“A mi hija la mataron en 2001 y voy a seguir aquí mientras tenga voz”, la intervención de una madre resonaba en un templete instalado frente a la puerta Mariana del Palacio Nacional, en el Zócalo Capitalino al final de la protesta de mujeres de este domingo.

Durante la marcha del 8 de marzo salieron más de 80,000 mujeres mexicanas a desbordar las calles del primer cuadro de la capital y, para muchas, fue la primera vez.

“Está muy jodido que tengas que hacer una nota para explicar por qué salimos a la marcha”, afirma Jessica, estudiante de comunicación en la FES Acatlán. Su motivo dice, es el hecho de que en México las mujeres no pueden caminar sin miedo porque los asesinatos y desapariciones quedan impunes.

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Datos de la ONU arrojan que en México asesinan a 10 mujeres cada día. Las averiguaciones de carpetas con características de feminicidios entre 2012 y 2018 alcanzaron más de 3,000 casos y solo en uno de cada cuatro se sometió al culpable a un proceso judicial.

El contingente de madres y víctimas de violencia desbordaba historias, las madres y familiares de desaparecidas y asesinadas exigieron a gritos un actuar contundente de las autoridades.

Mariana Avilés marchó con la pancarta que denunciaba la desaparición de su hija Rosa Itzel, raptada en 2018 en Baja California Sur. En año y medio no ha habido avances en la investigación. Es trabajadora doméstica y es la segunda marcha en la que participa en la Ciudad de México, su llamado es a que las autoridades sigan las líneas de investigación que apuntan a una red de trata de personas.

Para las más jóvenes, los motivos son distintos, pero igual de poderosos.

“Los niños y niñas que hoy están marchando, por todas las mujeres, también están luchando”, era el canto de un grupo de madres con poco más de media docena de niños pequeños.

“Salimos con los niños porque tienen que hacer consciencia de que las cosas tienen que ser diferentes en el futuro, que no puede ser todo tan violento”, señaló Ángela, miembro de la comitiva.

La familia Sandoval asistió por primera vez a petición de Regina, la más pequeña de las hijas.

En el caso de Alicia, que cargó en brazos durante todo el recorrido a su niño de menos de un año el motivo fue claro: “el gobierno ha preferido voltear hacia otro lado, entonces nos toca llenarlo todo para que no quede a dónde mirar”.

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