Son muchas las razones por las que los padres deciden invertir en una institución privada, sobre todo está el deseo de que sus hijos estén mejor preparados para su futuro.

 

Por Geizel Torres

 

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La oferta de instituciones educativas privadas es muy variada; en gran parte, debido a que a pesar de los esfuerzos del Estado por mejorar los índices de la educación pública, todavía su oferta está muy por debajo si se compara con la de los colegios particulares.

La propuesta de los centros privados supera a la de las escuelas públicas no solo en temas meramente académicos, sino porque estos cuentan con mayores oportunidades para que los estudiantes desarrollen aptitudes artísticas o deportivas que conllevan a una formación más integral.

De hecho, según Rafael Rodríguez, presidente de la Asociación de Instituciones Educativas Privadas del Distrito 15-03 (AINEP) —el más grande del sistema educativo nacional—, en el país existen más de 4,000 instituciones educativas privadas, pero solo el 30% está debidamente acreditada por el Ministerio de Educación (MINERD).

Además, se estima que el 28% del total de los estu­diantes asiste a un centro educativo privado, es decir, casi 700,000 estudiantes logran movilizar a un sector que genera alrededor de 458,281 dólares anuales, lo que representa casi el 1% del Producto Interno Bruto.

A pesar de las diferencias que enfrentan los cole­gios privados con el MINERD por el tema de las tari­fas, son muchos los padres que optan por hacer un esfuerzo económico e invertir en la educación de sus hijos. Y el asunto no está nada fácil.

Quienes elijan un colegio privado deberán prepa­rar su bolsillo y presupuestar, al menos, 2,291 dólares anuales para matricular a sus hijos. Ese monto variará considerablemente dependiendo del tipo de institución: si es bilingüe, las tecnologías que imple­menta, la infraestructura que posee y las acreditacio­nes. Estas últimas son requisitos indispensables para familias nacionales o extranjeras que laboran para empresas internacionales y pueden llegar a ser tras­ladadas del país, pues les garantizan determinados estándares educativos.

Algunas certificaciones internacionales son SACS-AdvancED (Southern Association of Colleges and Schools), que es uno de los siete organismos acre­ditadores regionales reconocidos por el Council for Higher Education Accreditation (CHEA) de Estados Unidos. Además, hay instituciones certificadas por New England Association of Schools and Colleges (NEASC) que confirma la calidad de la educación en instituciones educativas desde niveles de preescolar hasta el universitario.

Actualmente tres colegios dominicanos (Saint Joseph, Saint Michael y Carol Morgan) se encuen­tran en proceso de acreditación Common Core State Standards Initiative, con lo que pretenden llevar la educación a los mejores estándares mundiales.

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¿Existe el colegio ideal?

Justo al término del ciclo lectivo 2013-2014, quizás muchos padres estén buscando una institución para matricular a su hijo por primera vez o valoran cambiarlo de colegio, es un pro­ceso que no debe ser apresurado. Y de hecho, la mayoría de las instituciones pri­vadas comenzará sus procesos de admi­sión hasta enero de 2015. Sin embargo, es bueno aprovechar los meses que quedan para evaluar los programas y las facilida­des que ofrecen los colegios.

Se estima que entre 15% y 20% de los ingresos familiares son destinados a finan­ciar la educación privada, siendo la prio­ridad del presupuesto de muchas familias después de vivienda y alimentación, pues los gastos educativos son vistos como una inversión para el futuro de los hijos.

Antes de tomar una decisión es impor­tante analizar las opciones que se ajustan al presupuesto personal o familiar. Todos tendrán fortalezas y debilidades que sope­sar, pero lo más importante es conocer qué tipo de colegio puede potenciar los talentos y las habilidades de los niños de forma más eficiente.

 

 

 

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