Son días difíciles para el gobierno de México, porque está enfrentando la primera crisis prolongada, producto del enojo de las mujeres,  y de la que todavía no hay salida a la vista.

El primer componente que genera zozobra en las áreas de gobierno, es que los llamados al paro nacional del 9 de marzo surgieron de manera espontánea, sin que los liderazgos tradicionales hayan intervenido.

Esto es, se trata de un movimiento genuino, pero de desarrollo incierto y sin puentes de comunicación establecidos. Para quienes hacen trabajo político desde la administración pública, esto supone un desafío enorme porque no hay como procesar las demandas y mucho menos establecer acuerdos.

¿Qué ocurrió? Una primera explicación es que la ausencia de empatía del gobierno de López Obrador con las organizaciones de mujeres hizo crisis motivada por la reducción de los presupuestos en los programas de apoyo, la cancelación de las guarderías infantiles y los feminicidios de alto impacto.

El Gabinete de Comunicación Estratégica publicó, esta semana, un estudio que señala que el 66 por ciento de las personas creen que el gobierno ya fue rebasado en el tema del feminicidio.

A ello hay que sumar que el discurso no ha aterrizado de forma clara en las solidaridad con las mujeres, sino que busca establecer la participación de entes externos, como los conservadores, que expliquen los reflejos de miles de mujeres que están manifestando su inconformidad.

Es un error, porque los llamados al paro de 9 de marzo responden a un contexto específico y a una situación en la que la inseguridad sigue siendo la mayor preocupación de la ciudadanía.

Otra explicación es más profunda, e inclusive es de modelo de desarrollo, en donde los esfuerzos para lograr la igualdad fueron detenidos.

La búsqueda de mejores condiciones de vida y desarrollo para las mujeres está por lo menos suspendida y  esta situación se refleja en el desmantelamiento de la CNDH y en la falta de comprensión para los derechos de tercera generación, entre los que imperan los de las libertades en su más amplio sentido.

Hay que tener presente que los últimos años fueron los del empoderamiento de las mujeres y en el ámbito político esto tuvo un impacto directo por la paridad establecida en las leyes electorales. Es la etapa de la historia en que más mujeres llegaron a un cargo de elección y donde la Cámara de Diputados está integrada por 241 legisladoras, frente a 259 espacios para legisladores. El tamaño del avance se puede observar si recordamos en que en la Legislatura de 1991-94, resultaron electas 31 mujeres y 461 varones.

Si bien esto es de celebrarse, la realidad de muchas de las mujeres mexicanas sigue siendo la de padecer la violencia, el acoso y el asesinato y ahora la incomprensión o la  franca distancia desde el poder.

Vendrá el Paro del 9 de marzo y más vale escuchar con atención y establecer una dinámica que represente una esperanza para quienes ahora solo ven oscuridad y obstáculos.

 

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