Pareciera que la principal amenaza para la democracia está en el discurso. En ese que llega a tocar las fibras más sensibles, los sentimientos más radicalizados y los grupos más vulnerados. El siglo XXI es el siglo de lo inverosímil; nos ofrece la posibilidad de ver escenarios casi impensables hechos una realidad. Liderazgos inauditos tomando fuerza y arraigándose (o encuestándose) al poder.

Todo esto, con una importante (y no siempre mayoritaria) aprobación, vemos ejemplos de una nueva izquierda que con una plataforma neopopulista poco se interesa por conservar las instituciones, el equilibrio de poder y el verdadero ejercicio democrático.

España, México y Francia son claros ejemplos de la confrontación entre la izquierda y la población. Claro, de la población no afín a la radicalización, la polarización y el miedo que discursivamente busca permear la izquierda en el poder. De manera atípica, Estados Unidos, desde la extrema derecha ejerce un neopopulismo que también divide y segmenta.

A través de estrategias discursivas, se posicionan términos, escenarios y decisiones que hacen aún más complejo el proceso de cabildeo y toma de decisiones al interior del Estado.

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El surgimiento de movimientos ciudadanos busca generar contrapesos sanos y necesarios en cualquier escenario democrático; sin embargo, en Francia esos movimientos han generado un choque de fuerzas que amenaza la prevalencia de un ambiente propicio y de bienestar para el desarrollo de la democracia.

Ese choque de fuerzas llega al pueblo cuando a la izquierda no le alcanza para cumplir sus compromisos de gestión, no necesariamente por incapacidad. En el caso francés, el incumplimiento se ha dado como parte del complejo escenario europeo y la curva de crecimiento de un sistema económico, político y social.

Por su lado, España confía en que la disolución del Parlamento no es un mero capricho del líder del Ejecutivo, y las próximas elecciones de abril podrán devolver al jefe del Gobierno Español las riendas del Gobierno que, mañosamente, la derecha le ha arrebatado. Argumentando la nula capacidad para formar Gobierno derivada de la falta de respaldo parlamentario al Ejecutivo, el Primer Ministro busca un Parlamento a modo, que le apruebe el presupuesto y un paquete de programas sociales asistencialistas y lejos de la línea de bienestar que marca la Unión Europea.

El naciente gobierno de México, encuentra su origen en un contexto conocido; el hartazgo, la desilusión y la recurrente corrupción proveniente del sistema político. El desafío de su actual gobierno es eliminar la inercia que por décadas ha sido el motor de una corrupción inherente al sistema.

La sobreexposición del presidente López Obrador en las llamadas mañaneras ha generado una amplia división entre la opinión pública, una sólida polarización y una constante apertura de frentes de confrontación con diversos sectores de la población.

Desde las estancias infantiles, la Guardia Nacional, el NAIM, el Tren Maya, la sociedad civil, el avión presidencial y los temas de debate que se abren día a día, la población observa con incertidumbre la falta de política pública pero la constante campaña que discursivamente no cesa.

Las afirmaciones, descalificaciones, acusaciones, señalamientos y fricciones con la prensa, la ciudadanía y los liderazgos estratégicos de la vida nacional mexicana, hacen más complejo el escenario público.

Y el panorama se ha tornado más complejo cuando lo mercados internacionales, las calificadoras y la inversión extranjera directa no sólo es cuestionada por el gobierno, sino que han sido desacreditadas.

A menos de cien días del inicio de uno de los gobiernos más anhelados (al menos por 30 millones de mexicanos), la polarización y la descalificación se puede revertir con un objetivo común, mirar en la historia y encontrar las grandes lecciones que nos ha dejado.

El camino a la estabilización y a la verdadera reconciliación nacional se encuentra en los anales de la historia, en los capítulos más complejos y que dieron origen a las instituciones y a la democracia que tantos años nos ha tomado delinear.

 

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