1.- Un líder tiene una historia de experiencias y resultados tangibles. Son producto de situaciones extraordinarias, eventos y/o luchas donde sus virtudes, talentos y capacidades marcaron la diferencia. Su coraje y determinación movieron, motivaron, influenciaron a otros a forjar comunidades y coordinar esfuerzos para cambiar las cosas.

No se trata de verborrea, demagogia, spots, ni cargos burocráticos. Los liderazgos son historias ejemplares, ideas y aspiraciones que se construyen en lo cotidiano, en las calles, el emprendimiento, los movimientos sociales y se constatan en transformaciones altruistas, efectos positivos y avances para la comunidad.

Cuando tienes una historia que le consta a los demás, cuando tu vida está llena de vivencias que compartiste, mejor no gastes en sacarte fotos de familia que no reflejan ni dicen nada y cuando todo el mundo sabe la realidad, te expones al ridículo. El carisma auténtico e interesante no necesita inventarse cargos o pagar un anuncio biográfico en el que exageras, mientes o cuentas una telenovela.

El líder le pide al votante que apueste por su historia personal, que celebre un contrato garantizado de cumplimiento. Somete todo su prestigio y su talento  para que se compare con el de sus competidores y se ofrece a servir, dirigir, alinear, agregar, contribuir al desarrollo social.

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2.-Los líderes piensan y actúan estratégica, crítica y socialmente. Al asumir las responsabilidades de conducir grupos sociales se debe cuidar cada detalle; romper hábitos negativos y dar ejemplo de integridad y resolución.

Los líderes caen, pierden, se equivocan pero siempre encuentran la manera de ponerse de pie de nuevo, siguen luchando y mantienen viva la energía social. Su trayectoria está llena de congruencia, fe inquebrantable, disciplina. Su biografía se resume en lucha permanente pues son inconformes, exploradores, visionarios, curiosos y motivadoras.

Hay que convencer y hacer sentir a la gente que hay formas más eficientes, participativas, modernas y equitativas de conducir los asuntos públicos, descartar la apatía y la mediocridad de la oferta política; comprometerse a ser ciudadanos de tiempo completo, enfrentar en la unidad problemas como la inseguridad y la corrupción, devolverle la vigencia a la autoridad moral de la sociedad, el poder soberano, la rebeldía constructiva y la crítica contributiva del pueblo.

3.- Los líderes se enfocan en problemas concretos, medibles, relevantes. No buscan fama ni exhibicionismo, no eluden los temas escabrosos, no le dan la vuelta a los cuestionamientos, no se esconden en las excusas ni reparten culpas, asumen lo que les toca.

Son realistas y sinceros, organizan los temas prioritarios, viables, sustentables, urgentes, aterrizan las ideas de manera concreta, van al grano. Su oferta política es directa y tangible. Prefieren decir la verdad que prometer lo inalcanzable. No se preocupan por su popularidad inmediata cuando saben que deben rendir cuentas de manera objetiva.

La gente se entrega cuando está convencida de que cada propuesta es un compromiso, que las promesas no son huecas, sabe que el líder hará todo lo que esté a su alcance para cumplir, se puede confiar porque hay reciprocidad, cuando la reputación y la palabra valen, no se necesitan notarios.

4.- Nunca pierden sus raíces e identidad, pero su visión es global. El líder le propone a la sociedad explorarse a sí misma, retarse, emprender nuevas causas, hacer frente a retos y ser competitiva. Posicionar a un municipio, un estado, un país, ejercer un cargo en el Congreso o el gobierno son tareas complejas que deben asumirse con dignidad y respeto.

Cada cargo exige calificaciones, credenciales, méritos propios, hay que prepararse para saber qué hacer con las responsabilidades inherentes, un mínimo de conocimiento, cultura, información básica y la apertura para seguir aprendiendo todos los días.

Una ciudadanía que se siente segura, cercana, integrada al gobierno, promueve su mejor versión, las diferencias se aprovechan para sumar los consensos y articular las fuerzas, grupos y representantes, respeto, tolerancia, apertura, diálogo todo eso es la esencia de la política.

5.- Comunicación, coordinación y percepción. Entender el sentir de la población y transmitirles claramente los mensajes claros, contundentes que requieren para volver a creer en la política. Los líderes no se inventan personajes, no son demagogos, patiños o ayudantes de ventrílocuo, ofrecen a los votantes una personalidad y un carácter definido y preciso.

La capacidad de persuasión e influencia del líder ofrece un abanico de opciones: no fingen emociones, las viven; son receptivos, escuchan e interpretan a la ciudadanía; sienten, vibran y hacen vibrar a la gente. Su voz transmite fuerza y certeza, sus gestos y miradas, sensibilidad y contundencia; sus manos están abiertas, son firmes, señalan el rumbo.  Cada acto de campaña es una celebración de la democracia, donde se siente el poder de las masas organizadas y la vitalidad de sus aspiraciones.

El desempleo, la salud, la inseguridad, el bienestar de las familias no son números, el líder siente como propios los problemas de sus votantes. Tiene que darles una respuesta, debe mover las piezas y comprometer a las estructuras del gobierno para ponerlas al servicio de la sociedad, nunca en sentido contrario.

 

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