DW.- En realidad, ya hay suficientes libros sobre Adolfo Hitler. Especialmente en los últimos años se han publicado muchas biografías de Hitler de historiadores de renombre. Ahora, otro historiador se ha aventurado en el tema. Se trata del irlandés Brendan Simms, profesor de Historia de las Relaciones Internacionales en la Universidad de Cambridge. Su libro, de más de 1,000 páginas, fue publicado en inglés en otoño de 2019, y esta semana sale a la venta su traducción al alemán.

Una nueva biografía de Hitler es siempre un acontecimiento en Alemania. Ya una semana antes de su publicación, el semanario Der Spiegel publicó una entrevista con Simms en la que este confirmó su tesis principal: la fuerza impulsora de Hitler en la política interna y externa nació de una relación de amor-odio con el mundo anglosajón. No fue el miedo al bolchevismo y a la Unión Soviética lo que desató el Holocausto, la guerra y la destrucción, sino la pulseada con Gran Bretaña y Estados Unidos.

Envidia y admiración

Las experiencias de Hitler durante los años 1914-1918 fueron determinantes: “La admiración y el respeto hacia Gran Bretaña surgieron de sus experiencias en la Primera Guerra Mundial. Hitler se refirió repetidamente a la dureza de los británicos, tal como la había experimentado en el frente”, según el historiador.

Según Simms, incluso el antisemitismo no habría surgido principalmente de un profundo odio hacia los judíos, sino de la lucha con el “capitalismo global”, con base en Estados Unidos. Allí eran los judíos quienes manejaban las palancas del poder. Entonces, ¿debería volver a evaluarse la opinión general sobre Hitler y sus motivos?

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Varias minuciosas biografías de Hitler han presentado diferentes perspectivas en los últimos años. La obra estándar sigue siendo la biografía en dos volúmenes de Hitler del autor británico Ian Kershaw, publicada en 1998-2000, en la que ese historiador se centró principalmente en la interacción entre Hitler y el pueblo alemán.

Según la tesis de Kershaw, Hitler pudo actuar como lo hizo porque los alemanes “trabajaron a su favor”, es decir, prepararon por iniciativa propia el terreno para la ideología nacionalsocialista.

Críticas sobre el perfil de Hitler en la obra

La forma en que se debe interpretar a Hitler y su política ha sido durante mucho tiempo objeto de disputa entre dos grupos de historiadores. Por un lado, los llamados “internacionalistas” veían a Hitler como un líder decidido y fuerte, cuya forma de ejercer la política y cuya ideología habían influido decisivamente en la época más oscura de Alemania, entre 1933 y 1945. Por otro lado, los llamados “estructuralistas” se centraron más en el juego por el poder entre los grupos que competían dentro del régimen nacionalsocialista que en el peso político de Hitler.

Y ahora llega el libro de Brendan Simms, “Hitler: Una biografia global”. Después de su publicación en los países de habla inglesa, las reacciones fueron mixtas. El diario The Guardian criticó con vehemencia la tesis principal de que la política de Hitler se había guiado solo por su fijación en Gran Bretaña y Estados Unidos. En la plataforma de internet “History News Network”, un historiador criticó que el irlandés asumiera que Hitler era “mentalmente estable” y una persona “racional”: “Simms lo acepta como una persona impulsada por una ideología, con una superestructura intelectual claramente definida, y no como un sociópata profundamente inseguro y narcisista”.

¿Alemania como contraparte de Estados Unidos?

Aparte del enfoque en la política, la sociedad y la cultura anglosajonas, también otros aspectos son centrales en la biografía de Simms: Francia, y también la Unión Soviética, desempeñaban solo un papel subordinado en la vida de Hitler, precisamente porque los alemanes no consideraban, según Simms, a esas naciones como serios competidores, y en el caso de la Unión Soviética, esta durante mucho tiempo ni siquiera fue considerada como un peligro.

Según Simms, Hitler fue antisemita por su profunda aversión a la potencia mundial del capitalismo, Estados Unidos. “De hecho, se convirtió en antisemita, en gran parte, por su odio a las potencias capitalistas anglosajonas”.

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En síntesis, Simms postula que “toda la estrategia de Hitler consistió principalmente en utilizar el peligro del bolchevismo para ejercer una influencia política sobre Alemania, Europa y sobre todo el mundo anglosajón”. Una tesis audaz, que ocupará, de ahora en adelante, a muchos historiadores, y no solo en Alemania.

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