Por Alex Knapp

Un robot cuadrado, que se impulsa por una especie de ruedas de álabes similares a las de un barco de río, avanza sobre una superficie gris y arenosa. Su sistema de propulsión luce extraño en comparación con otros robots, como el famoso Curiosity de la NASA, pero le da una mejor tracción y le permite subir y bajar por las laderas. Aunque se mueve por lo que parece una superficie extraterrestre, la pequeña máquina se moviliza en una sala de simulaciones llamada Lunar Testbed (Banco de Pruebas Lunar), dentro del edificio del Instituto de Mecánica de la Tierra, en el campus de 151 hectáreas de la Escuela de Minas de Colorado.

Actualmente, la Escuela de Minas de Colorado ha llegado a una distancia años luz de su propósito inicial: capacitar a sus estudiantes en actividades de minería y en cómo utilizar los minerales. El colegio ahora entrena a los ingenieros que serán responsables de montar las colonias en la Luna, en Marte y lugares a donde nadie ha llegado aún. El papel de sus estudiantes en el espacio será esencial, dado que extraer materiales ya en un planeta o una luna será relativamente más fácil que transportarlos hasta allá. “Tenemos que encontrar los recursos. Tenemos que ingeniárnosla para saber cómo extraerlos”, dice Paul Johnson, el presidente de la universidad. “Tenemos que ingeniar cómo procesarlos. Y, en determinado momento, tenemos que llegar al punto en fabricar cosas”.

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Desde el otoño de 2018, la escuela (número 94 en el ranking Forbes de mejores universidades de EU, por arriba de instituciones como el Virginia Tech y Penn State), ha ofrecido varios diplomas en “recursos espaciales”, los cuáles van desde títulos de posgrado, maestrías y un doctorado. Los 75 estudiantes del programa llevan clases como Fundamentos de Recursos Espaciales, un programa muy amplio, e Ingeniería de Sistemas Espaciales, en el que los estudiantes proponen la construcción de naves y otros proyectos con materiales disponibles en la Luna o Marte. Otros seminarios se enfocan en qué temas económicos y legales podrían detonarse al colonizar el espacio exterior.

Paul Johnson, presidente de la Escuela de Minas, en Colorado.

Esto suena como ciencia ficción, pero la demanda por graduados de la Escuela de Minas es muy real. La industria del comercio espacial es enorme: 350 mil millones de dólares, impulsada por una generación de emprendimientos de Silicon Valley, com Space-X, de Elon Musk, y la firma satelital de Yuri Milner, Planet. Morgan Stanley calcula que los ingresos por la industria espacial llegarán a 1 billón de dólares en 2040. Y, a corto plazo, la NASA estará dando contratos por miles de millones de dólares en su meta de regresar a la Luna. Esta vez, con una presencia humana permanente. Una clave para tener una base permanente en la Luna es reducir la cantidad de suministros que se tienen que traer de la Tierra. “Si llevas a tu familia de Denver a Nueva York, pues, no necesitas cargar con todo el combustible par el viaje redondo, ni con toda la comida y otras provisiones”, dice Angel Abbud-Madrid, el director del programa de astroingeniería de la Escuela de Minas.

Ángel Abbud-Madrid, Director del Programa de Recursos Espaciales de la Escuela de Minas de Colorado.

La Escuela de Minas ha recibido mucha atención internacional en años recientes, así como de gente que trabaja en los laboratorios de la NASA o en firmas aeroespaciales por todo EU. Es por eso que todos los cursos de sus programas se ofrecen en línea también, lo que permite a la facultad satisfacer el interés que se ha generado. Asimismo, tiene un programa doctoral en residencia en el que los estudiantes pueden aprovechar los recursos de la escuela, como el Banco de Pruebas Lunar.

Los estudiantes tienen también la oportunidad de trabajar directamente en proyectos de la NASA, como el que lidera Abbud-Madrid de desarrollar brazos robotizados para las estaciones espaciales. El programa también fomenta el emprendedurismo. Cinco emprendimientos espaciales incluyen a estudiantes de la escuela entre sus fundadores, incluyendo startups creadas a partir del propio programa. Ejemplo de ello es Lunar Outpost, la firma que construyó el robot cuadrado en los experimentos del Banco de Pruebas Lunar. El robot se traza y pone pruebas a sí mismo con múltiples contratos comerciales y de gobierno, tanto para el propio dispositivo como para otras tecnologías como un sistema de monitoreo de la calidad del aire.

Abbud-Madrid considera los días actuales y observa un periodo similar a cuando se fundó la Escuela de Minas: el de la Revolución Industrial, cuando la infraestructura que soportó el camino de la aviación, los automóviles, los ferrocarriles y más, se creó. “Cuando sepas que tienes la infraestructura en el espacio para fabricar cosas en la Luna y en el espacio, entonces estarás dispuesto a ver cosas que no concebías que pudieran suceder. Ahí es cuando las empresas se emocionan”; dice.

  

 

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