Como lo hemos señalado varias veces en este espacio, la propaganda electoral tiene como fin modificar o influenciar las percepciones de los ciudadanos respecto de una propuesta, una organización o un actor político.

En ocasiones, se recurre a mensajes y/o escenificaciones accesibles, simples, dirigidas a las emociones de la ciudadanía. Presentar a las parejas de los candidatos como actores de soporte resulta un recurso muy simple, atractivo y rentable.

1) Un atajo sentimental. A la sociedad le encanta la idea de entrar en la intimidad de sus líderes, nada más efectivo que arrancarles un ahhh, ternurita y/o qué bonita pareja. El votante siente que se le invita a contemplar los espacios reservados para los amigos. Un spot, una selfie, la tarjeta navideña o video casero que presenta al candidato como cocinero, jardinero o asiduo lector lo hace transparente, honesto y diligente. Su hogar es un reflejo de los frutos de su trabajo, donde se respira armonía, se destila amor y se siente la estabilidad familiar.

Por 30 segundos el ciudadano tiene una casita blanca, suspira y se dice asimismo que nada se le oculta. Puede disfrutar música y televisión en la sala, cantar en el baño y meterse hasta la cocina, jugar con la mascota, viajar en el auto, ir al mercado, comer tacos, sacar la basura y dejar a los niños en el colegio de la mano del aspirante a gobernarlo.

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Sin pensar en lo ridículo o cursi que parezca, la emoción sustituye, suprime, cancela la reflexión. El candidato ya no necesita hablar de honestidad, transparencia o compromiso, todo está mágicamente dado, buen padre, hijo, esposo y vecino.

La verdad es que no tienen idea de qué hacer con la inseguridad, la corrupción, la pobreza o las relaciones internacionales pero ni para que mencionarle eso a los votantes, ya tienen demasiado con su rutina diaria, los asaltos y todos esos problemas. El candidato viene a dar buenas noticias, pasarnos su receta de salpicón y reiterar su fe en la selección nacional.

2) La pareja y/o la familia para subirle el rating a la campaña. Si el candidato no levanta, si carece de talentos y recursos de comunicación, los hijos y/o la pareja sentimental pueden entrar al relevo, (siempre y cuando ellas o ellos si tengan esas habilidades) para darle fuerza, atraer y permear en segmentos a los que no llega el candidato.

En resumen, las campañas se volvieron tan banales y superficiales que ahora se reducen a una película de protagonistas mediocres que tiene que recurrir a grandes personajes secundarios. Ni modo, mejor ceder la guitarra y el estrado antes que reconocer mediocridad y enormes carencias. ¿Para qué hablar de política, finanzas o administración pública cuando podemos ver como expreso mis sentimientos, avivo el romance y todavía llevo serenata a mi amada?

3) Reducir las objeciones y suprimir opiniones negativas. El sentimentalismo ayuda a quitar las críticas opositoras. Por ejemplo, si decían que un candidato aparece en las encuestas como conflictivo, radical o agresivo, lo pones en medio de una escena recitando versos, un abrazo de amigos, arropando a sus hijos, caminando de la mano y cerrando con un beso romántico para aplacar la opinión pública en su contra.

Nadie puede dudar de su sensibilidad, de su humanismo o de su honestidad, un candidato que llora, ríe, se entrega y abraza de corazón, es una persona como cualquiera pero al mismo tiempo extraordinario. En resumen, vota por un ser humano que no teme mostrar sus emociones, que vive con pasión, disfruta de la vida en pareja y es capaz de llevar un cargo público con la misma intensidad y compromiso. Más aún, todo ese paquete se lo heredo a sus descendientes, su legado, trascendió generaciones como referente, como faro, como ancla.

4) La trayectoria y el camino. Una relación estable de pareja refleja que existe alguien que acepto compartir todo con el candidato solo con una confianza plena y reciproca sin menoscabo de los costos, sacrificios o limitaciones que esto implique. Los electores tienen una referencia clave, el candidato no sabe fallar, es leal, constante, dedicado, antepone los valores a sus ambiciones personales.

Ciudadano tu puedes apostar también por ese buen candidato, no preguntes, no analices, no cuestiones, no fiscalices, no le hagas caso a los medios. Calla la voz de la razón y apaga tu inteligencia; para que las apariencias no te engañen, déjate llevar por una dosis de poses y montajes.

5) El modelo aspiracional. Diversos segmentos de la sociedad son anti-políticos, a-políticos o simplemente rechazan todo lo que tenga que ver con campañas y/o discursos, pero se mantienen atentos de las tradiciones, los valores o las costumbres sociales.

No son religiosos fervientes pero no se pierden ninguna boda y les encantan las revistas sitios o programas de sociales, de moda o del corazón. Consumen chismes, confidencias, notitas, memes e imágenes con las que suplen la ideología o las plataformas electorales. Seleccionan conforme a gustos y preferencias superficiales a través de sus medios preferidos, rumores o conversaciones de café. En conclusión, hay que votar por alguien que el 15 de septiembre luzca, que no desmerezca el presupuesto gastado en su guardarropa y que no saque las risitas de los invitados diplomáticos.

No olvidemos que hasta los acarreados tienen su sensibilidad, hay que darles algo que valga la pena ver en los mítines, nada como comentar en los peseros y disfrutar el lunch de campaña con las opiniones al estilo telenovelero al que están acostumbrados.

 

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