“Morir es heredarse en plural oírse en eco ajeno dejarse en los astros sin viento”.

María Fernanda Espinosa

El 26 de junio de 1945, cuando se delineaba la silueta de la posguerra, el presidente Harry S. Truman evocaba la extinta Liga de Naciones como marco de referencia para la creación de la Organización de las Naciones Unidas.

Con la participación de cincuenta naciones aliadas en la Segunda Guerra Mundial, la Conferencia de San Francisco clausuró sus trabajos con la firma de la Carta de las Naciones Unidas.

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El documento contenía cuatro secciones, cada una de las cuales describía los principios orgánicos y dogmáticos que normarían el restaurado concierto de naciones. La primera sección versaba acerca de los propósitos de la Organización; sus principios, miembros, la Secretaría General y lo referente a las enmiendas de la Carta y sus estatutos generales. La segunda se ocupaba de las funciones de la Asamblea General Plenaria. La tercera se ocupó de detallar la facultades y atribuciones, así como el marco normativo del Consejo de Seguridad. La cuarta sección, estaba dedicada a la Corte Internacional de Justicia.

Una vez terminada la guerra e iniciados los trabajos de reorganización del orden internacional, los países que firmaron la Carta llevaron a cabo los procesos internos de ratificación y aprobación del documento, así fue como el 24 de octubre de 1945, la Organización de las Naciones Unidas iniciaba los trabajos encaminados a poner fin a la guerra, promover la paz y la justicia y una vida mejor para toda la humanidad.

Desde entonces, la Asamblea General Plenaria ha llevado a cabo 73 procesos para elegir a su presidente o presidenta. Es uno de los seis órganos principales de la ONU (los otros son: Secretaría General, Corte Internacional de Justicia, Consejo Económico y Social, Consejo de Seguridad y el Consejo de Administración Fiduciaria) y se encarga de prever el presupuesto de la Organización, designar a los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, hacer recomendaciones a las Resoluciones adoptadas al interior de los organismos subsidiarios de Naciones Unidas y celebrar periodos de sesiones en los que los 193 países miembros tengan una representación igualitaria para abordar temas de la agenda internacional o, de sus agendas nacionales y que sean de interés superior para la comunidad internacional.

En estos 73 años de existencia, la ONU había tenido tres mujeres en la presidencia de la Asamblea General: Vijaya Lakshmi (1953, India), Angie Brooks (1969, Liberia) y Sheila Haya Rashed Al-Khalifa (2006, Bahrain). Durante el periodo de elección 2018 de presidente de la Asamblea, por primera vez América Latina será extraordinariamente representada por la ex-Canciller Ecuatoriana, María Fernanda Espinosa quien ha sido electa para conducir el pleno de la Asamblea General a partir del próximo septiembre.

La presidenta electa Espinosa, tiene un PhD en Geografía Ambiental y fue Ministra de Defensa, Coordinadora del Ministerio de Patrimonio y Ministra de Asuntos Exteriores, Comercio e Integración en el Gobierno del ex presidente Rafael Correa. Su experiencia en la conducción de la política exterior ecuatoriana le llevó a ser nombrada por el actual presidente de Ecuador, Lenín Moreno, al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores. Espinosa, también es la primera mujer ecuatoriana en haber sido designada para comandar la misión permanente de Ecuador en Nueva York y su amplio conocimiento en temas de movilidad humana le imprime una especial sensibilidad a los temas de la agenda 2030 en lo que refiere a la cooperación intergubernamental.

Su proyecto de gestión al frente de la Asamblea General se apoya en dos ejes, la atención a la infancia y la consolidación de una cultura de paz.

Hoy, no solo la mitad del mundo debe estar de manteles largos. Debemos estarlo también las mujeres del mundo y los latinoamericanos.

La elección de María Fernanda Espinosa además de ser merecida es atinada. Conoce el sistema de Naciones Unidas y tiene la capacidad para enfrentar los actuales desafíos mundiales y para revitalizar con un sello único a la Organización.

No sobra decir que María Fernanda Espinosa ganó el Primer Premio Nacional de Poesía en 1990 y que además cuenta con una amplia publicación de poesía, ensayos, y novela.

 

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