Energéticos, lácteos, electrónicos, zapatos, cinematrografía, carne y artesanías forman parte de la lista de productos que hoy intercambian los países jaguar. Las perspectivas de crecimiento indican que en cinco años podría duplicarse el intercambio comercial y llegar a 20,000 mdd.

 

Por José Juan Muñoz y Abril Rodríguez

Hace 10 años, la empresa mexicana Cinépolis hizo una apuesta de crecimiento poco común: decidió iniciar la internacionalización de sus negocios en Centroamérica con la apertura de salas de cine en Guatemala y Costa Rica, primero, y luego El Salvador, Panamá y Honduras.

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Esa fue la alternativa de expansión por la que apostó la firma ante la saturación de salas de cine que se vivía en México. Pero, ¿por qué ir a mercados más pequeños si justamente en aquellos años se celebraba una década del Tratado de Libre Comercio de América del Norte?

“Elegimos Centroamérica por la colindancia geográfica, por las similitudes de idioma y cultura con México”, dice Ramón Ramírez, director de Relaciones Institucionales de Cinépolis.

La estrategia fue buscar empresarios locales interesados en coinvertir y esquemas de arrendamiento en centros comerciales.

Actualmente, Centroamérica representa 3% del total de la asistencia (venta de boletos) de los países en los que opera la cadena cinematográfica, una cifra que aunque es pequeña, mantiene “oportunidades de crecimiento”, comenta Ramírez.

Además, incursionar en la región fue clave para llegar a Sudamérica, primero a Perú y Colombia, luego a Brasil y Chile.

Cinépolis es una de las empresas mexicanas (grandes) que tienen presencia en Centroamérica. Otras son Rotoplas, Mexichem, Grupo Kuo, Mabe, Elektra, Cemex, América Móvil y Gruma.

Pero lo que se observa, no es una tendencia unidireccional. Del lado de los empresarios centroamericanos también se registra la llegada de empresas del Istmo al país azteca, además de una creciente operación de firmas que llevan varios años en México ofreciendo sus productos o servicios, o bien, manufacturando ahí.

Algunas de estas empresas son Copa Airlines, Grupo Karim’s, Avianca, La Riviera y la guatemalteca Pantaleón.

Las inversiones mexicanas en la región son diversas, desde telecomunicaciones y entretenimiento hasta alimentos, manufacturas y energía, que suman cada año unos 5,226 millones de dólares (mdd), de acuerdo con cifras del Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext).

El intercambio comercial entre México y Centroamérica sumó 10,900 mdd el año pasado y, durante los últimas dos décadas ha crecido a una tasa anual de 13.3%. “Esta región crece muy por arriba de lo que crece el promedio del comercio mundial”, comenta Enrique de la Madrid Cordero, director general de Bancomext.

Y así como grandes empresas mexicanas han aterrizado en Centroamérica, esta región también ha comenzado a ser atractiva para las pequeñas y medianas empresas (Pymes).

Firmas mexicanas de calzado han encontrado oportunidades de negocio en la región y, actualmente, entre 3 y 4% de las exportaciones de calzado tiene como destino Centroamérica. En 2012, las exportaciones mexicanas de calzado ascendieron a 10.16 mdd y, en 2014, la cifra llegó a 13.37 mdd, detalla Luis Rojas, titular de Cofoce.

Las Pymes centroamericanas también han encontrado oportunidades de negocio en México, como el fabricante de bolsos y zapatos Makario’s Artesanos, que vende sus productos —confeccionados con textiles típicos— en la boutique del hotel Mayab (Cancún, Quintana Roo) y en la tienda Bazarte (San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

“Generalmente los clientes vienen directamente a la tienda (ubicada en la ciudad guatemalteca de Panajachel) por el producto.

Makario’s Artesanos es una de las empresas de la región que han probado fortuna en México, un país que el año pasado recibió 1,331 mdd de inversión extranjera proveniente de Centroamérica, según Bancomext.

Entre los retos que esta pyme ha enfrentado para ingresar el mercado mexicano están las restricciones aduaneras. “Si el producto no va bien etiquetado, se detiene en aduana; además, si el importador (mexicano) no está registrado, se decomisa la mercancía”, añade Makario.

El tratado de libre comercio entre la región y México ha eliminado algunas barreras arancelarias, pero todavía persisten trabas de tipo burocrático, pues hay productos que requieren hasta 50 permisos. “Si se eliminaran las barreras no arancelarias entre México y Centroamérica, tendríamos mercados más eficientes”, opina Jorge Briz, presidente de la Cámara de Comercio de Guatemala.

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Hacia un bloque

En 2011, los gobiernos de México, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua firmaron el Tratado de Libre Comercio Único. En ese momento, la región era el cuarto destino de la inversión mexicana en América Latina.

Por su cercanía geográfica, particularmente para la región sur-sureste de México, Centroamérica representa un mercado de 50 millones de habitantes.

Los tres principales productos agroalimentarios que exportó México en 2011 a los países centroamericanos fueron alimentos con un contenido de sólidos lácteos, aguacates y otras preparaciones, además de televisores, medicamentos y aceite crudo de petróleo.

Aunque México y Centroamérica son mercados naturales y tienen en marcha un acuerdo para el libre comercio, la región representa menos de 5% de las exportaciones de México, que se concentran en más de 80% en Norteamérica.

