Es fácil decir que tomar decisiones financieras y desarrollar hábitos respecto al dinero es un tema de orden racional y lógico, más que emocional. Sin embargo, la realidad es que ambos procesos están estrechamente ligados a nuestros sentimientos. ¡Que si no! Solo acuérdate del estrés y la ansiedad que te llega a generar alguna deuda o los gastos hormiga que te dejan sin dinero cuando todavía falta mucho para la quincena.

Veamos algunas de las emociones que más pueden llegar a afectar la administración de nuestro dinero y algunos consejos para controlarlas, de modo que tengas una relación más sana con tus finanzas:

Felicidad

Obtener un nuevo trabajo, perder unos kilitos de más, este tipo de sensaciones nos hacen sentir en los cuernos de la luna y eso, a su vez, nos hace creer que podemos con todo. Tal exceso de confianza nos lleva a asumir riesgos que, de otro modo, no correríamos. Y sí…nos lleva a gastar más dinero.

Lo malo es que la felicidad nos hace perder de vista cómo y en qué estamos gastando, ocasionando que una vez que pasó la emoción, sientas remordimiento o arrepentimiento.

TIP: Hay varias estrategias que puedes aplicar, por ejemplo, tener una cuenta separada y exclusiva para celebraciones; establece un límite para que nunca se te pase la mano con el autofestejo y establece cuáles son las metas grandes y pequeñas. Para las pequeñas regálate tu postre favorito y para las más importantes, date permiso de gastar en un premio más significativo. La regla es no vaciar tu cartera en cenas y obsequios a la menor provocación.

Ira

Este es uno de los sentimientos más poderosos y potencialmente destructivos, sobre todo, cuando le das el permiso de intervenir en tus decisiones. Cuando el enojo está en su máximo, es más probable que actúes de forma precipitada. El peligro también es que la ira te ciega tanto, que justificas tus elecciones financieras.

A mí me pasó, te cuento: hace dos cumpleaños por razones que ya ni recuerdo, eran las como las 5 pm y yo seguía sin recibir regalos (¡hum!). Muy enfadada salí de casa y fui directo a mi mueblería favorita y me compré yo solita la cabecera de mis sueños, ¡tarjetazo! Por supuesto que al instante fui muy feliz. Eso desbalanceó mis finanzas por unos meses, ya que no estaba planeada esa adquisición, pero ¡ah, me lo merecía! (¡Oh, no! Ya me estoy justificando) Pero conste que aprendí, por eso te paso el tip.

TIP: El dicho de mamá: “no tomes decisiones cuando estés enojado” se aplica a muchos aspectos de la vida, incluido el dinero. Respira profundamente y posterga la toma de decisiones importantes hasta que te hayas calmado. También puedes hablar con un familiar o amigo de tu entera confianza que no esté involucrado en la situación que te molesta. Al hablar de tus sentimientos con alguien que no tenga prejuicios, puedes despejar tu mente de la ira mucho más rápido.

Lástima

Cuando una persona no se siente valiosa y siente lástima por sí misma, puede comenzar a comprar como una forma de compensar sus “deficiencias”. Una baja autoestima es el detonante de compras compulsivas para lograr ese sentimiento de pertenencia.

TIP: Hay que identificar porqué tienes esa sensación respecto a ti, intenta trabajar en las soluciones por tu cuenta o con ayuda de un profesional, contar con ese apoyo no es signo de debilidad ni locura. Se trata de tu salud mental y emocional y eso es más valioso que el dinero. Necesitarás ser consciente de tus fortalezas y canalizarlas de forma positiva para ti. La parte interesante será descubrir que la vida es para disfrutarla tú, no para tener la aprobación del mundo.

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Ansiedad

Esta es quizá una de las emociones más arraigadas en la población mundial desde el inicio de la pandemia. El miedo y la incertidumbre nos hacen sentir incómodos y preocupados acerca del futuro. Abusar del crédito o hacer inversiones con mayor riesgo del que podemos sobrellevar son algunas de las consecuencias.

TIP: Al no ser una emoción tan inmediata como las demás, sino una que se va a acumulando poco a poco, tienes la opción de ir identificando los primeros signos y detenerlos antes de que te dominen. Procura enfocarte en los hechos y evitar las suposiciones, puesto que la falta de control al respecto es lo que te genera estrés. Lo siguiente es que traces un plan de acción con los pies bien puestos en la tierra.

Finalmente, evita invertir en cualquier activo a menos de que te hayas informado lo suficiente. Recuerda que ninguna inversión te hará rico de la noche a la mañana, no pongas en riesgo el capital que tanto esfuerzo te cuesta ganar.

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