Por: Maximo Santos Miranda*

Podemos ubicar en el año 2010 el momento en el que las Fintech irrumpieron en el mercado, es decir, justo después de que la última crisis financiera global azotara al mundo con efectos devastadores. Desde ese momento, el ecosistema Fintech se ha ido desarrollando de una forma notable, aunque siempre empujado por los vientos favorables que supone la inexistencia de una crisis financiera que sortear. Sin embargo, la brutal crisis económica que se nos viene encima como consecuencia del parón económico global que ha tenido lugar en todo el planeta, va a suponer una gran prueba de fuego para todo el universo Fintech.

El mundo Fintech es en realidad muy heterogéneo, ya que, aunque se trata de proveedores de servicios financieros que hacen de las nuevas tecnologías su bandera, en realidad está compuesto por compañías muy diversas en tamaño y estructura. Mientras que muchas Fintech tienen una estructura organizativa plenamente multinacional y un gran número de clientes distribuidos por todo el planeta, otras operan a nivel regional o puramente local y es que muchas de ellas son simplemente pequeñas Start-ups que están comenzando a dar sus primeros pasos en el mundo financiero.  

A día de hoy resulta bastante complejo calibrar de forma exacta el peso que detenta la industria Fintech en el conjunto de los mercados financieros y es que aunque existe una gran cantidad de métricas al respecto, muchas de ellas están muy sesgadas y es preciso tomarlas con gran cautela. Sin embargo, lo que si podemos afirmar con rotundidad es que su crecimiento en lo que se refiere a la inversión realizada o al número de transacciones financieras llevadas a cabo en los últimos años ha sido exponencial, especialmente desde el año 2014. Las Fintech operan en casi todas las áreas financieras, es decir, en todos aquellos productos y servicios que tradicionalmente habían sido cubiertos casi en exclusiva por la llamada banca comercial. Entre su catálogo de servicios se encuentran los cobros, los medios de pago, las operaciones en divisa o la financiación de empresas y particulares entre otros. 

El coronavirus va a suponer una auténtica prueba de fuego para esta industria, ya que, por un lado, deberá sortear la crisis primeramente económica y luego financiera que el Covid-19 trae consigo, pero y al mismo tiempo, esta crisis también trae aparejados cambios en la forma de trabajar e interactuar con el resto de individuos que componen nuestra sociedad. La forma de hacer negocios y de conducir nuestras vidas en el futuro cercano, que se conoce como la nueva normalidad, puede ser radicalmente diferente a la que conocíamos y es en este nuevo entorno de trabajo y de cambio donde las Fintech cuentan con una serie de palancas que pueden contribuir a que su desarrollo futuro no sólo no se detenga, sino que en algunos casos este tipo de empresas salgan muy reforzadas. 

En primer lugar, parece que en la nueva normalidad la interacción física con nuestros semejantes se va a ver reducida y ello va a propiciar el impulso de la digitalización total de los servicios financieros. En este aspecto las Fintech, que son empresas que desde su nacimiento son totalmente digitales y con propuestas exclusivamente orientadas a dispositivos móviles, se encuentran en una posición inmejorable para salir reforzadas de esta crisis. 

En segundo lugar, lo que ha demostrado el panorama financiero actual es que tanto las empresas como los usuarios necesitan que sus proveedores de servicios financieros se adapten rápidamente a la nueva situación. Las Fintech al contrario que los bancos comerciales no son entidades “multiproducto” y además son tremendamente eficientes en el manejo de los datos, lo que les permite ser muy ágiles en la interacción con su clientela. En la mayoría de los casos estas entidades han sido capaces de reconvertirse rápidamente a la nueva normalidad, cosa que a la banca tradicional con maquinarias burocráticas y de funcionamiento mucho más pesadas les resulta tremendamente complejo. Además, si algo caracteriza a las Fintech es su ADN innovador apoyado en la tecnología y esta característica supone una gran oportunidad para las pequeñas y ágiles estructuras.

Sin embargo, no todos los vientos son favorables para las Fintech en este nuevo entorno. En primer lugar, hay que tener en cuenta que muchas de estas empresas han tenido en estos últimos años valoraciones disparadas apoyadas en unas expectativas de crecimiento futuro que la actual crisis económica debe poner en cuestión. 

Además, muchas de estas entidades como consecuencia del actual contexto de crisis pueden tener graves problemas de liquidez que las aboque a su pronta desaparición. Este tipo de empresas venían financiando su crecimiento gracias a continuas rondas de financiación que pueden verse frenadas en seco en este nuevo contexto. Por todo ello, será extremadamente importante, si las Fintech quieren salir reforzadas de esta crisis, que optimicen el efectivo del que dispongan al máximo. Lo previsible es que los futuros inversores sólo confiarán en aquellos proyectos que realmente tengan amplias posibilidades de éxito y no como venía sucediendo hasta ahora en que muchas de los proyectos Fintech que los fondos de capital riesgo venían financiando presentaban objetivamente serias dudas de alcanzar en algún momento alguna rentabilidad.   

Finalmente, hay que tener en cuenta que como consecuencia de la profunda crisis económica que viene el momento futuro en el que estas entidades comenzaran a generar beneficios se desplazará hacia adelante y ello supondrá que su modelo de negocio puede ser puesto en cuestión por parte de los inversores. 

Contacto:

*Doctor en Economía y experto en temas de banca, finanzas y hacienda.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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