El movimiento #MeToo que sacudió a Hollywood hace poco más de un año, resurgió en redes sociales en México, durante el fin de semana. El hashtag #MeTooEscritoresMexicanos desató una ola de denuncias de acoso sexual que involucran a miembros de distintos gremios del país, entre ellos el de los periodistas.

Al menos 151 testimonios, la mayoría de ellos anónimos, han sido publicados vía Twitter con el hashtag #MeTooPeriodistasMexicanos, denunciando acoso por parte de directivos editoriales, reporteros, fotógrafos, publirrelacionistas y hasta profesores de periodismo. Mientras tanto, las denuncias a escritores suman más de 200 publicaciones.

Entre las empresas que han salido a relucir en los testimonios se encuentran: Excélsior, El Financiero, Milenio, Buzzfeed, La Jornada, Radio Fórmula, La Crónica, UnoTV, El Universal, Chilango, Máspormás y El Heraldo.

El impacto ha sido tal que medios como Chilango y Máspormás ya han tomado cartas en el asunto, suspendiendo a los trabajadores señalados en redes sociales. Además, la presentación del libro del escritor Herson Barona, acusado en al menos diez testimonios, fue suspendida.

Pero, ¿Cómo surgió la ola mexicana del #MeToo? ¿Qué tan verificables son los testimonios? Forbes México conversó con las fundadoras de @PeriodistasPUM y @MeTooEscritores al respecto, dos de las cuentas de Twitter que más denuncias han difundido en los últimos días; ambas prefirieron permanecer en el anonimato.

 

Un secreto a voces

“Se trata de una muestra muy tangible de la gravedad de lo que sucede en el país, pero no es nada nuevo. Y nuestros datos lo respaldan”, comparte a Forbes México una de las fundadoras de Periodistas Unidas Mexicanas (PUM), la colectiva que desde hace un año se encuentra trabajando en el tema.

Un claro botón de muestra: de acuerdo a su sondeo Acoso Data -publicado el 7 de marzo de 2019-, 73% de las mujeres que laboran en algún medio de comunicación periodístico en el país han sido víctimas de alguna situación de acoso, hostigamiento o agresión de carácter sexual en el trabajo, incluso si no lo saben reconocer.

Respecto a la ‘validez’ de los testimonios, ambas aseguran que algunos no han sido publicados por no ser lo suficientemente ‘contundentes’, aunque no cuentan con un protocolo de ‘fact-checking’ como tal.»

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En el caso de PUM, solo difunden los testimonios que cumplan con su “código de denuncia” que, al igual que @MeTooEscritoras, exige que sean de las propias víctimas y no de terceros, con el fin de garantizar el consentimiento de las afectadas.

Además, la representante de la colectiva asegura que la mayoría de los testimonios que han recibido incluyen una prueba que aporta ‘legitimidad’ como fotografías, conversaciones o incluso el número de referencia de la denuncia que ya presentaron ante autoridades.

 

¿Qué sigue? 

Hasta el momento otros movimientos ya han salido a relucir, poniendo el reflector sobre académicos (@MeTooAcadémicos), músicos (@MeTooMusicaMx), cineastas (@MeTooCineMx) y creativos mexicanos (#MeTooCreativosMexicanos). Sin embargo, ambas fundadoras se encuentran trabajando para que la ola de testimonios vaya más allá de las redes sociales.

Si bien un protocolo de denuncia es «responsabilidad de las empresas», PUM planea crear uno para medios mexicanos. Mientras que el colectivo de escritoras exigirá ante las autoridades un acompañamiento legal para las víctimas que decidan denunciar.

 

Acoso laboral, común y sin identificar en México

 

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