Por Diego Echegoyen Rivera*

Existe una poderosa red invisible que conecta los puntos ciegos que la economía y el mercado aún no abarcan. Se trata de una estructura flexible y sin registros claros sobre las transformaciones que aporta a las personas, a las comunidades y a los países; posibilita poderosos resultados en las personas y las comunidades. El emprendimiento social ha introducido múltiples ramificaciones que exponen la condición más humana.

El emprendimiento social no busca establecer un banco de favores, busca ante todo brindar respuestas integrales y sostenibles con corresponsabilidad; responde a las fisuras que se manifiestan, cada vez, con más fuerza en la macroestructura social. Los académicos europeos se refirieron a esta dinámica como “la solidaridad como factor de desarrollo”, porque entendieron que la implicación de la vocación humana en donde fallaba la mano invisible es clave para que la sociedad avance en igualdad.

El emprendimiento social crea una nueva generación de empresarios, porque aprenden a gestionar recursos y desarrollar herramientas que dimensionan a partes iguales. La gestión organizacional y la medición del impacto en la comunidad sucede a partes iguales; asimismo crea una comunidad de héroes anónimos, porque cada apuesta ha sido una gesta para derribar los molinos de viento de la desigualdad.

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La dinámica del emprendimiento social no puede, ni debe ser ajena al futuro interconectado y digital. En su exposición, durante la entrega del Premio Internacional Novia Salcedo, el Rey de España, Juan Felipe VI, apeló a “la creación de conocimiento compartido y la innovación social” como una solución para sacar adelante a la sociedad actual, pues son dos condiciones fundamentales para la sociedad que transcurre paralela a la cuarta revolución industrial, se trata pues, de encontrar la armonía en las apuestas por el futuro.

El desarrollo de plataformas y proyectos sociales generan un claro impacto económico, y por supuesto, pueden ser sujetos de medición y ser perfectamente redituables. Se ha creído que un proyecto social solo puede sobrevivir a causa de la beneficencia y el mecenazgo, pero se puede manifestar un impacto social en múltiples dimensiones: hacia atrás de la cadena para una empresa de producción, en la inclusión del recurso humano, o en la distribución de productos con origen de conciencia social, así como la vocación ambiental, por ejemplo.

Un banco cooperativo que promueve la economía horizontal, el cual posibilita el acceso al crédito para asegurar la movilidad económica de los más desfavorecidos en Honduras, o un grupo de jóvenes que, bajo el espíritu de transmitir herramientas para la vida, procuran la integración de los jóvenes en su comunidad en El Salvador… son también dos ejemplos de emprendimiento social, pero habrá que dotarles de tecnología y sus respectivas herramientas, para que animados por la versatilidad, tengan un impacto intensivo en sus ejecuciones.

La tesis de la nueva Responsabilidad Social Corporativa deberá basarse en una mirada integradora sobre el impacto en la comunidad y el compromiso central por la transformación de las personas, tanto en el entorno interno, como en el espacio externo, sin olvidar que el emprendimiento y la innovación social también mejoran procesos gubernamentales.

En esta gesta habrá que apelar al sentimiento. Si, a las emociones. Las ciudades de concreto y los grandes planes para el mundo que viene, deberán establecer como el centro de todo esfuerzo a la persona. El entusiasmo y el optimismo están hechos de fibra humana.

Emprender no es fácil en el crossover tecnológico y social de la economía del conocimiento, pero costará mucho más en el veloz futuro; la nueva economía usa herramientas novedosas, pero sigue acentuando desigualdades como el analfabetismo digital y establecerá nuevos dilemas éticos como la dependencia o autonomía de las máquinas. Allí será crucial la solidaridad y la mirada entusiasta de los que desarrollen emprendimientos innovadores y humanos.

*Consultor en Asuntos Públicos y Comunicación Política.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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