El 20 de junio el New York Magazine puso una cabeza al estilo <<Slack es una empresa aburrida. Por eso salir a la bolsa fue tan emocionante.>> La verdad es que a pesar de que tienen un sentido de humor un tanto de oficinista, su símbolo en la bolsa es WORK (que a mí me parece clarísimo), es una empresa fresca que tiene más idea de lo que hace que otras.  Su fuerte es permitir una comunicación clara y fluida, en el que todos los elementos que utilizas de forma digital y colaborativa se integren en un solo lugar.

Suena aburridísimo hablar de lo que realmente deja dinero y no de plataformas sociales en las que vas a compartir fotos y selfies, pero viendo a Microsoft sabemos que atender a corporativo, deja dinero. Su valuación creció inmediatamente al volverse pública, a las pocas horas había pasado de 38.5 la acción a 42 USD. Es así que al salir a bolsa superó la valuación de 21 mil millones de dólares. Esto es tres veces más de lo que la habían valuado sus propios inversionistas en agosto del año pasado, y más que Lyft (uno de los IPOs más esperados en Silicon Valley este año).

Pero aburrido, también puede ser inteligente. En un entorno en el que todos hablan desesperadamente de sí mismos, con áreas como “growth” desde el día uno y viéndose cambiando al mundo con su plataforma o software, lo que hace Slack es aburrido. Su modelo de negocio es así: vende un servicio de valor directamente a otras compañías por dinero.  Además, como muestra de su ‘sobriedad funcional’ puedo afirmar que, aunque Stewart Butterfield es conocido, Slack se conoce por su nombre y no por el de su CEO.

¿Aburrido o claro? Mientras que el registro para volverse público de Uber mencionó más de setecientas veces la palabra Plataforma, Slack no llegó ni a utilizar dicha palabra cuarenta veces. Sus oficinas y operaciones van creciendo con el mercado. Tienen oficinas en Australia, Canadá, Estados Unidos de Norte América, India, Irlanda, Japón y Reino Unido. ¿Dónde están las startups y empresas con necesidades de comunicación rápida y joven? Ya tenemos la respuesta.

El principal competidor de Slack formalmente sería Microsoft, más ahora con su reforzado Teams. Se dice que en su nuevo segundo aire, están adoptando su plataforma de manera intensa y tienen un plan para convencer a sus clientes corporativos de usarlo antes de que descubran Slack y se cambien. El tema con Slack es que es tan fácil, dinámico y abierto a todo tipo de documentos colaborativos, herramientas de trabajo y nuevas aplicaciones a través de su API.

El competidor informal y más doloroso, probablemente en América Latina y mercados emergentes, sea WhatsApp.  Es increíble que, aunque todos ha escuchado que lo barato sale caro, haya tanta gente utilizando grupitos de WhatsApp para hacer y buscar crecer sus negocios. Sin búsqueda avanzada, con un claro tema detrás del respaldo de datos, privacidad de usuarios y bases de datos compartidas, utilizar esa plataforma o permitir el uso de ese chat social para consumidor promedio (desde adolescentes hasta directores de empresa) como empresa es un riesgo potencial.

Muchas empresas exitosas, porque se pueden mover rápido, utilizan Slack. Shopify, Trivago, Lyft, Target, Autodesk, Deezer, Brains for rent, entre otras muchas. Como agencias si un cliente tiene Slack la plataforma permite canales compartidos, lo que facilita muchísimo la comunicación y no tienes que crear un grupo con el cliente y luego estar viendo por dónde se hablaron y dónde quedó la foto o el mensaje. Incluso puedes utilizarlo entre un cliente y varias agencias, una chulada.

El futuro está en la comunicación fluida con integraciones fuertes. Puedes concentrar una serie de utilidades sobre Slack desde el sistema para pedir vacaciones, a que Google Drive te notifique cada vez que te comparten o comentan un documento, a tener notificaciones de Google Calendar o aceptar/negar una invitación.  Lo que me encanta de Slack es que organiza las cosas del trabajo en donde van, en la caja del trabajo.  Esto permite que la gente no se distraiga en cosas personales cuando le estas preguntando sobre cosas del trabajo, cosa que claramente WhatsApp y similares, a excepción del cuasi-difunto Google Hangouts, no permite hacer.

 

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