DW.- Después de los estragos causados por la Segunda Guerra Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) se creó originalmente para que los países con déficits pudieran pedir dinero prestado y les pagaran su deuda a otros. La esperanza era generar estabilidad financiera, aumentar la cooperación mundial, facilitar el comercio y el crecimiento, y reducir la pobreza.

Ahora, más de 74 años después, se mantiene el debate sobre los métodos que el FMI emplea para cumplir sus objetivos. Los defensores de los programas de rescate del FMI afirman que la liquidez provista por esta vía ha evitado crisis aún más extremas. Pero los críticos afirman que las ayudas del FMI han generado dependencia y han empobrecido a los más pobres. Allan Meltzer, reconocido economista de la Universidad Carnegie Mellon, dijo una vez que “los programas del FMI se mueven al filo entre el riesgo social -el riesgo cubierto por el país con problemas-, y el riesgo privado de los banqueros”.

El consenso de Washington

Investigadores han descubierto que los programas del FMI fueron relativamente exitosos, especialmente en los primeros años de actividad. Mohisin S. Khan, Director del FMI para Oriente Medio y Asia Central, analizó los rescates de 69 países en desarrollo durante el período de 1973 a 1988. Khan descubrió que los programas del FMI, a corto y largo plazo, tuvieron un impacto positivo sobre las cuentas corrientes, la balanza de pagos y las cifras de inflación de dichos países. Entre los calificados como “historias de éxito del FMI” se encontraban los programas de préstamos para México en los años ochenta, así como para India y Kenia.

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Turquía perdió más de una tercera parte de sus multimillonarios

En respuesta a la crisis financiera de América Latina de los años 90, el FMI cambió su política, implementando lo que se conoce como el Consenso de Washington. Una política que demanda reformas estructurales que fortalecen el papel de las fuerzas del mercado, a cambio de ayuda financiera inmediata. Según el economista británico John Williamson en 1989, las medidas incluían un menor endeudamiento del Gobierno para desalentar los altos déficit fiscales, recortes en los subsidios gubernamentales y menores impuestos corporativos.

Además se recomendaron otros “ajustes estructurales” como “tipos de cambio flotantes”, “políticas de libre comercio”, “liberalización de los mercados”, “así como la privatización de activos públicos”. Las políticas económicas neoliberales propuestas en el Consenso de Washington han sido aplicadas desde entonces, no solo por el FMI, sino también por el Banco Mundial, con sede en Washington.

Una medida para todo

Joseph Stiglitz, economista jefe del Banco Mundial entre 1997 y 2000, ha expresado serias dudas sobre la viabilidad de la nueva doctrina, indicando que no tiene sentido aplicarla a ciegas a otros países. Stiglitz también ha destacado que aunque el FMI es financiado por los contribuyentes, no rinde cuentas sobre sus intereses, lo que, según Stiglitz, identifica claramente el problema de gobernanza que tiene FMI: “Recibe dinero, pero nadie se hace responsable de su manejo”.

En 1995, México fue aclamado como un brillante ejemplo de la nueva política del FMI, ya que el país reembolsó un paquete de rescate por una suma de 52 mil millones de dólares. Pero pronto las fallas se hicieron evidentes. Los mexicanos sufrieron una fuerte caída en el ingreso real per cápita, que en 1998 había retrocedido a un nivel visto por última vez en 1974.

Incertidumbre sobre el futuro del TLCAN ya afecta a México: FMI

Desde fines de 1994 hasta fines de 1996, México aumentó su deuda externa en 560 mil millones de dólares, debido a que el gobierno compró a la banca comercial 545 mil millones dólares en préstamos incobrables.

Algunos economistas consideran el legado de los rescates en América Latina como el comienzo de la crisis financiera en Asia, a fines de la década de los noventa. Y afirman que el FMI había lanzado una clara señal al mundo de que si algo salía mal, saldría al rescate de los inversionistas.

Crisis de la deuda de la eurozona

Con respecto a la crisis de la deuda soberana de 2010 en la zona euro, incluso el propio organismo de control independiente del FMI fue extremadamente crítico con el enfoque de los prestamistas. En un informe de 2016, la Oficina de Evaluación Independiente (OEI) dijo que el FMI era culpable de los “pronósticos excesivamente optimistas que no detectaron el problema y dejaron la impresión de que Europa es diferente”.

En los últimos meses, el número de representantes del FMI en Washington parece haber crecido significativamente. Cada vez sale más dinero de los países emergentes hacia Estados Unidos, lo que hace que el dólar aumente de valor y las monedas de los mercados emergentes alcancen nuevos mínimos.

Turquía está siendo el epicentro de la tormenta, pero muchos otros países, entre ellos Argentina, Hungría e Indonesia, se han visto afectados, ya que los inversionistas en acciones de mayor riesgo y bonos de mercados emergentes están huyendo al mercado de activos estadounidense que ofrece más seguridad.

El ministro de Economía de Argentina, por ejemplo, negocia en Washington un acuerdo de préstamo urgente con el FMI para apuntalar la confianza de los inversores y el peso, que se depreció en un 20%, solo al final de la semana pasada. Pero el FMI confía en que las medidas de austeridad serán implementadas por el Gobierno de Mauricio Macri, con el asesoramiento de los prestamistas, incluidos los recortes a los subsidios a la energía y el recorte de 95,000 empleos en el sector público.

Turquía, entre tanto, está tratando de capear la tormenta en las finanzas de los mercados emergentes, a pesar de una caída del 40% en el valor de su moneda, la lira. Ankara dice que no acudirá al FMI para un rescate. Aún está por verse cuál país superará mejor su crisis.

Por Uwe Hessler

 

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