Ovidio Guzmán “El Ratón” es uno de los operadores de importancia del cártel de Sinaloa, es hijo, además, de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Desde hace años le seguían la pista en Estados Unidos y solicitaron su captura con fines de extradición.

En el gobierno mexicano optaron, desde el principio de la actual administración, por no perseguir a objetivos criminales de alto nivel, pero las agencias de seguridad, como la DEA, tienen otra opinión al respecto y sostienen que es indispensable pegar en las cabezas de los grupos delincuenciales para debilitarlos.

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Quizá por eso, la tarde del jueves 17 de octubre, fueron a buscar a Ovidio Guzmán sin análisis de inteligencia previos y sin tomar medidas indispensables, como las de la seguridad perimetral que se requiere en esos casos.

Los elementos de la Guardia Nacional trabajaron a oscuras, sin información de calidad, y se les apareció un verdadero dominio y no era para menos. Culiacán, en Sinaloa, es una de las zonas de mayor influencia del cártel y cuentan ahí con diversos apoyos, los que desataron el terror en las calles e hicieron recular a los uniformados en la captura. Es lo que se llama densidad criminal.

Muchas cosas tienen que ser revisadas, porque lo ocurrió está lejos de ser una anécdota y más bien muestra la enorme debilidad institucional con la que trabaja la Secretaria de Seguridad Ciudadana y la propia GN.

Días antes, 14 presuntos delincuentes y un soldado, murieron en un enfrentamiento en el municipio de Iguala, en Guerrero, en una situación que no está esclarecida y que puede generar muchos problemas al ejército en el futuro.

Antes, en Aguililla Michoacán, un grupo de 13 policías resultó acribillado por sicarios del Cartel de Jalisco Nueva Generación. Los elementos policiacos estatales iban a realizar una diligencia, pero nadie pudo avisarles que por ahí había pasado Nemesio Oseguera “El Mencho”, uno de los narcotraficantes más poderos y crueles.

Cuando en diciembre se anunció la desaparición del CISEN, expertos alertaron que ello no era una buena idea y menos en el contexto en el que el país se encontraba. Si bien esa dependencia se ocupaba de modo tangencial en asuntos de seguridad pública e interior, estos eran los más relevantes.

Tan solo hay que tener en cuenta que ahí se procesó la información necesaria para dar con los cerca de 120 objetivos criminales relevantes que se establecieron durante el mandato de Enrique Peña Nieto. Uno de estos, el más importante, era justamente “El Chapo” Guzmán.

Ni qué decir de las tareas que realizaba la Policía Federal y las fuerzas especiales de la Marina Armada.

Ovidio Guzmán, acaso sin proponérselo, obtuvo el reconocimiento que requería para continuar su carrera criminal y avanzar en el control de su propia organización, donde tiene muchos grupos en contra.

Es un drama grande, que muestra la soledad de los ciudadanos y que anuncia la vuelta a la pax narca, a las tinieblas y al miedo y no solo en Sinaloa.

 

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El autor es escritor y periodista. Autor de la Lejanía del desierto y Asesinato de un cardenal, este último en coautoría con Jorge Carpizo. Se desempeñó como directivo en medios de comunicación impresos y de radio y televisión. Es experto en comunicación y ha desempeñado diversos cargos en la administración pública.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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