Al no ampliar la base de contribuyentes en pequeños poblados, el SAT está dejando mucho dinero sobre la mesa y limita el desarrollo de esas localidades de México.

 

El año pasado, en Semana Santa, salí de vacaciones y llevé a mis hijas a visitar Mazunte (en Oaxaca), poblado que alberga al Centro Mexicano de la Tortuga. Este lugar se encuentra en el municipio de Santa María Tonameca, colindando con la playa Zipolite y a 5 kilómetros de Puerto Ángel. Es un atractivo de la ruta de ecoturismo de Oaxaca, que año con año recibe paseantes no sólo nacionales, sino también del extranjero.

Al llegar al poblado se puede percibir la pobreza de su gente, que no rebasa los 500 habitantes. Los servicios bancarios no existen; los servicios del municipio se tienen que ver directamente en Santa María Tonameca o en Puerto Ángel, amén de los servicios de salud, donde ni siquiera el IMSS ha llegado. Por esta razón, entre otras, en este poblado lo único que se maneja es dinero en efectivo. La factura no existe ni en papel, y, por consiguiente, los impuestos federales y locales no se generan.

La calidad del servicio hotelero es de dos estrellas, hay palapitas llamadas bungalós, que son muy populares y no alcanzan una estrella. El costo por habitación para dos personas es de 500 pesos por noche, duplicándose en temporada alta. Al estar en el lugar, me llama la atención que existen también exclusivos hoteles cinco estrellas con precios mucho más altos, que atraen a un turista con mayores posibilidades económicas.

El costo de mi estadía por 3 días fue de unos 7,000 pesos. Usando un poco de imaginación, hice un cálculo numérico simple de lo que el SAT hubiera podido recaudar por mi viaje:

Importe:                                 $6,034.48

IVA:                                        $965.52

Impuesto por hospedaje:    $120.00

Total:                                     $7,120.00

Si dividimos este IVA entre las 5 personas que fuimos al viaje, nos daría la cantidad de 193.10 pesos de IVA a pagar por persona. Si multiplicáramos ese número por unos 1,000 visitantes en las dos semanas que contempla la Semana Santa, hablaríamos de un impuesto de 193,100 pesos. Éstos son sólo números hechos al aire, ya que no estoy considerando el IVA de las deducciones, pero seguramente llegaría a las arcas del fisco al menos el 30% de ese IVA. Si este dinero se quedara en Mazunte, bien utilizado habría presupuesto para servicios públicos y generar bienestar para sus habitantes.

Ahora bien, hablando de números estadísticos, en noviembre del 2013 la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico promovió un festival de jazz, en el que se esperaban alrededor de 30,000 turistas y una derrama económica de 30 millones de pesos. ¡Huy!, ¿de cuánto sería el IVA? El monto es $4,137,931.03. Igualmente, si consideráramos que el 30% de ese IVA llegara a las arcas fiscales, estaríamos hablando de $1,241,379.31 adicionales para la población, los cuales se podrían invertir al 100%.

Como dato adicional, el presupuesto para 2014 del municipio de Santa María Tonameca fue de 55 millones de pesos, para distribuir entre alrededor de 40 poblados en una extensión territorial de 454.2 km², correspondiéndoles alrededor de 1.4 mdp a cada uno.

 

Reflexiones

  1. Así como este pequeño poblado, ¿cuántos más existirán con poblaciones menores a 1,000 habitantes en la República Mexicana?
  2. Una ciudad debe contar con un mínimo de 10,000 habitantes para que empiece a ser atractiva para los bancos. La pregunta es: ¿se necesitan bancos para poder recaudar impuestos?
  3. Para cobrar impuestos se requiere generar riqueza y tener infraestructura; hoy, el 43% de la población mexicana vive en situaciones similares al poblado de Mazunte.
  4. Para el SAT, ¿valdría la pena hacer una inversión en poblaciones pequeñas para ampliar la base de contribuyentes del Régimen de Incorporación Fiscal (RIF) y no seguir aumentando impuestos a los contribuyentes que ya pagan impuestos?
  5. Con periodos tan cortos de tres años en las presidencias municipales, es poco probable que los servidores públicos entrantes tomen el estandarte de la recaudación fiscal.

Como reflexión final, el SAT está dejando mucho dinero sobre la mesa y con ello limitando el desarrollo en las pequeñas poblaciones de nuestro país.

 

Nota: El autor del texto es Érick Sánchez Cervantes, contador general de Impuestum, en colaboración con Gilda Herrero.

 

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