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Los sismos que ocurrieron en el mes de septiembre del año pasado no sólo sacudieron Ciudad de México y otras entidades del país, sino que también tocaron fibras sensibles de una sociedad que se organizó para atender una emergencia como no se había visto en décadas.

La sociedad civil y la clase empresarial fueron parte de ello, al unir sus fuerzas y recursos para crear un fideicomiso que apoyara a los miles de damnificados que dejó el temblor de 7.1 grados de magnitud.

“El 19 de septiembre, inmediatamente después de tener condiciones para reunirnos, en el Consejo Coordinador Empresarial [CCE] empezamos a buscar la mejor forma de ayudar en la emergencia y a sumar a otras organizaciones”, relata Juan Pablo Castañón, presidente de dicho organismo, cúpula de la iniciativa privada mexicana.

“Se trataba de ayudar, de ir atendiendo las diferentes necesidades que en la emergencia se tenían. [Los directivos de] Protección Civil, la Secretaría de Marina y la Secretaría de Defensa Nacional nos asignaron a un contacto [dentro de estas instituciones]. Y así fue como el día 20 [de septiembre], los presidentes de los organismos empresariales decidimos tener un sólo equipo de coordinación de todas las empresas a través de este grupo multidisciplinario que conformamos”, añade Castañón.

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Así, mientras los voluntarios realizaban labores de búsqueda y rescate, los líderes de diferentes cúpulas empresariales levantaron el teléfono y comenzaron a debatir sobre qué podían hacer para ayudar a quienes habían perdido todo, relatan en entrevistas por separado Castañón y Alejandro Ramírez, director general de Cinépolis y presidente del Consejo Mexicano de Negocios (CMN).

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Alejandro Ramírez, director general de Cinépolis. Foto: Angélica Escobar/Forbes México

Después de esas conversaciones y de acercamientos con la Secretaría de Hacienda y Nacional Financiera, los directivos que conforman el CCE tomaron la decisión de crear el Fideicomiso Fuerza México (FFM), en el cual pudieran recibir las aportaciones que compañías y organizaciones nacionales e internacionales realizaban, en apoyo para aliviar la situación de emergencia y para las posteriores labores de reconstrucción

“En varias conversaciones sobre qué podía hacer el sector privado, José Antonio Meade [entonces titular de la Secretaría de Hacienda] nos comentó que nos daría todas las facilidades para instaurar un fideicomiso y operar y recaudar ahí fondos de la sociedad civil. Fue así que, con el liderazgo del CCE, el apoyo de Hacienda y Nafin, y de todos los organismos que conforman el CCE, coincidimos en esto que ahora se conoce como Fideicomiso Fuerza México”, apunta Ramírez.

El FFM ha recaudado más de 400 millones de pesos (mdp), con un efecto multiplicador de tres a uno, y con los cuales se están reconstruyendo más de 4,500 viviendas, 14 escuelas, 12 clínicas, cuatro mercados, dos centros comunitarios y cuatro inmuebles de patrimonio cultural. Con esos recursos también se beneficia a más de 40,000 personas, de acuerdo con las cifras del propio fideicomiso.

Pero este esfuerzo de la clase empresarial también nació ante la necesidad de la gente de contar con mecanismos que pudieran actuar donde los esfuerzos gubernamentales no fueran suficientes, menciona Edna Jaime, fundadora y directora general de México Evalúa.

“Me parece que hubo pocos vehículos efectivos para llevar ayuda a quienes lo perdieron todo. Aunque somos un país que enfrenta importantes riesgos en materia de desastres naturales, hay algunos mecanismos de respuesta que funcionan y hay muchos otros que no están desarrollados y que debemos explorar”, destaca Jaime.

Asimismo, el FFM surgió con el objetivo de ser un mecanismo de ayuda y respuesta eficaz y rápida, señala Carlos Danel Cendoya, presidente del Consejo de Administración de Gentera. Pero, añade, también tiene la misión de ser un mecanismo que se distinga por aspectos como la transparencia, el valor agregado y la colaboración.

“Se trataba de hacer algo que sentara un precedente y un modelo cooperativo, no sólo para esta emergencia, sino también para futuras situaciones en las que el sector privado tuviera cómo responder a las comunidades a las que sirve”, indica Cendoya.

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Carlos Danel Cendoya, presidente del Consejo de Administración de Gentera. Foto: Angélica Escobar/Forbes México.

En ese sentido, la directora general de México Evalúa agrega que el FFM ayudó a sentar las bases para que, en adelante, los mecanismos de ayuda puedan reaccionar oportunamente en el futuro ante desastres naturales como los ocurridos hace un año.

“El esfuerzo del fideicomiso es encomiable y logró materializarse en una plataforma en la que, casi en tiempo real, se está informando del ejercicio de recursos, del avance de obras, de todo lo relacionado con las tareas de reconstrucción en las que se ha involucrado el propio fideicomiso”, señala Jaime.

Para esto, se estableció que el fideicomiso cuente con el respaldo de organizaciones como el Instituto Nacional de Acceso a la Información (Inai), el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), Impunidad Cero, Transparencia Mexicana y México Evalúa, las cuales hoy forman parte del Comité Técnico, siendo las instituciones especializadas las que validan la transparencia y rendición de cuentas en la aplicación de los recursos del fideicomiso.

Las lecciones del temblor

Además de la solidaridad mostrada por los mexicanos, para los empresarios consultados, los sismos también enseñaron al sector privado a actuar ágil y coordinadamente. A un año de la tragedia, instrumentos como el FFM “son el reflejo de lo que se puede hacer con voluntad, organización, ganas de trabajar, transparencia y rendición de cuentas”, destaca Ramírez, del CMN.

Este esfuerzo de la iniciativa privada también demostró que se puede trabajar con los tres niveles de gobierno para el ejercicio de los recursos, así como con instituciones públicas, como Nacional Financiera, para compartir información, y también para ser más eficientes y efectivos.

“La lección principal fue que el sector privado tiene un papel fundamental que jugar en la respuesta a las emergencias”, apunta Cendoya, de Gentera. “Creo que, si bien fue un esfuerzo que surgió como una respuesta eficaz a los sismos, ahora queda como un modelo operativo para el sector privado y su respuesta a futuras emergencias”.

“Queremos aprovechar el aniversario [el 19 de septiembre] para recordar que se están beneficiando muchas personas, pero nos falta más”, sentencia Ramírez.

Por Erick Zúñiga, con información de Mauricio Hernández, Fernanda Navarro y Arturo Solís.

 

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