Esta semana, pese a los sucesos acontecidos, nuestro foco vuelve a centrarse sobre la relación comercial que mantienen México, Estados Unidos y Canadá. Ni resaltando la importancia del comercio para el país azteca, López Obrador entiende que el TMEC, a solo seis semanas del primer aniversario de este acuerdo que sucedía al ya extinto TLCAN, es un elemento determinante para la economía mexicana, así como para la recuperación económica. Una recuperación para la que el país debe preparase, tras sufrir una de las mayores contracciones derivadas de la crisis del Covid.

Así pues, si tenemos en cuenta la situación que atraviesa la economía mexicana, esta, por determinados factores, presenta una de las mayores contracciones que se han registrado a lo ancho y largo del planeta. Anotándose una contracción del -8,5% a cierre del 2020, el país azteca cosecha ya 2 años de estancamiento económico que siguen metiendo presión a una presidencia que no ha vivido ningún periodo de bonanza económica. Además, esa escasez en materia de recursos que presenta el país, así como las vulnerabilidades internas, impiden el ofrecimiento de una respuesta acorde con dicha caída.

Y es que hablamos de que México, como ya hemos citado en numerosos artículos, es el país latinoamericano que menor respuesta fiscal ha ofrecido para combatir la pandemia (1% del PIB), incluso por debajo de la respuesta media ofrecida por las economías emergentes de América Latina, siendo esta del 2,7%.

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Sin embargo, pese a esta mala situación que atraviesa la economía mexicana, lo cierto es que no todo han sido malas noticias. Desde la renovación del TMEC y el estallido de la guerra comercial que enfrentaba a las dos potencias económicas en el mundo, México se ha convertido en el principal socio comercial de la potencia norteamericana. Su intercambio de bienes y servicios no ha dejado de incrementarse con el paso del tiempo, rompiendo récord tras récord. Tal es la importancia de esta relación, que cuando México firma el TLCAN en 1994, el peso del comercio en el PIB era el 30%, mientras que, años más tarde, en 2020, este rozaba el 80% del PIB. Como vemos, una cifra para nada desdeñable.

Para hacernos una idea, las exportaciones que realiza México representan cerca del 39% del PIB. De estas, el 80% las compra Estados Unidos. Teniendo en cuenta esto, hablamos de que el país norteamericano soporta cerca del 31% del PIB mexicano por la compra de este gran porcentaje del total de exportaciones. De esta forma, si observamos el volumen de comercialización entre estas dos economías vecinas desde el año 1994 hasta el cierre del 2018, este pasó de 82 mil millones de dólares a 612 mil millones de dólares, un aumento del 651%.

Dicho esto, debemos decir que lo realmente fascinante de este fenómeno es que ni en tiempos de pandemia se detiene este tráfico de mercancías. En este sentido, hablamos de que, durante la pandemia, las exportaciones vivieron una caída del 15.7%, siendo esta bastante más leve que la que vimos en 2008, año en el que estas se redujeron en 26.7% en la tasa anual.

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Además, el pasado mes de marzo, el comercio entre México y los Estados Unidos marcó un nuevo récord histórico, y ello, en un momento en el que la economía se enfrenta a una de las mayores crisis económicas de nuestra historia. El comercio entre México y Estados Unidos, expresado como la suma de exportaciones e importaciones, ascendió a 56.908 millones de dólares en el mes de marzo. Así pues, hablamos de que el comercio entre ambas economías alcanzó el pasado mes, su mayor nivel en la historia para un solo mes, tal y como muestran los datos que ofrece la Oficina del Censo estadounidense.

Sin embargo, pese a todo lo comentado, hace escasas semanas las tensiones volvieron a poner en peligro esta relación. Unas tensiones que nacen tras la petición que realizó Estados Unidos a México para que revisase la supuesta negación de los derechos de los trabajadores en una planta de producción de General Motors en el centro de México, siendo esta la primera vez que Washington inicia por sí mismo una disputa laboral bajo el T-MEC. Una disputa que, por primera vez, avivaba la tensión entre dos economías que, desde hace años, no han dejado de mantener una relación muy activa, como nos dicen los números.

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Y a esto, debemos sumarle las nuevas tensiones que, esta semana, vuelven a tensar esta beneficiosa relación. En las últimas horas conocíamos nuevas tensiones tras la consideración por parte del Gobierno de Biden de que López Obrador, el presidente de México, está discriminando a las empresas estadounidenses tras impulsar cambios importantes en una ley de electricidad y en la ley de hidrocarburos. Cambios que nacen con la intención de cambiar las reglas del mercado, a la vez que se favorece a la compañía estatal Petróleos Mexicanos y a la compañía eléctrica Comisión Federal de Electricidad. Ello, en detrimento de las empresas privadas.

Tensiones que vuelven a poner en peligro una relación que solo ha ido a más durante los últimos años. Una relación que México necesita para salir airoso de esta crisis, y para desarrollarse a través de una participación en los mercados internacionales que le ha llevado a que una gran parte de su economía esté condicionada por este.

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