Las mujeres indígenas que viven en las zonas rurales de México son el sector más vulnerable de la población y es que nacer con estas características es casi una señal de desarrollarse en condiciones de pobreza y que las probabilidades de acceder a niveles de estudio superiores o puestos laborales altos se reduzcan. 

Esta semana se dieron a conocer datos contundentes que revelan las condiciones precarias en las que nacen y se desarrollan las mujeres indígenas mexicanas.

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Por un lado, el informe 10 años de Medición de Pobreza en México 2008 -2018 elaborado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), informó que 84.3% del total de la oblación de mujeres indígenas en zonas rurales son pobres y 45.7% de ellas viven en situación de pobreza extrema. 

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Las personas que viven en situación de pobreza extrema no cuentan con el ingreso necesario para adquirir productos de la canasta básica, habitan en viviendas que no cuentan con servicios básicos, no tienen acceso a seguridad social o servicios de salud y tienen rezago educativo. 

El Coneval evaluó por separado a estos sectores de la población mexicana, es decir, los indígenas, las mujeres y las personas que viven en zonas rurales y las condiciones en las que se desarrollan no son alentadoras. 

De la población total de indígenas en el país, por ejemplo, 74.9% de ellos son pobres, de los cuales 35.6% viven en condiciones de pobreza extrema. En tanto que 39.4% de la población no indígena era pobre y 5.6% presenta pobreza extrema. 

Las mujeres mexicanas también tienen niveles de pobreza más elevados que los hombres, los datos del Coneval señalan que en 2018 42.4% de la población femenina era pobre y 7.4% pobres extremas; en tanto que 41.4% de los hombres que viven en el país son pobres y 7.5% presentan condiciones de pobreza extrema. 

En el caso de la población rural frente a la urbana, ocurre lo mismo. Los datos de 2018 apuntan que 55.3% de la población rural vive bajo condiciones de pobreza y 16.4% en pobreza extrema, frente al total de la población urbana de los cuales 37.6% son pobres y 4.5% personas en pobreza extrema. 

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Pero la pobreza no es la única barrera para las mujeres indígenas, que por su tono de piel y pertenencia a un grupo étnico-racial tienen menores oportunidades laborales, tienden a acceder a un nivel menor de estudios y perciben menores ingresos.

Al menos esos son las conclusiones del estudio “Por mí Raza Hablará la Desigualdad. El impacto de las características étnico-raciales en la desigualdad de oportunidades en México”, elaborado por Oxfam México. 

Tomando en cuenta los resultados del Módulo de Movilidad Social Intergeneracional del Inegi, se apunta que, del total de personas consideradas así mismas como indígenas, 26.4% no concluyeron la primaria frente al 10.7% que se encuentran en esta misma situación son considerados blancos o mestizos.

En materia de empleo, las personas que son trabajadores manuales de baja calificación, se concentra la población indígena con 40.5% de personas que se ubican en este grupo y 18.8% las consideradas blancas o mestizas.

De acuerdo con el estudio, 41.7% de los indígenas se ubican en el quintil 1 de riqueza, es decir de los ingresos más bajos; frente a 14.2% del grupo de personas consideradas como blancos o mestizos.

 

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