Basta con navegar un rato entre las actualizaciones de Facebook o Twitter para constatar que muchas de las noticias que solemos compartir en redes sociales no están verificadas, vienen de portales nuevos, tienen títulos escandalosos o tienen fotografiadas alteradas. Y, sin embargo, seguimos compartiendo sin revisar si la información está verificada o, al menos, pudiera ser real.

En este contexto, cada semana nos llegan cientos de publicaciones que nos hablan de como subieron los precios del transporte, de los miles de propiedades que tiene un funcionario público o candidato, de los descubrimientos que muestran que al planeta le quedan dos horas de vida o de accidentes o tragedias en la ciudad.

Tales publicaciones serían muy inocentes o inofensivas si no fuera porque son parte fundamental del tráfico de noticias digitales que alimentan constantemente a las redes sociales y al propio Internet y que ayudan a formar a la opinión pública.

Los usuarios no solemos leer lo que se comparte, simplemente lo hacemos porque los titulares nos parecen interesantes o coinciden con nuestra forma de pensar. Y ese mal hábito ha convertido en un excelente negocio a los sitios de noticias falsas.

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La reciente prehistoria de las Fake News

Hasta hace un año, los sitios de noticias falsas abundaban en Internet con un sólo motivo: el clickbait, es decir la búsqueda de clicks con el fin de generar mucho tráfico en un sitio y de esa manera, vender publicidad digital. Así, si un sitio era constantemente visitado y sus contenidos eran muy compartidos podría colocarse mejor en los inventarios de páginas web en centrales de medios.

En otras palabras, mientras más visitado era un sitio, más solicitado era para colocar banners y más caro podrían venderse. Sobre todo, en plataformas de compra de medios digitales o compra programática. No obstante, Comscore ya había advertido sobre los fraudes en publicidad digital y Facebook se había lanzado con todo para acabar con el clickbait.

 

Cuando las Fake News se convirtieron en marketing político

Vistas así, las noticias falsas sólo eran una tomadura de pelo hasta cierto punto inocente: sólo se aprovechaban de los malos hábitos de los usuarios de Internet y de la ignorancia/automatización de plataformas y anunciantes.

No obstante, las elecciones en Estados Unidos mostraron una manera muy compleja de utilizar a las redes sociales y a las noticias falsas como propaganda política negra. No sólo se crearon sitios de Fake News que hablaban de la candidata demócrata, sino que los algoritmos de alcance en las plataformas hicieron lo suyo, logrando que las noticias de fuentes dudosas se consultaran más que las de fuentes confiables.

En México, dichos sitios han encontrado un nicho de mercado en la clase política, ya sea para autopromocionarse o para denostar a los contrincantes. Una táctica muy utilizada consiste en lanzar una noticia, ya sea falsa o verdadera, a través de un portal recién creado o hecho ex profeso e invertir en pauta publicitaria o alcance. De esta manera se matan dos pájaros de un tiro: por una parte, se logra colocar una noticia en redes sociales y por la otra, se logra evadir a sistemas de fiscalización de recursos electorales o gubernamentales, ya que las plataformas permiten el autoservicio publicitario, casi sin requisitos.

Los sitios de noticias falsas empiezan a convertirse en un negocio millonario gracias a la clase política que la utiliza como una estrategia de comunicación constante y de cierta manera contundente gracias a los malos hábitos de los lectores de Internet y redes sociales. No obstante, la mejor manera de cavar con un sitio Fake News es simplemente no leyendo.

 

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