Siempre se da a las nuevas administraciones un periodo inicial que permita comprobar su eficacia y la posibilidad de cumplir sus compromisos de campaña. En este caso, las cosas están siendo diferentes en México, porque se ha iniciado un proceso, no de entrega-recepción, sino de administración anticipada, y esto propiamente envía una señal inequívoca de los cambios estructurales que ya se están realizando.

El nuevo gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador, que logró una aceptación mayoritaria, tiene que gobernar para 130 millones de mexicanos, y es ahí donde se encuentran todas las necesidades y, a su vez, las posibilidades de lograr el éxito.

El gran reto que está enfrentando es cómo armonizar los intereses de diferentes grupos frente a una mayoría legislativa aplastante, sin contar con los equilibrios óptimos, hecho que requerirá de un gran enfoque democrático de Andrés Manuel, para convencer, en lugar de imponer. A su vez, deberá vigilar a sus “colaboradores”, ya que muchos de ellos están mostrando divergencias e incongruencias que pueden generar confusión en la ciudadanía y en sus bases.

Es importante que la administración sea profesional en todos sus aspectos y evite consultas públicas populistas y anticonstitucionales; además, es preciso que fortalezca el Estado de Derecho.

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Esta próxima administración federal tiene sus retos frente a un panorama complejo de temas pendientes, que se fundamenta en un alto reclamo popular, como lo son la inseguridad en todos los aspectos, la exigencia de una educación de calidad, el combate a la impunidad y un crecimiento económico equilibrado.

Muchas de estas acciones están ligadas a la capacidad económica del gobierno, que se reflejará en el presupuesto federal de 2019. Y es aquí donde el trabajo conjunto que el gobierno actual y el próximo tiene la posibilidad de encontrar equilibrios adecuados. Es fundamental usar su patriotismo y lealtad al país para que todo sea ajustado con gran cuidado.

Revisando antecedentes de los últimos tres sexenios, es interesante comprobar que, durante el primer año de una administración, se registra un menor crecimiento de la economía. Esto va a repetirse en 2019, pero se espera que sea sólo una reducción y no un retroceso, un comportamiento negativo del PIB, como sucedió en el caso de la entrada de Vicente Fox, que fue un crecimiento negativo.

De acuerdo con las estimaciones del Banco de México, es posible que en el primer año de este nuevo gobierno se presente un crecimiento económico no mayor del 2% del PIB, cuando en este año el cierre será de no más del 2.3% del PIB. El riesgo es que no se aprovechen las inercias actuales, porque existe la posibilidad de que no se ejerza con prontitud y eficiencia el gasto público del próximo año durante los primeros meses y que esto signifique un freno muy grave para la dinámica económica del país.

Por ello, también se requiere no cancelar los proyectos de infraestructura en marcha, y orientar el gasto que se piensa hacer para aspectos sociales al consumo, de modo que fortalezca al mercado interno e impulse, por otro lado, una inversión productiva que genere recursos para el fisco.

Pese a las cifras en gasto social e inversión en infraestructura, habrá que ser realistas: en tan sólo un año, difícilmente podrán constatarse los cambios anunciados por la nueva administración, lo que podría desencantar a millones de mexicanos y significar un riesgo. Frente a las grandes expectativas depositadas en la nueva administración, es necesario promover un diagnóstico fiscal y, sobre todo, alentar mesura entre los mexicanos.

En otra vertiente, el entorno mundial es complicado; no ayudará mucho. Por eso, las políticas económicas inteligentes de contención deberán ser aplicadas por todos los actores económicos.

Hay que sacar a México de la zona de riesgo y ponerlo en la zona de crecimiento, y esto lo puede demostrar el próximo gobierno en sus primeros 100 días. ¿Le damos el beneficio de la duda?

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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