Es miércoles por la mañana. En los pasillos del Papalote Museo del Niño, enclavado en la segunda sección del Bosque de Chapultepec, resuenan voces, gritos y risas. El bullicio remite a la hora del recreo en el patio de un colegio. Dolores Beistegui, la directora del recinto, bromea: son niñas y niños que deberían estar en la escuela, pero están aquí. En el fondo de sus palabras sobresale lo que resultó ser el remedio secreto para curar al museo de una herida de muerte provocada por la pandemia de Covid-19: el cariño de la gente por el Papalote.  

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Dolores Béistegui, directora del Museo del Niño “Papalote.” 7 de octubre 2021. Foto: © Oswaldo Ramírez

En una Ciudad de México con el 98% de los adultos mayores de 18 años vacunados contra Covid-19 con al menos una dosis, la vida pública se reactiva. En este desconfinamiento, espacios como el Papalote son un respiro para las familias que buscan recobrar la vida extramuros. “La razón por la que los papás traen a los niños aquí no es porque son irresponsables, es porque a sus hijos les urge experiencias de aprendizaje y actividades al aire libre. Ocupamos un espacio en el ámbito educativo que nadie más tiene, aunque no pretendemos sustituir a la escuela”.

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Brindan gel antibacterial a niños, antes y después de las actividades. 7 de octubre 2021. Foto: © Andrea Gama

En el momento en el que Dolores Beistegui cuenta a Forbes México que en su primer mes de reapertura han recibido a 25 mil visitantes (en un mes normal registraban 30 mil asistentes), hay decenas de niños por todo el museo. Sin embargo, no fue así durante 18 meses. Con la pandemia de Covid-19 vino el cierre en marzo de 2020 y con el cierre un shock: Papalote venía de dos meses financieramente complicados como resultado de la cuesta de enero y el regreso a clases.  “Fue como una mezcla de ciclón, incendio y terremoto. Se nos vino el mundo encima”, confiesa.

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Al cierre de cortina siguió el repliegue de todos los colaboradores para trabajar desde casa y pensar en “cómo seguimos en contacto con nuestro público, qué podemos aportar en estos momentos para vivir la experiencia Papalote fuera de una experiencia física. Después del shock inmediato, el momento nos obligó a pensar de otra manera, a voltear la mesa y pensar en cómo, utilizando las herramientas digitales, seguíamos en comunicación con estos miles de personas que necesitaban a Papalote. Creamos Papalote en Casa (PEC)”.

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Reapertura del Museo del Niño “Papalote.” 7 de octubre 2021. Foto: © Oswaldo Ramírez

Solo en abril de 2020 recibieron más de 200 mil usuarios en PEC, lo cual fue alentador para el equipo. Sin embargo, dos olas de contagios de Covid-19 después la autoridad sanitaria todavía no autorizaba la reapertura de lugares no esenciales. Esto significó un golpe de muerte para el Papalote: el fondo de reserva se agotaba y los ingresos de taquilla llevaban meses en cero. “Vino la parte retadora de estirar los recursos que existían, tomando decisiones muy drásticas, hasta que se nos fue acabando la gasolina y es ahí cuando hicimos ese llamado de auxilio”, recuerda Beistegui.

Y lo dice con todas sus letras: “cuando llega diciembre llegamos a la conclusión de que ya no había recursos para seguir adelante y que el 2021 lejos de ser más fácil iba a ser mucho más difícil. Fue ahí cuando se tomó la decisión, junto con el Consejo Directivo, de llamar a las cosas por su nombre y decir ‘hay una posibilidad de quiebra, Papalote puede quebrar, es decir, no tener dinero y por lo tanto no poder operar y por lo tanto cerrar sus puertas’”. Casi un año después de cerrar sus puertas, recortes salariales y salidas de colaboradores incluidas, el museo lanzó un llamado de auxilio.  

