La publicidad electoral tradicional es cosa del pasado. Cada vez más, los canales digitales influyen de manera determinante en los movimientos sociales, el activismo y la participación electoral. El marketing político digital se extiende más allá de la promoción de candidatos, partidos y plataformas electorales en Internet incluyendo teléfonos móviles, redes sociales, publicidad gráfica, marketing en motores de búsqueda, plataformas, comunidades y cualquier otra forma de medios digitales.

Hacer consultoría política hoy, implica entender que los medios digitales no son una extensión de la mercadotecnia ni un nuevo canal de comunicación. La estrategia electoral requiere entender toda la diversidad y complejidad de esta herramienta, abarcando tanto su desarrollo tecnológico, como los efectos que tienen en la evolución psicológica, social, política, conductual e ideológica de los ciudadanos.

Entre más jóvenes, los electores están redefiniendo el espectro de los medios de comunicación, desechan, ignoran, desconfían y se burlan de la publicidad electoral; son impacientes, demandantes e impredecibles; cuesta mucho atraer su atención, retenerlos y establecer un compromiso con ellos.

Sin embargo, la mega data y la explosión de información disponible en redes nos permiten una mejor aproximación a las preferencias, intereses, tendencias y expectativas de los votantes; lo que hace posible explorar a los segmentos objetivo y sumergirnos en sus deseos emocionales, metas, aspiraciones y miedos además de poder agrupar y analizar sus reacciones. La segmentación incluye las diversas comunidades, influencers, blogeros, youtubers, sitios y canales de los que se extrae información decisiva a la hora de votar.

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Hoy podemos ofrecer experiencias interactivas e información total en tiempo real, discursos, video, resúmenes biográficos, fotos, logros y propuestas mediante aplicaciones de realidad aumentada, video juegos y que son extensiones de las plataformas digitales de los candidatos como Facebook, Instagram, Google, YouTube, Twitter y LinkedIn.

Podemos mostrarle al elector el diseño de una obra pública en un recorrido virtual y proponerle una ciudad inteligente en la que pueda fiscalizar y supervisar los servicios, la obra pública, el ejercicio presupuestal y los compromisos de los candidatos. Hoy podemos seducir al elector con publicidad ecológica, no contaminante del espacio público y sobre todo segmentada de manera efectiva.

De la misma manera, podemos usar los medios digitales como canales alternos de contacto y difusión incluyendo pagados, propios y ganados para llegar y captar audiencias que incluyen publicidad, correo electrónico y mensajería, motores de búsqueda y las mismas redes sociales.

Una estrategia de marketing digital no solamente implica construir ni proponer, también todo lo contrario. Candidatos no se expongan, si no saben manejarse en medios digitales mejor sigan con sus campañas tradicionales. Las audiencias de los medios digitales son muy complicadas y su atención a los detalles es extrema. Caminar, hablar o vestir mal; equivocarse, tartamudear, el menor gesto de hipocresía será detectado por los internautas; ellos no vacilarán en despedazarlos. Tampoco funciona hacerle al payasito, hablador o fantoche, de esos ya México tuvo varios; no exhiban su poca cultura, mucho menos usen frases escandalosas, eso solo muestra desesperación.

Ganar una campaña de MPD requiere en ocasiones de un largo periodo de tiempo. Meses antes de las elecciones vas cultivando el espíritu crítico, crudo, agresivo y rebelde de los ciudadanos. La red nos ayuda a ampliar el impacto negativo de la mala imagen de los contrincantes; les creas pesadillas cibernéticas y los vas minando poco a poco; desarrollas comunidades leales; lo de hoy es trolear, bulear y acosar, con el margen de error de los políticos no puedes fallar, le agregas un poco de neuro-marketing y contenido emocional y listo, está hecho.

A la hora de votar los electores consideraran las notas más virales; las estadísticas impactantes y los ridículos. Los publicistas telenoveleros no están hechos para estos medios, no se dieron cuenta de la evolución de las audiencias, las menospreciaron, las ocultaron y quisieron aferrarse al pasado donde podían obstaculizar el cambio.

Actualmente, la sociedad puede ver el programa que quiera en el canal, medio o proveedor de su preferencia, a la hora y lugar que mejor le acomode, no tiene que perderse de nada. Puede elegir hasta los periodistas y armar un set de información relevante de acuerdo con sus intereses. Sus gustos se pulverizan, son particulares e individuales, en los medios digitales reinan la libertad, independencia e imparcialidad. Los electores migran con facilidad, buscan actualizaciones constantemente, hay que llegarles con formatos y estímulos multicanal, consumen novedad e impacto todos los días.

Los líderes de comunidad valoran mucho el juicio de sus seguidores, no pueden fallarles, son menos vulnerables a las influencias de los partidos. Para ofrecerles algo, tenemos que incluir en el entrenamiento de candidatos algo de las virtudes de los standuperos, youtubers e influencers de mayor impacto, mejorar la retórica de forma equilibrada y adaptarse a la diversidad de opiniones, comentarios, ser flexible y multicultural.

Se acercan los debates, esos momentos explotarán en los medios digitales; con análisis en tiempo real, seguidores en todo el mundo, medidores de reacción, secuela, multitareas psicológicas y audiencias más fiscalizadoras (esta vez sin una edecán estrella) vamos a disfrutar de una colisión de ejemplos digitales en muchas plataformas y que servirá para valorar las capacidades competitivas de los candidatos.

 

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