Las minirrefinerías permitirían ahorrar costos derivados de la transportación de los productos terminados y contrarrestar lastres como el robo de combustibles.

 

Desde el 2009, Estados Unidos ha incrementado la oferta de crudo cerca de 4 millones de barriles diarios, gracias al desarrollo de nuevas técnicas como la perforación horizontal y el “fracking”. Ello, sumado a la negativa de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de recortar la producción, ha creado condiciones de sobreoferta de crudo en el mercado mundial que han impactado directamente los precios del mismo.

A partir de junio del año pasado, el precio de la mezcla mexicana de petróleo ha experimentado una caída de cerca del 60%, lo cual ha tenido repercusiones en las finanzas públicas. En respuesta a dicho escenario, la Secretaría de Hacienda decidió llevar a cabo recortes al Presupuesto de Egresos de la Federación 2015, que ascienden a 124,300 millones de pesos, equivalentes a 0.7% de PIB, a lo cual se suman medidas complementarias como eliminar la elaboración presupuesto inercial.

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El 50% de dicho recorte, 62,000 millones de pesos, equivalente a 11.5% de su presupuesto, provino de Pemex, específicamente de los recursos destinados a infraestructura, lo cual implicó la suspensión o aplazamiento de algunos proyectos como la reconfiguración de refinerías y los proyectos de gasolinas y diesel limpios, y la construcción de plantas transformadoras de diesel ultra bajo azufre en Madero, Minatitlán, Salamanca, Salina Cruz y Tula.

La transformación de Pemex de empresa paraestatal a empresa productiva del Estado, ciertamente reclama un manejo responsable de las finanzas que asegure la sustentabilidad de la empresa y de los miles de industriales que aún se desenvuelven en torno de ella. Precisamente por estas razones es importante procurar que la inversión en infraestructura no se detenga, pues de ella no sólo dependen empresas nacionales, sino el futuro energético, económico y ambiental de la sociedad mexicana.

De 2008 a 2012, Estados Unidos logró aumentar la producción de hidrocarburos de forma notable. Así, actualmente Estados Unidos es uno de los mayores productores de gas natural en el mundo, con una producción diaria de 65,000 millones de pies cúbicos al día.

De acuerdo con el Instituto Americano del Petróleo, gran parte del incremento de la producción mencionado anteriormente, se debió principalmente a la inversión en infraestructura realizada desde 2009. De 2010 a 2013 (periodo que coincide con la recesión económica), la inversión en infraestructura energética por parte de Estados Unidos se incrementó 60 %, pasando de 56.3 mil millones de dólares en 2010 a 89.6 mil millones de dólares en 2013, lo que no sólo representó un estímulo a la economía estadounidense, sino que ayudó a hacer que el país vecino sea hoy día el líder global en crecimiento de capacidad de producción de crudo, lo que en poco tiempo lo llevará a ser energéticamente autosuficiente. Lo que nos recuerda que en épocas de dificultad económica existen alternativas para renovar, mantener y construir nueva infraestructura.

La importación de cerca de 50% de las gasolinas que se consumen representa un área de oportunidad en nuestro país, pero también una oportunidad de negocio hacia el futuro. De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Energía, la demanda de gasolinas crecerá 79.5% en 2012-2027, de tal manera que al final del periodo se ubicará en 1,442.1 millones de barriles diarios (mbd); lo mismo con el diesel, que crecerá aproximadamente 71.5% en el mismo lapso.

Acostumbrados a construir refinerías de alta capacidad diseñadas para producir entre 330 y 155,000 barriles diarios, hemos dejado pasar la oportunidad de hacer refinerías con menor capacidad y menor costo.

Hoy, la reforma energética abre la posibilidad de realizar inversiones privadas para construir varias refinerías más costeables, con capacidad para procesar entre 50,000 y 30,000 barriles. Distribuidas a lo largo de la República, éstas tendrían la ventaja de satisfacer la demanda a nivel regional, resolviendo, de paso, el problema de abastecimiento, una dificultad que atraviesan regiones como Yucatán. Además, estas pequeñas refinerías permitirían ahorrar costos derivados de la transportación de los productos terminados mejorando, de paso, lastres como el robo de combustibles.

Un sistema de 4 o 5 refinerías de este tipo permitiría que el mantenimiento de las grandes refinerías tuviera menos impacto en la producción de gasolinas y supondría un alivio al crecimiento de la demanda, todo ello sin considerar la derrama económica que su construcción, operación y mantenimiento supondría para los contratistas proveedores de servicios para la industria nacional de hidrocarburos.

 

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