El gas natural es considerado como un energético de transición, es decir como un combustible intermedio entre los combustibles derivados del petróleo y las energías renovables porque es menos contaminante que la gasolina, el gas Licuado de Petróleo o el diésel, pero menos amigable que la energía eólica o solar, por mencionar sólo algunos.

En México, el uso del gas natural se ha concentrado como insumo para producir electricidad y en menor proporción para procesos industriales, comerciales, con una reducida penetración en el sector doméstico.

Sin embargo, el gas natural ha mostrado un comportamiento tímido como combustible vehicular. En el país sólo operan 29 estaciones de servicio de gas natural, lo cual se compara negativo si se considera que hay más de 11 mil gasolineras.

Para aumentar la penetración del gas natural como sustituto de gasolina y diésel, la empresa Gas Natural Fenosa instalará en coinversión y por su cuenta 10 estaciones expendedoras de gas natural vehicular en la Ciudad de México, cinco en Monterrey y tres en el Bajío para atender hasta a 180 mil clientes. Cada estación requiere una inversión promedio de cuatro millones de dólares.

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Pero, si el gas natural genera 25% menos emisiones de bióxido de carbono y 90% menos partículas que los combustibles automotrices derivados de petróleo y si el usuario puede ahorrar hasta 50% en el costo en comparación con la gasolina, entonces ¿cuáles han sido los factores que provocan la resistencia de los usuarios a usar gas natural vehicular?

Las armadoras han mostrado poco interés por desarrollar vehículos a gas natural por el reducido número de estaciones de servicio y el costo para convertir los autos de gasolina a gas oscila entre 35 y 40 mil pesos, lo cual resulta más rentable para empresas que operan flotillas con alto nivel de movilidad y para taxistas, sin embargo, estos han optado mejor por adquirir vehículos híbridos.

El hecho de convertir un vehículo a gas natural significa sacrificar un espacio en la cajuela del vehículo para instalar el cilindro almacenador del combustible, lo que también implica un peso adicional para el automotor.

Además de esos factores que están más asociados a la decisión del consumidor, también ha incidido el escaso impulso de la política de gobierno hacia la promoción del gas natural vehicular y, en el caso de la Ciudad de México, las restricciones para emitir permisos y uso de suelo para la instalación de estaciones.

Convertir los vehículos a gas natural es importe porque la principal fuente de contaminación del aire detectada en la capital mexicana es la vehicular, al representar el 46%. De este porcentaje los que contribuyen con el 60% de las emisiones son los transportes de carga y microbuses.

Ante la promesa de Petróleos Mexicanos y los nuevos comercializadores de combustibles automotrices de aumentar la venta de productos con menos azufre y la incursión de vehículos híbridos, el panorama para la expansión del gas natural vehicular se antoja complicado pero también es cierto que México importa gas natural de Estados Unidos, donde prevalecen los precios internacionales más bajos del mundo y el ahorro económico siempre será un buen motivo para explorar opciones como el gas natural, el energético de transición.

 

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