Este martes, la News Media Alliance, una asociación de medios de comunicación en Estados Unidos que concentra a más de dos mil empresas, entre las que se encuentran el New York Times y el Wall Street Journal, hizo un llamado al Congreso Estadounidense para legislar el negocio de las noticias con el fin de acabar con el duopolio que supone Facebook y Google.

La intención, dice el comunicado es permitir que editores y medios puedan sentarse a discutir las condiciones de los productores de contenido frente a las exigencias que los dos mayores condensadores y distribuidores de contenido en línea tienen para así asegurar la disponibilidad a largo plazo del periodismo local producido por las salas de redacción de Estados Unidos.

En pocas palabras, los medios estadounidenses consideran que las condiciones, algoritmos y condiciones de pauta de Google y Facebook no sólo deciden qué medios pueden ser leídos e incluso, ser exitosos, sino va más allá: deciden incluso la supervivencia del periodismo, las características de la libertad de expresión y la permanencia o supervivencia de un medio de comunicación.

Las redes sociales digitales se han convertido en una de las principales fuentes de información y noticias no sólo en México, sino en prácticamente todo el mundo. Poco a poco, han ganado los espacios informativos que los medios tradicionales no han podido llenar y, además, algunos muy importantes como The Washington Post, sucumbieron ante el cambio de modelo en la distribución y comercialización de la información.

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En sí, las redes sociales y los motores de búsqueda como Google no producen noticias: son una especie de repositorio de información que se actualiza cada segundo con una cantidad de temas que resulta imposible para un solo medio de comunicación competir contra dichas plataformas.

Sin embargo, hay peligro latente para el periodismo en sí mismo, puesto que si las plataformas deciden qué medios pueden consultarse de acuerdo con sus estándares de distribución de contenidos, pueden desaparecer fácilmente del negocio a cualquier empresa que no se adecue a sus condiciones de mercado.

Ya hemos visto casos muy concretos en los que los algoritmos de distribución de contenido y los sistemas de compra de publicidad no sólo han colocado temas en la opinión pública, sino que incluso han tenido efectos sospechosos, como en el caso de las noticias falsas y las elecciones en Estados Unidos.

No obstante, legislar respecto a los contenidos en Internet puede ser muy arriesgado. En primera instancia hay que distinguir claramente entre contenidos y leyes de mercado y distribución. Cualquier intento de limitar o filtrar temas para que no se distribuyan en redes sociales y motores de búsqueda, es en sí mismo un atentando contra la libertad de expresión y ninguna empresa o búsqueda de ganancias debería estar por encima de ese principio.

Por otra parte, obligar a las plataformas a distribuir contenidos o a limitar otros, puede ser visto como una acción forzada de colocar temas en la discusión pública no porque la gente hable de ellos, sino porque estamos siendo obligados a consumirlos.

La discusión del tema, sin embargo, se antoja sumamente productiva para una ciudadanía digital que lentamente se da cuenta de los derechos y obligaciones que tiene y de cómo debe ir construyendo los principios de una convivencia a través de las plataformas.

 

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