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Reapertura del Museo del Niño “Papalote.” 7 de octubre 2021. Foto: © Andrea Gama

Mediante una campaña de recaudación de fondos el Papalote se propuso recolectar 50 millones de pesos para salvarse de la quiebra, a casi 30 años de vida (nació en noviembre de 1993). “Si para el mes del niño, es decir en abril, no teníamos los resultados suficientemente alentadores, se acababa. La premura obligó a intensificar los esfuerzos y la respuesta fue de grandes donadores, desde los socios estratégicos o patrocinadores hasta centenas y centenas de donativos de 50 y 100 pesos de personas que decían ahí te va mi donativo porque tu proyecto me importa”.

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“Llegamos a 38 millones de pesos, un 70% de la meta, por lo tanto sí había condiciones para decir que este proyecto va, en cuanto existieran condiciones sanitarias, es decir una estabilidad para poder abrir con experiencia completa, tanto megapantalla con domo digital y por supuesto el museo”. El 11 de septiembre pasado el Papalote Museo del Niño reabrió sus puertas y en un mes de operación han recibido 25 mil visitantes. Sus pasillos vuelven a ser como el patio de un colegio, pero el episodio dejó enseñanzas, admite Beistegui.

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Dolores Béistegui, directora del Museo del Niño “Papalote “. 7 de octubre 2021. Foto: © Oswaldo Ramírez

“La pregunta es cuál es la pertinencia de los museos sobre todo en un cambio de era. Esta pandemia significa un cambio de era. La crisis sanitaria no ha terminado, sigue una crisis económica que apenas empieza y una crisis social. Esto nos obliga a repensar muchas cosas cada uno sobre cómo quiero vivir, qué tengo que empezar a hacer y que tengo que dejar de hacer. Los museos, o somos capaces de cuestionarnos sobre qué estamos haciendo para conectar con la gente o sigo en mi zona de confort. Como todo, hay museos que lo van a hacer muy bien y otros que quizá no tanto”, dice.

Agrega: “si en un Museo hay una conexión con la gente, funciona, si no hay conexión, no sirve. El reto de los museos en México y en el mundo es que exista esa conexión. Si no logro generar un diálogo entre tú y yo, si yo no te digo algo que te interese, al minuto me vas a decir encantado de conocerte y te vas. Es igual con un museo, si no hay esa capacidad de que la gente quiera saber más de nosotros, se va. Hay museos que sí generan esa convivencia y hay otros que menos. Nuestro reto es no pensar que no pasó nada, vino un terremoto que nos obliga a replantear lo que hacemos”.

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Reapertura del Museo del Niño “Papalote .” 7 de octubre 2021. Foto: © Oswaldo Ramírez

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Parte de la receta que siguió Papalote Museo del Niño para sobrevivir al golpe de muerte que significó la pandemia fue echar mano del cariño de la gente, convocar a una campaña de donativos, pero también retirar el exceso de grasa, dice Dolores. “Estamos en una etapa de reestructuración, con nuevo desarrollo organizativo. También de aprender funciones nuevas. Este cambio de era también pasa por competencias que vimos que son fundamentales y que no teníamos tan claro hace todavía dos años. Se trata de favorecer el ingreso de las competencias que generan mucho valor y deshacernos de las que menos”.

Esta semana el Museo estrena su primera exposición: Entre ladridos y maullidos, que se retrasó por la pandemia y se tuvo que adaptar a las condiciones actuales (medidas sanitarias, espacios abiertos, aforos controlados, desinfección de superficies). Como parte de su programa de reactivación, la exposición incluirá la proyección de una película en la megapantalla sobre perros de rescate, con la que esperan también atraer a un público mayor. También habrá actividades por el Día de Muertos y la temporada navideña. Tenemos una agenda muy llena, porque vamos para adelante”.

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Reapertura del Museo del Niño “Papalote. ” 7 de octubre 2021. Foto: © Oswaldo Ramírez

“Papalote es una institución increíblemente resiliente. Sabemos qué somos, qué hacemos y para qué lo hacemos, y eso nos permite generar una programación que cumple con las expectativas de nuestro público y por eso somos exitosos. Es un proyecto que siempre ha tenido un modelo de negocio que le ha permitido cubrir sus gastos de operación y tener una relación con patrocinadores, es decir toda una política de recaudación de fondos y con socios que nos escuchan, nos buscan y nos responden. Papalote es un proyecto sano, más fuerte que nunca y va para rato”, cierra.

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