Notimex.-  No solo mano de obra barata ofrecen los integrantes de la última caravana migrante que se encuentra en México, pues muchos de los que decidieron quedarse en el país cuentan con estudios y conocimientos en áreas administrativas, incluso en medicina.

Entre ellos se encuentra Jason Nahesmith Aguilar Vega, quien espera en la fila de una de las carpas que ofrecen “corte de pelo” en el Estadio Jesús Martínez Palillo en la Ciudad Deportiva de la capital; paciente aguarda para que sea su turno y así “mantenerse presentable”.

La intención de Jason, originario de Honduras, es dejar atrás su país y establecerse en cualquier estado de la República Mexicana para continuar con la carrera de Informática que dejó inconclusa.

“Para que me voy a la frontera (de Estados Unidos) si de todos modos me van a deportar. Yo quiero quedarme aquí, esa era mi idea desde que dejé mi casa, uh, desde el 5 de enero que me salí”, comenta.

 

Por una nueva vida

Jason tramitó su Tarjeta Humanitaria el martes y espera que le sea entregada este sábado para después poder “moverse con más libertad” y de ser posible terminar de estudiar para trabajar en alguna empresa.

Sus amigos, quienes hacían bromas durante la entrevista, guardan silencio cuando el joven comenta que no se ha podido comunicar con su madre, quien le pidió que abandonara su país, luego de un enfrentamiento que tuvo con los “mareros”.

“Mi mamá tenía un negocio donde vendía ropa y otras cosas, pero la extorsionaban con 20 mil lempiras (moneda hondureña) al mes, no me pareció y me peleé con uno de ellos, me dijeron que me iban a matar y mi mamá me dijo que me fuera”, relata.

A unos metros, acostado en el piso para cubrirse con la sombra de una de las camionetas que brindan servicios de salud, se encuentra Paolo Moisés Guerra y su novia; ambos saben hablar bien inglés lo que sumado a su color de piel los ayudó a pasar como “americanos”.

“Yo no vine con la caravana, ya estaba en México, no tengo intenciones de ir a Estados Unidos, sino de establecerme aquí para poder avanzar en mis estudios y trabajar”, señala el joven de 21 años, quien es pasante de la carrera de Microbiología.

 

Historias de esperanza

“Estoy esperando que me den la Tarjeta (humanitaria), la idea es poder buscar empleo sin tener el temor a Migración y poder conseguir una residencia. Solo es cuestión de que se den las oportunidades en medicina y demostrar las capacidades que tengo”, asegura.

Pero la mayoría de los que piensan quedarse no han elegido la capital, pues de acuerdo a lo que han escuchado, los mejores trabajos se encuentran en los estados el norte, donde les han contado que se paga con “billete verde” o un poco más abajo en Puerto Vallarta, Jalisco, donde hay mucho trabajo en turismo según narran los grupos de migrantes que aún se encuentran en el albergue.

“Allá (en Puerto Vallarta) llegaron algunos familiares y nos dijeron que encontraron trabajo, por eso queremos irnos con ellos nada más que nos entreguen la tarjeta”, dice la hondureña Iris Leticia García.

A diferencia de días pasados,  las carpas colocadas para los migrantes lucieron semi vacías, luego de que a las 4:30 horas comenzó el retiro de más de 2,300 personas para continuar su camino hacia Estados Unidos.

En el albergue aún continúan entre 500 y 600 personas en espera de la Tarjeta Humanitaria emitida por el Instituto Nacional de Migración.

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