Por Máximo Santos Miranda*

La digitalización de los servicios financieros es un tema de moda. No hay medio de comunicación, especialmente los que se dedican a la economía en general o las finanzas en particular, que no trate este tema a diario. En este sentido parece claro que el futuro de la banca será digital o no será y esta afirmación hoy en día no es discutida por nadie dentro de la comunidad financiera internacional. Aquellos bancos que no apuesten decididamente por la digitalización sencillamente desaparecerán en un escaso periodo de tiempo. Sin embargo, no todos los países se encuentran en un mismo punto de partida ni están evolucionando a la misma velocidad.

Si se mira a lo que está sucediendo en Europa, se observa que en el año 2017 el 51% de los europeos de entre 16 y 74 años utilizaba con mayor o menor frecuencia la banca por internet según datos de Eurostat. Apenas 10 años antes, este porcentaje se situaba en el 25% de los usuarios de banca y este hecho supone que en apenas una década el número de usuarios de banca en línea se ha duplicado. Sin embargo, dentro de los países europeos, el uso de este canal de comunicación es muy diverso. Así, mientras en Dinamarca la banca en línea es utilizada por el 90% de los clientes bancarios, en Holanda por el 89%, en Finlandia por el 87% o en Suecia por el 86%, otros países como Rumanía con el 7%, Bulgaria con el 5% o incluso Italia y Portugal con el 31% o Grecia con el 25% se encuentran muy alejados de los primeros. Es decir, mientras algunos países europeos están comenzado a transitar hacia la digitalización, otros países como Holanda, Finlandia o Dinamarca podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que son países ya plenamente digitales en lo que a su sistema financiero se refiere.

Si en Europa la banca por internet ha registrado crecimientos importantes en esta última década, algo similar está sucediendo en américa latina. Así, según el último Informe de Tecnocom: Tendencias en medios de pago, la banca online y móvil continúan recortado distancia a la forma de hacer banca tradicional. Entre los países latinoamericanos, y de acuerdo con el citado informe, es Perú el país que más ha incrementado el número de operaciones entre los años 2013 y 2016 con un 79%. Otros países como Brasil lo han incrementado en un 18,4%, Colombia en un 15,8% o Chile en un 13,1%. México por su parte sólo ha incrementado su número de operaciones en un moderado 6,7% en el mismo periodo, lo que le sitúa en una posición bastante rezagada en relación a otras naciones latinoamericanas.  Por lo tanto, y al igual que sucede en los países que conforman la Unión Europea, también en Latinoamérica la digitalización del sistema financiero se mueve a ritmos diversos en cada país.

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México, por consiguiente, se está quedando muy rezagado en lo que a la digitalización bancaria se refiere y es que más del 40% de los mexicanos no utiliza la banca en línea y prefiere acudir a su oficina bancaria física. Si a este hecho le añadimos que como señalaba la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera del año 2016 tan sólo el 44% de la población mexicana adulta tiene una cuenta de débito (en Alemania este porcentaje es del 99%, Reino Unido 96%, Corea 95%, Francia 94%, Estados Unidos 93%, China 84%, India 80%, Chile 74%, Brasil 70% o Turquía 69%) y que de esa cifra sólo el 16% de los usuarios tiene contratado la banca en línea, la situación se torna aún más preocupante.

¿Cuáles son las razones que llevan a los mexicanos a no utilizar la banca en línea del mismo modo que se utiliza en otras latitudes? Según varias encuestas realizadas al efecto tres son los motivos principales: en primer lugar, la falta de confianza en la seguridad de estas plataformas, en segundo lugar, porque las consideran difíciles de utilizar y finalmente porque el usuario bancario no tiene muy claro cómo y dónde deben contratarlas.

Las ventajas que tiene la utilización de la banca en línea para el cliente son evidentes. Entre ellas podemos citar:

  • El ahorro de costes para el usuario, ya que en muchos casos su uso implica gratuidad o tarifas más reducidas que las que pagaría acudiendo a su sucursal.
  • El ahorro de tiempo, ya que se pueden realizar operaciones bancarias desde casa, desde el trabajo… sin necesidad de desplazamientos.
  • Mayor amplitud horaria, ya que este canal de comunicación abre todos los días del año y las 24 horas del día.

En definitiva, su uso supone mayor agilidad para el usuario, menores costes y mayor amplitud horaria. Además, los bancos suelen ofrecer a través de este canal depósitos con mayores intereses o hipotecas más económicas.

Por todas estas razones, si el sistema financiero mexicano no quiere seguir quedándose rezagado en relación al resto de las economías de la OCDE, tiene que demostrar a sus clientes que son instituciones plenamente confiables y que la banca en línea es tan confiable como cualquier otro canal de comunicación del cliente con su banco. Adicionalmente, tiene que realizar diversas campañas en prensa, en escuelas o mediante talleres formativos en los que se muestre y conciencie al potencial usuario de la banca en línea que la utilización de esta herramienta es sencilla y accesible para cualquier potencial usuario y debe poner a disposición de estos usuarios un servicio de soporte en línea eficaz y didáctico que sea capaz de resolver las dudas operativas de los usuarios en un tiempo reducido.

Finalmente, hay que ser conscientes que a día de hoy hay muchos más mexicanos que tienen acceso a internet que los que tienen abierta una cuenta bancaria en una entidad bancaria tradicional. Por tanto, si queremos seguir avanzando en la inclusión financiera en México, internet nos ofrece una herramienta con un increíble potencial que el sistema bancario mexicano no puede dejar de lado.

*Doctor en Economía y experto en temas de banca, finanzas y hacienda.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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