Según datos del Banco de Guatemala (Banguat), retomados por la Cámara de Comercio de Guatemala, los principales socios de la región después de Estados Unidos son Alemania, Holanda, Bélgica, Grecia, Italia, Francia, Finlandia, Eslovenia, Letonia y Luxemburgo. Esa región europea es el tercer socio comercial más importante para Centroamérica.

Pese a ello, se tiene confianza en el potencial de la región. “Centroamérica debería ser un mercado cada vez más natural para las empresas mexicanas”, asegura Enrique de la Madrid, de Bancomext.

De hecho, las empresas son las que fomentan la integración entre México y Centroamérica. Bancomext, la entidad bancaria gubernamental mexicana encargada de financiar proyectos empresariales enfocados en comercio exterior e inversión, tiene registros en cuanto a que al menos 50 de sus clientes tienen operaciones en Centroamérica.

“Aunque no tenemos un crédito asignado específicamente para esa zona, quiere decir que parte del dinero que les prestamos lo están usando para financiar sus operaciones ahí”, añade Enrique de la Madrid.

Dice que hay dos casos de empresas mexicanas que sí han solicitado créditos específicamente para abrir operaciones en países de Centroamérica. Uno es el Grupo Viz, dueño de Sukarne, que recibió financiamiento—cuyo monto prefiere reservarse para mantener el secreto bancario— para iniciar un proyecto ganadero en Nicaragua, que incluye la puesta en marcha de un rastro y una planta procesadora para producir y exportar carne. El otro es el grupo de hoteles CH, que tiene en marcha un proyecto de infraestructura hotelera en El Salvador y Costa Rica.

En materia de telecomunicaciones también hay proyectos. La mexicana América Móvil anunció la unificación de las tarifas en los países de Centroamérica, donde opera su filial Claro, un beneficio que podría incluir posteriormente a México. Por el momento, quedaron eliminadas las tarifas de roaming y llamadas internacionales entre Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

Otro ejemplo es el fabricante de llantas Bridgestone, que recientemente unificó sus operaciones en México y Centroamérica en un solo corporativo. “Se creó una nueva unidad de negocio que se llama México y Centroamérica, que a partir de este año atiende a México, Centroamérica, El Caribe, Ecuador y Colombia”, explica Daniel Benvenuti, presidente y director general de la nueva unidad de negocio, quien despachará desde tierra azteca.

Tras esta fusión, la filial vislumbra oportunidades de crecimiento en estos mercados. Actualmente, 80% del producto de exportación que se fabrica en la planta de México tiene como destino Estados Unidos y el resto América Latina, pero con la consolidación de los mercados la mezcla pasará a 60-40%.

 

Opciones para detonar

Enrique de la Madrid insiste en el potencial de la región para las empresas mexicanas. Asegura que, al ritmo de crecimiento actual, en máximo cinco años podría duplicarse el comercio exterior entre México y Centroamérica hasta alcanzar la cifra de 20,000 mdd.

¿De qué depende? El funcionario ha detectado dos sectores clave: energía y logística, que servirían no sólo para invertir y hacer negocios en ellos, sino para ser los catalizadores que detonen el resto de industrias, pues ambos permitirían reducir costos operativos de las empresas.

Recientemente Honduras, Guatemala y México suscribieron un acuerdo para que este último suministre gas a los países centroamericanos. “De completarse esa iniciativa, se podría generar energía térmica a 50% de la generación con un búnker”, comenta Miguel R. Mourra, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Tegucigalpa.

El boom del shale gas en Texas, EU, ha beneficiado a México, que construye el gasoducto de Los Ramones, un proyecto de infraestructura que conectará dicha región con el centro y sur del país.

México podrá acceder a gas barato —comprarlo a 4 dólares por BTU— y venderlo a Centroamérica a un precio menor de lo que pagan actualmente —en Guatemala, por ejemplo, se cotiza en 24 dólares por dicha unidad, según Bancomext—.

“Para México puede ser un gran negocio”, dice De la Madrid. “Puede ser gas que compres en EU o que puede ser extraído de la sonda de Campeche. Las próximas inversiones deben realizarse en gasoductos para llevar gas barato a esta región”.

La construcción de carreteras y el desarrollo inmobiliario son también una gran oportunidad para las empresas mexicanas. Ya hay ejemplos de algunas obras de infraestructura en la región realizadas por firmas mexicanas. ICA, por ejemplo, hizo una carretera que va del aeropuerto de Panamá a la ciudad.

México impulsa la creación de una zona franca en Chiapas, que incluye la construcción de un puerto logístico que busca conectar el sur-sureste de México con Centroamérica.

“Sabemos que hay una oportunidad de mejora en la infraestructura de Centroamérica”, añade el funcionario. La visión —dice— debe ser de integración, pues el sur-sureste de México comparte retos similares de desarrollo económico y social con Centroamérica, así como una afinidad cultural. Si se entiende esto, se estará dando un paso para detonar más negocios.

Y en cuanto a los empresarios centroamericanos, mucho podrían aportar al sureste mexicano con la construcción, por ejemplo, de plazas comerciales que hoy son un éxito en el istmo, consideran expertos.

 

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