La nueva realidad que impuso el Covid-19 abrió muchos debates; particularmente en todo lo que tiene que ver con la vida política y la administración y políticas públicas; la gente se pregunta -aún después de 2 años- si las decisiones, la gestión, la información y la forma en que se está trabajando, fueron las adecuadas.

Peor aún, no existe certeza; todavía no hay recuento preciso de los daños, los efectos sobre la economía, la salud, la ecología, la pobreza, educación y el trabajo se dejan sentir ya con más fuerza; la sombra de la corrupción permanece y los liderazgos políticos acarrean con el descrédito, la ineptitud e ineficiencia obvios y contundentes.

Esta crisis global hace evidente que es urgente una reforma a fondo de los procesos estructurales de relación entre la sociedad y los gobiernos. En lo que se refiere a gobierno, las tendencias y prioridades apuntan a lo siguiente:

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  • Innovación tecnológica. Imaginen todo lo que hay por hacer, block chain, inteligencia artificial, Internet de las cosas aplicadas en funciones públicas. No se trata de invadir o de espiar sino de aprovechar no más actual en favor del ciudadano.

Tramites, certificaciones, seguridad, combate a delitos, información, simplificación todos estos procesos a la mano de cualquiera. Trabajo remoto, educación a distancia, servicios de salud; la pandemia exhibió serias deficiencias, lo innecesario, costoso, inútil y excesivo de muchos organismos que ni siquiera justifican su existencia mas que para crear puestos, gastos y cargarle la mano al contribuyente.

Mucho se tiene que hace en términos de transparencia, el covid19 sirvió para confirmar la colusión burda de funcionarios en múltiples contratos, licitaciones dirigidas, simuladas y amañadas.

Las estadísticas de la pandemia ocultas, retrasadas, alteradas. Hasta la atención, disponibilidad de hospitales, pruebas, coordinación de instituciones y orientación pudieran haber sido más efectivas de contar con las plataformas multimodales y de inteligencia artificial para salvar vidas.

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  • Menos discurso, más eficiencia. La demagogia desbordo, discursos, evasivas, pretextos, justificaciones, culpas, discusiones, alegatos, promesas y más promesas, nada de eso sirve para paliar una crisis.

La ciudadanía busca respuestas claras, compromiso, reciprocidad; desafortunadamente a muchos nos les quedó de otra, sino que tomar lo que hay y aguantarse. Le toca a la sociedad exigir, demandar, fiscalizar, no olvidar, no ser tan ingenua, empoderarse y aumentar su autoestima para que no le sigan faltando al respeto.

Es con indicadores precisos que se deben tomar las decisiones y de cara a la sociedad, el presupuesto público debe formularse de manera integral, en condiciones igualitarias no es un instrumento personal o de grupo, disociado de la agenda nacional y muchos menos personal y caprichoso.

Los problemas son críticos, miles de niños y jóvenes ya tienen su futuro, el desarrollo y crecimiento hipotecados; las consecuencias reventarán más temprano que tarde; se requiere un viraje en la forma de ser ciudadano libre, determinante, independiente, activo y responsable, todo lo demás es atole con el dedo.  

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  • Nuevos liderazgos. Lo diminuto, iletrado, irresponsable y hasta estulto que resultaron los actuales dirigentes ya sea partidistas o de gobierno debería cimbrar a los votantes para dar un cerrojazo a dejar en manos de esa “clase política” las decisiones públicas.

Absortos en la crisis, el sistema permite que se cuelen al congreso y a todos los niveles de gobierno, toda clase de personajes bizarros, agrestes y zafios que salen muy caros, dilapidan los recursos públicos y terminan ahondando la corruptela.

La gente recurre a todo sin medir las consecuencias, vuelve a ser presa de engaños, simulaciones y cae en manos de la parentela, socios, incondicionales, encubiertos y famosos bajo contrato para que los mismos de siempre sigan ordeñando la vaca. Eso sí muy activos en las redes sociales, pero sin ninguna solución o resultado.

Ahora sí que como dicen, date cuenta amigX ciudadanX, inseguridad, carencias, la subida de precios, impuestos y la pobreza en aumento son como para que ya reacciones y exijas, demandes luches por un viraje.

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  • Cambiar el polo de la política. Actualmente los excesos, las aberraciones, el escándalo, Los chismes, el ridículo visual y la degradación predominan; los partidos y sus [email protected] siguen buscando publicidad mediante el escándalo; las ocurrencias e improvisaciones.

A la gente parece no importarle por quien vote siempre y cuando reciba su “apoyo”, mide la popularidad con likes, seguidores y posts en las redes sociales, no perfila, fiscaliza, medita su voto, se suma al acarreo sin considerar que elige en espontáneos, cantantes, poetas, cómicos de tercera y soneros de la loma que no tienen la mínima idea de nada.

El mayor cambio disruptivo es interno, modificar los hábitos de cultura cívica, reflexionar, informar, formar, educar, debatir, aumentar la autoestima política, esta es una actividad fundamental para el ser humano, por más que la hayan degradado urge rescatarla. Para hundir a un país solo hace falta dejarlo en manos de pésimos líderes, terminaran socavando el espíritu y fortaleza de la gente, entregándolo a la corrupción y destruyendo su futuro.

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