La solidez de un gobierno, también se refleja en el estado que guarda su política exterior. No solo por el número de tratados internacionales firmados, ni por el número de las visitas de Estado y de gobierno realizadas; sino por la forma en la que se conducen las relaciones con países clave para el cuidado del interés nacional y por la participación en foros internacionales de impacto en la agenda nacional.

Poco se comenta acerca de la estrecha e importante vinculación entre la agenda nacional y la agenda exterior, cuando en realidad tendríamos que evaluar a los candidatos y sus propuestas por la capacidad de articulación entre ambas esferas.

La capacidad operativa y estructural del Poder Ejecutivo, deriva justo de su facultad para concatenar los esfuerzos entre los distintos órdenes de gobierno para transformar la política pública en acciones de gobierno que también impacten el posicionamiento del país en el escenario internacional.

Cuando pensamos en la agenda internacional, automáticamente nos remitimos a la visión global desde la que se construyen iniciativas regionales para erradicar los grandes problemas que aquejan (y han aquejado) a la humanidad desde hace ya varios años.

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Sin embargo, desde el lanzamiento de los Objetivos del Milenio para el Desarrollo (MDG por sus siglas en inglés) la comunidad internacional reivindicó el ámbito local como un espacio en el que se debe generar las iniciativas necesarias para el óptimo desarrollo de la agenda internacional.

De esta manera, los territorios locales (municipalidades, alcaldías, condados, etc.) han cobrado especial relevancia en su acción para desarrollar una agenda que la generación de políticas públicas nacionales que imparten globalmente.

Ante los desafíos y coyunturas por las que atraviesa el mundo el día de hoy, pensar en una agenda para el desarrollo nos resulta sencillo sí seguimos con una visión localista que permita involucrar a la sociedad civil con participaciones puntuales y acompañadas de estrategias de vinculación nacional e internacional.

La toma de decisión del electorado en México, no sólo debe contemplar las propuestas que satisfagan la expectativa en temas coyunturales de la agenda nacional como lo son seguridad, combate a la pobreza y desarrollo económico; se debería contemplar también, la agenda propuesta para el trabajo de México como actor global, dando seguimiento a las líneas de política exterior económica que han posicionado a México como un atractivo destino turístico y como un lugar atractivo para la inversión extranjera directa.

Por supuesto que la relación con los Estados Unidos es nodo en la política exterior de nuestro país, y una relación moderna, dinámica y que promueva procesos de movilidad humana progresivos es ahora indispensable. Ante la volátil estabilidad interna de EU, México necesita un presidente que tenga la experiencia y el interés de mantener la diversificación de la política exterior del país, conservando y fortaleciendo los lazos con regiones que representan para México la incursión en nuevos mercados y la participación en nuevos modelos de cooperación.

El fortalecimiento de la Agencia Mexicana de Cooperación (AMEXID) debe ser fundamental para alcanzar la adecuada vinculación en temas prioritarios como educación, desarrollo tecnológico e intercambio comercial y cultural. Dar continuidad y seguimiento a los trabajos realizados por esta Agencia, permitirá alcanzar objetivos de cooperación regional muy importantes en los que el liderazgo de México será muy importante.

La amplia red consular de nuestro país, ha alcanzado en los últimos 6 años una cobertura inédita de servicios de atención para los mexicanos en el exterior. Logros tan importantes como la instalación y funcionamiento de ventanillas de atención en trámites administrativos como el pago del predial, la impresión de actas de nacimiento y el acceso a programas sociales y educación gratuita para nuestros connacionales, han sido alcanzados gracias al trabajo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior, que con dinamismo y oportunidad ha avanzado hacia una cultura de la atención ciudadana.

La lectura de la política exterior es imprescindible en un candidato a la presidencia de la República. Es fundamental una visión global, progresista y abierta para plantear escenarios futuros, en los que no solo sea importante el desarrollo hacia adentro. Ya no son tiempos de mirar únicamente las agendas locales.

El mundo en el siglo XXI requiere liderazgos responsables, con visión global, que busquen construir un esquema nacional inserto en los esquemas de cooperación regional e interregional.

 

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