“Se va a poner peor”, nos dicen algunos, “ahora van a secuestrar y extorsionar” y hasta “traficar con bebés y con órganos”.

No sabemos si los órganos son Korg, Yamaha o Hammond, pero bueno, así está la psicosis y las opiniones en un país atemorizado que ha sido víctima de la propaganda de guerra y batalla para entender un tema complejo.

Me he topado con algunos “especialistas” que opinan así, lo que viene a confirmar que la ignorancia y los prejuicios no son exclusivos de las masas en redes sociales o que hay que investigar qué ligas tienen estos especialistas con la DEA.

La respuesta breve es que sin plata hay menos plomo. Todo es más difícil sin dinero, hasta delinquir. Los negocios se expanden con dinero, sin dinero se contraen.

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El mercado negro de las drogas —creado por la prohibición— ha convertido al pequeño maleante del barrio en el gran capo y ahora dueño de la ciudad, el que cierra restaurantes, compra autoridades y baila con quien quiera.

No es lo mismo mercados que delitos. Los delitos se combaten con policías y prevención, los mercados con principios económicos. Con menos recursos en las mafias le daremos más oportunidad a la policía y a los sistemas de justicia de operar. Con menos plata las mafias tendrán muy mermada su capacidad de reclutar corromper y amenazar.

Un poco más de fondo y más difícil de captar. Las mafias tienen una razón económica de existir y toman decisiones como cualquier empresario. La plata y el plomo son costos para el negocio, pero necesarios para comprar la protección oficial, crear lealtad en el equipo y competir contra los rivales.

Claro que hay psicópatas en el ambiente, como también los hay en los negocios y en la política, pero ejercer violencia sin razón económica es suicidio organizacional. Por ello, se dan los pactos entre la mafia y por eso hay ciudades dominadas por un cártel que trabaja la tranquilad de la plaza.

Cuando surge el pleito con un grupo rival y se siente amenazado, recurren a los bloqueos, los secuestros y las extorsiones para compensar, pero son medidas extremas, desesperadas, de poca inteligencia y de corta duración.

¿Qué harán las mafias cuando se regulen las drogas? Pues si yo fuera “capo de capos”, gozaría mi dinero con la nueva paz y quizá buscaría nuevas oportunidades para invertir. Tal como sucedió con la mayoría de los capos en Estados Unidos cuando se reguló el alcohol. ¡Viva Las Vegas!

Si fuera agricultor ilegal, quizá insertarme al programa de cultivo legal de marihuana y amapola. Si fuera un pequeño narcomenudista, pues buscar otra forma de ingresos. Si es legal, qué mejor, pues corro menos riesgos.

Si fuera un sicario, no sé, quizá esconderme porque ya no tengo plata y plomo que me proteja. No es lo mismo ser influyente que un “don nadie”.

Es interesante ver como un pueblo atemorizado inventa excusas para no hacer nada.

¿Cuál es la alternativa? Hacer más de lo mismo, más guerra, más Plan Mérida, más gasto militar, más mercado negro, más plata y más plomo para intentar “aquietar” a las mafias. Como si no supiéramos que es tanto como echar más sangre al agua con la esperanza de que no se acerquen los tiburones.

 

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