Por Gizelle Rivera*

La analogía del Bonsái

En su intento por contestar la pregunta ¿por qué la gente es pobre?, Muhammad Yunus argumenta que la pobreza no es creada por los pobres, es creada por un sistema que está por encima de todo y de todos. Explica que es como si se quita una semilla de un árbol alto y frondoso, y se siembra nuevamente, pero esta vez se recorta constantemente para mantenerlo enano; así el sistema no les brinda el espacio necesario a los pobres para crecer en sus capacidades. “La gente pobre es gente bonsái, y no es la semilla ni algo interno nocivo en las personas lo que las frena a crecer, es algo que el sistema les ha negado”, comentó.

“Si el sistema crea la pobreza, hay que cambiar el sistema”, dice el Nobel de la Paz. Las instituciones tradicionales tienen siempre los mismos resultados y así nada cambia, pues es el mismo sistema el que ha creado y mantiene estas problemáticas; pero si se busca alcanzar una mayor cobertura de personas -especialmente de los estratos más bajos- y mediante la generación de emprendimientos sociales, se atacan así las problemáticas de la Agenda 2030 que intenta poner fin a la desigualdad, a la pobreza, a las injusticias y al cambio climático.

Negocios con propósito y el impacto en la Agenda 2030

El sistema nos ha remarcado y nos recuerda día a día que vivimos en un mundo egoísta, y que el egoísmo es la fuerza que dirige al ser humano en sus decisiones y en su actuar. Pero Yunus cree que las personas son aún más complejas que eso, y que también pueden actuar de forma desinteresada; y en esta dicotomía establece que existen dos tipos de negocios: Los negocios tradicionales que buscan solamente la generación de utilidades; y los negocios sociales cuyo enfoque se encuentra en el valor de la causa, y en dar soluciones a las problemáticas de la humanidad de manera sostenible.

Y si se trata de afrontar los grandes retos del planeta, no debemos sentarnos a esperar soluciones que provengan solamente del gobierno o las empresas, “cada persona es responsable de sus problemas y de sus soluciones”, dice Yunus. De esta manera, los emprendedores sociales contribuyen con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, que llama a “no dejar a nadie atrás”, y en el que la paz, la prosperidad y el bienestar de las personas, el desarrollo y el cuidado del medio ambiente, sean las formas de medir el éxito.

Un mundo de tres ceros

Muhammad Yunus precisa que “todos los problemas se han creado por un pensamiento equivocado”. Explica que el mundo necesita un nuevo entendimiento y un nuevo destino, pues estamos transitando por un camino que nos llevará a la destrucción en pocos años. Lo cual se hace evidente en los efectos climáticos que están a punto de volverse irreversibles, en las desigualdades y la pobreza, y ante la próxima amenaza de la Inteligencia Artificial que viene a desplazar el empleo y las capacidades humanas. También hizo un enérgico llamado a mejorar nuestra realidad de manera urgente y a actuar a favor de un mundo de tres ceros: cero pobreza, cero desempleo y cero emisiones netas de carbono.

El filántropo enfatizó que la participación de los jóvenes en el emprendedurismo social es primordial pues “son la generación más poderosa de toda la historia humana”, ya que la tecnología y la innovación los vuelve imparables. Les pide que no se conformen con buscar un empleo, sino que se atrevan a ser emprendedores y generadores de trabajo. Argumentó que “el trabajo es el fin de la creatividad” y alentó a los jóvenes a que exploten su creatividad y sus capacidades. “Es mejor hacer lo que eres”, dijo el Profesor Yunus en conferencia.

Finalmente, son los emprendedores sociales quienes han fijado sus esfuerzos en los enormes problemas que conciernen a la humanidad, y proponen soluciones mediante productos y servicios innovadores que tienen un impacto positivo en las personas y en el planeta. Estos pioneros de los negocios con propósito se han convertido en visionarios de los negocios que ayudan al mundo y tienen mucho por hacer.

*Maestra en Economía y Política Pública por el Tecnológico de Monterrey y la Universidad de Georgetown.

 

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