles de alquiler sin conductor.

En esto, hay que referirse a la necesaria implicación de las marcas de automóviles en la movilidad sostenible.

Las marcas han expresado su decidida vocación medioambiental y sostenible. El desarrollo de nuevas motorizaciones (híbridos y eléctricos) es imparable y pronto será un hecho en toda Latinoamérica, como lo es en Europa.

Las marcas deben asumir el liderazgo en el proceso de transformación del sector hacia la nueva movilidad, gestionando eficazmente cuatro palancas de liderazgo:

Formar a sus clientes en el conocimiento de las posibilidades y responsabilidades, que el nuevo concepto de movilidad exige.

Informar puntualmente al conjunto de la sociedad de sus avances.

Evaluar los resultados de la aplicación de los nuevos criterios para mejorar su oferta y estrategia.

Recompensar las best practices, tanto públicas como privadas, que mejoren la movilidad en las ciudades.

En resumen, Latinoamérica en general y México, un país en el que ya circulan más de 45 millones de vehículos, han de ser capaces de definir e implementar respuestas coherentes con el progreso sostenible. Están en juego tanto la fidelidad a sus orígenes y esencia, como su proyección de futuro. Sólo con un firme y estrecho compromiso de colaboración entre la sociedad, la administración y la industria automovilística, es posible alcanzar el éxito en este ambicioso reto.

Hoy tan sólo el 28% de los municipios mexicanos dispone de una Secretaría de Movilidad. Sin duda, aún queda mucho por hacer.

 

Contacto:

 

Eduardo Irastorza es analista económico y profesor de EAE Business School

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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