No se trata de la primera, segunda ni tercera llamada, las observaciones sobre los niveles de deuda y déficit del gobierno federal constituyen una de las principales preocupaciones para el Banco de México.

Agustín Carstens, al igual que las calificadoras de riesgo, han alertado sobre el aumento en los niveles de deuda y el déficit en cuenta corriente.

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En el segundo trimestre del año, el saldo negativo de la cuenta corriente de la balanza de pagos fue de 7,852 millones de dólares.

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Por otro lado, la deuda pública alcanza actualmente 45.7% como proporción del PIB, de seguir aumentando, en 2016 se registrarían los niveles más altos en los últimos 17 años.

Ante el deterioro, tanto Moody’s como Standard and Poor’s pusieron la calificación de México en revisión negativa. Una baja en la nota crediticia implicaría más volatilidad para el país.

“La realidad es que al inicio del año se enfrentó una situación compleja por la situación financiera de Pemex, hay un compromiso firme de Hacienda de fortalecer la posición fiscal e incluso dar indicadores más claros para darle seguimiento a las finanzas públicas. También han anunciado algunas acciones para 2017, como regresar a un superávit primario, pensamos que es importante, obviamente se debe actuar en consecuencia, la realidad es que ya con la opinión de calificadoras se ve que ya no hay mucha flexibilidad en materia fiscal”, señaló el gobernador del Banco de México.

El informe trimestral del Banco de México destaca que es necesario un ajuste en la política macroeconómica que contribuya a mitigar las presiones sobre el déficit de la cuenta corriente.

“De otro modo, el ajuste endógeno se  daría enteramente mediante una mayor depreciación del tipo de cambio real, lo cual podría poner en riesgo la evolución de los precios en la economía”, advierte el documento.

Banxico apunta a que es necesaria una respuesta de política más eficiente mediante un ajuste fiscal, pues el choque petrolero afecta directamente a los ingresos públicos, por otra parte, la reducción del gasto público tiene efectos más directos sobre la absorción interna de los derivados sobre una acción potencial de la política monetaria.

“El proceso de ajuste de la cuenta corriente es más eficiente si viene por el lado de las finanzas públicas y del gasto corriente. La relación fiscal y cuenta corriente son comportamientos que de alguna manera muestran que nos estamos acercando al límite de lo razonable, una actitud fiscal más prudente será más adecuada”, dijo Carstens.

 

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