En los días que lleva la administración de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), la política energética se ha mostrado como una veleta.

Por un lado, quiere robustecer y dar solidez a Petróleos Mexicanos (Pemex) y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y por el otro tiende a denostar las acciones de la Comisión Reguladora de Energía (CRE); se dice impulsor de las energías renovables, pero emprende acciones para echar a andar la termoeléctrica en Huexca, Morelos, así como construir una carboeléctrica, en Coahuila y una planta de refinación en Dos Bocas, Tabasco.

El año pasado, la Universidad Iberoamericana Ciudad de México anunció la creación del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad (Centrus) y su Licenciatura en Sustentabilidad Ambiental. Tal vez a algunos de los funcionarios del actual gobierno les vendría bien estudiar esa licenciatura para que se enrolen en las dinámicas mundiales de la sustentabilidad, pero ese es otro tema.

José Alberto Lara Pulido, director del Centrus comentó que el centro surgió para atender, desarrollar y generar proyectos donde confluyan especialistas en disciplinas como la ecología, economía, derecho, ingeniería y sociología porque “el desarrollo sustentable implica crecer económicamente y mantener en buenas condiciones el entorno natural y social”.

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Ambientalistas e impulsores de la sustentabilidad manifiestan preocupación por la visión de la administración federal porque le está apostando a energías que hoy están en declive en el ámbito internacional y está dejando para después las tecnologías que se mantienen en ascenso, como las energías limpias.

Una de las primeras acciones para frenar la compra de energía renovable a inversionistas privados fue la cancelación de la cuarta subasta de largo plazo para la generación de energía eléctrica que anunció el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace).

El concurso pretendía licitar contratos para satisfacer las necesidades de potencia, energía eléctrica y Certificados de Energías Limpias, con lo que se aumentaría cinco por ciento la capacidad de generación de electricidad en México.

Por otra parte, la administración federal inició el proceso para construir una refinería en Dos Bocas, Tabasco en la que se invertirán este año 155 mil millones de pesos, pero aún no hay estudio de costo-beneficio. Si bien las importaciones de gasolinas van en aumento, se pasa por alto que la tendencia mundial se encamina a los autos eléctricos.

Lara Pulido consideró preocupante que se tomen decisiones para construir refinerías carísimas basadas en energía fósil y contaminante (petróleo). Se trata de una visión muy anticuada y no es lo que necesita el país ni el mundo.

En el Centrus utilizan el rigor de disciplinas como la economía, antropología, sociología y otras para abordar los temas desde una prospectiva integral para entender todas sus partes y a partir de ahí proponer soluciones.

“Querer echar para atrás la reforma energética y apostar a refinerías son dos grandes señales de que las cosas van en sentido contrario al que va el mundo, por eso en el Centrus estamos más que dispuestos a poner nuestro capital humano para dar ideas en todos los temas que tengan que ver con sustentabilidad. Nuestra postura es ayudar a la sociedad y transformarla para bien”, apuntó.

Sería recomendable que la política energética de Estado mantenga un equilibrio en el que se echen a andar proyectos con combustibles de transición y que no se frenen los esfuerzos e impulso a las energías renovables, porque en el balance final son más rentables y amigables con el ambiente.

 

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