En México, poco más de 15 millones de jóvenes votarán por primera vez para elegir al presidente. Son chicos de entre 18 y 24 años que, en su conjunto, representan el 17% de la lista nominal. Un mercado de nuevos votantes que resulta sumamente atractivo para cualquier partido o coalición política.

Si a ese grupo, sumamos el siguiente segmento que va de los 25 a los 29 años, entonces tendremos a poco más del 29% de la lista nominal. Un universo de alrededor de 26 millones de votantes jóvenes que cuentan con sus propios hábitos y reglas de participación social y que no han sido captados por ninguna institución política de manera contundente.

De hecho, históricamente el grupo de los jóvenes es el que menos vota en los procesos electorales y, aunque da muestras de interés político, su ausencia en las urnas es algo que no se puede negar.

Una cosa queda clara: estos jóvenes no son apáticos, ya lo han demostrado de manera tajante cuando ha sido su turno. El 19S fue su declaración del compromiso que tienen con el país y con la sociedad. En gran medida, fueron ellos con sus tecnologías y su organización sin frentes visibles los que pudieron ayudar de forma rápida y eficaz a quienes lo necesitaron en días oscuros.

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Sin embargo, su interés en la política es algo que ni instituciones, ni autoridades han podido canalizar de forma adecuada. El por qué tiene muchas lecturas y una de ellas es que han equivocado los canales y estrategias de comunicación.

Si uno de cada tres electores en el país utiliza las tecnologías de información y telecomunicación para informarse y comunicarse, ¿qué hacen instituciones y partidos para acercarse a ese enorme grupo y despertar su interés en la cultura democrática?

Podemos detectar al menos, cuatro grandes errores en la comunicación política digital que se realiza en México:

Canales equivocados: Millenials y Centenials han cambiado el panorama del consumo de medios en cinco años. Los indicadores de audiencias en los medios tradicionales continúan a la baja año con año. De acuerdo con las cifras del Instituto Federal de Telecomunicaciones, en televisión el grupo que va de los 19 a los 29 años es el que ha registrado la pérdida de rating más alta con -24% respecto del periodo anterior.

Para radio las cosas no suenan mejor: el segmento de los 18 a los 24 años ha registrado un descenso del -21% en el último año.

En el otro extremo, el uso de Internet continúa creciendo en el país, impulsado sobre todo por el descenso en el índice de precios en telecomunicaciones (- 2.9% respecto del periodo anterior). Según los datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2017, en el país existen 71 millones de usuarios de Internet, que equivale al 60% de la población total. Un dato para destacar es que el grupo de usuarios que va de los 18 a los 34 años es el que tiene el mayor acceso con el 85% de la población en el segmento.

Comunicación sin sentido. En su comunicación, las instituciones se comportan, digamos, muy “institucionales”. Es decir, al tratar de utilizar un lenguaje neutro que explique su quehacer sin que nadie se ofenda, terminan por ser aburridas y por no decir nada.

Miedo a las redes sociales. Por fortuna, las redes sociales aun no se encuentran legisladas en el sentido de la opinión pública digital. Sin embargo, esa misma característica es la que hace que las instituciones políticas las consideren terreno de nadie y terminen por hacer comunicación gris y plana ante la posibilidad de crítica o ataques.

Ausencia de leyes. Los usuarios de Internet aún no han encontrado que ninguna institución o autoridad garantice su derecho a tener información verídica, sin campañas negras o prácticas al margen de la ley durante las campañas electorales.

Tal parece que, en el contexto actual, la comunicación política dirigida a los jóvenes se encuentra en un camino empantanado.

Las contiendas electorales suelen ser muy cerradas, particularmente porque todas las asociaciones políticas cuentan con una base de seguidores dependiendo de sus capacidades de negociación y representación en cada entidad federativa. No obstante, el reto se presenta en incluir a aquellos que no se identifican con las propuestas actuales y hacerlos participar para que, en efecto, el cambio que todos necesitamos pueda lograrse.

 

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