Viernes seis de septiembre de 1991:

Son casi las seis de la tarde y sigo en la oficina. Mientras termino de imprimir cinco copias del reporte semanal de ventas me apresuro a guardar mis cosas. Reparto cada copia del reporte dejándola sobre el escritorio de cada director de ventas para que lo encuentren el lunes por la mañana que lleguen a la oficina. ¡Por fin inicia mi fin de semana!

Después del usual tráfico de viernes por la tarde llego al Centro Comercial. Primero voy a Mixup a comprar el recién salido primer disco de Pearl Jam para después ir a Sanborns a comprar el número más reciente de la revista National Geographic y una videocasete VHS para poder grabar un concierto que transmitirá MTV el sábado. Pago mis compras en efectivo, me dirijo al coche y con las monedas que me dieron de cambio pago el estacionamiento al salir del centro comercial.

Por la noche voy al cine con mi novia. Después de formarnos en la taquilla y comprar los boletos, se los entrego al joven que está a la entrada de la sala. Los rompe en dos, nos entrega una de las mitades y pasamos a la sala.

2017

Viernes ocho de septiembre de 2017:

Son casi las seis de la tarde. Mientras camino hacia mi coche después de terminar una reunión con un cliente, observo en la pantalla de mi celular el reporte semanal de ventas que es utilizado por los directores de ventas y que es generado por la aplicación que utilizamos en la empresa.

Después del usual tráfico de viernes llego a casa. Recibo una notificación en mi celular avisándome que ya está disponible el nuevo disco de Pearl Jam. Al ser uno de mis grupos favoritos presiono el botón de compra y después de pocos segundos lo estoy escuchando. Recibo otra notificación, ya está disponible el número más reciente de la revista Forbes, presiono el botón de compra y la revista comienza a descargarse a mi tablet. Tanto el pago del disco como el de la revista serán cargados a la tarjeta de crédito que tengo ingresada en mi cuenta de iTunes. Recuerdo que mañana se va a transmitir en vivo, por YouTube, un concierto de Radiohead, no creo poder verlo en vivo, pero cualquier día puedo ver el video.

Por la noche voy al cine con mi esposa y mis hijos. Llegamos cinco minutos antes de la función, en la entrada de la sala escanean los boletos que llegaron a mi celular al comprarlos desde la app de Cinépolis. Al salir del cine, escaneo el boleto del estacionamiento desde la app Drive y me dirijo directamente a la salida del estacionamiento, sin pasar al cajero automático. Ingreso mi boleto al lector y se abre la pluma, el pago del estacionamiento lo hizo la aplicación y se cargó a mi tarjeta de crédito.

La “desmaterialización” de nuestras vidas

En los dos escenarios anteriores ejemplifico un viernes cualquiera en la vida de muchos de nosotros. Aunque separados 26 años, esos dos viernes tuvieron muchas cosas en común: se generó y distribuyó un reporte de ventas, compré un disco y una revista, se grabó el video de un concierto, fui al cine, salí de un estacionamiento y pagué por todo lo anterior. ¿Pero, cuál fue la gran diferencia? En el viernes de 2017 no hubo objetos físicos relacionados con estas actividades. El reporte de ventas fue consultado en una pantalla y para su distribución no fue necesario imprimir y entregar hojas de papel. La revista y el disco fueron descargas a mi celular y tablet, no existió un CD o papel impreso. Para grabar el concierto no necesité un casete VHS, quedó grabado en YouTube. Los boletos del cine llegaron a mi celular, nunca fueron impresos. Para pagar por todo lo anterior no utilicé un medio físico, ni efectivo, ni el plástico de mi tarjeta de crédito, todo fue cargado electrónicamente a mi tarjeta de crédito.

El objetivo de las actividades del viernes de 1991 y el viernes de 2017 es el mismo: tener acceso a la música de un disco, a los artículos de una revista, pagar por un bien o servicio, poder entrar al cine, salir de un estacionamiento. Lo que cambió fue el medio utilizado para acceder a dicho objetivo. El medio dejó de ser físico. De manera silenciosa nuestras vidas se van desmaterializando.

Contenido vs. medio

Con el avance tecnológico de los últimos años, el acceso al contenido se ha desasociado del medio tradicional. Las revistas ya no dependen de un papel impreso para existir, tampoco los boletos del cine. Las canciones ya no dependen de los CDs (o los LPs de vinilo o los casetes). Los pagos ya no están asociados al intercambio físico de billetes, monedas o el plástico de una tarjeta de crédito. El interés que tenemos está en el contenido o funcionalidad, no en el medio.

Avances tecnológicos como los dispositivos móviles y la nube se están convirtiendo en el nuevo medio de distribución de muchos de nuestros satisfactores. Hay cosas que difícilmente serán “desmaterializadas”: la comida, la ropa, inclusive experiencias tales como asistir a un concierto, a un partido de futbol o ir al cine siguen vigentes, todavía, pese a la existencia de sustitutos digitales (transmisión por televisión, plataformas de streaming, etc.).

Escribo esta columna mientras viajo en un avión. Aún sin estar conectado a Internet vuelan conmigo miles de canciones, cientos de videos, decenas de revistas y libros, miles de archivos, reportes y mensajes de trabajo y personales en forma de correo electrónico, cientos de fotografías. Todo dentro de un teléfono y una Tablet.

¿Hasta dónde llegará la desmaterialización? ¿Qué medio físico será la próxima “víctima” de la era digital?

 

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