Mi amigo Jorge aceptó dinero de un inversionista que creía en él, su proyecto y su futuro como emprendedor. La inversión era un monto suficiente para poder comprar activos fijos y empezar a producir el producto. El inversionista era un hombre profesional, con una trayectoria en proyectos de inversión y Jorge estaba feliz de tener el apoyo de un señor que quería que triunfe el negocio. No era fácil conseguir inversión y Jorge estaba contento de poder contar con este dinero para hacer crecer su negocio.

Apenas empezando la producción del producto, detectó una oportunidad mucho más grande en otro mercado relacionado. Jorge pidió a sus amigos, familiares y a su inversionista que le apoyara en este negocio. Muchos dijeron que no, otros mostraban interés, pero la mayoría quería que el segundo producto tenga una “prueba de concepto” antes de invertir dinero. Ya invirtió su dinero en el primero producto así que no tenía la oportunidad de seguir esta otra oportunidad hasta tener ganancias. El inversionista tampoco quería que Jorge explorara esta oportunidad, quería que el primer producto sea rentable antes de lanzar un segundo producto en el mercado.

Jorge fracasó. Su producto inicial tenía todos los beneficios que buscaba el cliente, el canal de distribución, el marketing y el precio adecuado pero el mercado cambió hacia el segundo producto que Jorge quería lanzar. Con la inversión inicial sólo lograba recuperar la mitad del dinero de los activos fijos y por muchos años después se preguntaba porque no logró hacer realidad su sueño.

Hay muchos centros de incubación de negocio, aceleradores de emprendimiento, lugares para “coworking”, libros, charlas y presentaciones que cubran todos los aspectos de un emprendimiento. Existen programas de inversión y redes de inversionistas ángeles y de capital de riesgo. Todos tienen su propuesta de valor y buscan de una forma u otra apoyar al emprendedor y hacer crecer su negocio y su propio capital de inversión. Sin embargo, existe una intencionalidad en la inversión donde requiere nuestra atención.

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Descubrí la teoría este año cuando estudiaba mi certificación de estrategia disruptiva con Clayton Christensen del Harvard Business School. En la discusión de emprendimiento y la estrategia detrás del crecimiento de emprendimientos que tratan de lanzar algo nuevo o innovador, existe la teoría de “good money” y “bad money”. No es una teoría de finanzas, es una teoría de estrategia de negocios aplicada a como la intencionalidad del dinero puede hacer que un emprendimiento fracase o sea exitoso.

En una situación de “good money”, un inversionista dice: “quiero que tomes un poco de dinero y salgas al mercado, cierres el contrato y entres en el mercado y averigües cuál será la estrategia correcta”. “Good money” es impaciente por el crecimiento, pero paciente por beneficios. La idea es que una vez que se averigüe cuál es la estrategia, los beneficios vendrán. Al principio, la estrategia es que necesitas dinero para crecer rápido, hacer cosas, hacer pruebas de concepto, resolver un problema y probar tus ideas.

Una inversión se convierte en “bad money” cuando un inversionista es impaciente por beneficio y paciente por crecimiento. Esto es lo que pasó con mi amigo Jorge. El inversionista apostó a una estrategia intencionada, en base a datos en el plan de negocio, pero sin la flexibilidad que se necesita y se caracteriza un emprendimiento. Emprendimientos, en general, debería tener una estrategia emergente porque es muy poco probable que el plan y la estrategia al principio de un negocio sea lo mismo en seis meses o un año. Tiene que ser flexible, cambiante y siempre en pro a esta idea de “good money”: que es paciente por beneficio, pero impaciente por crecer.

La intencionalidad de la inversión puede ser la diferencia entre fracaso y éxito, hacer los negocios que marcan la diferencia o los negocios que simplemente pagan los sueldos. Si queremos construir empresas del futuro, es importante entender dónde estamos y donde queremos ir además que reconocer estos puntos en el camino donde valen la pena virar o pivotear. Capital de riesgo que apoya la flexibilidad y hace posibles pruebas de concepto siempre rendirá mejores resultados para emprendedores como mi amigo Jorge que capital de riesgo inflexible e impaciente en cuanto a beneficios.

 

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