Este texto fue publicado originalmente el 9 de junio de 2017.

Cuatro años después de que el presidente de México, Enrique Peña Nieto, afirmó que la economía mexicana crecería entre 5 y 6% con la aprobación de las reformas estructurales, la previsión optimista se diluye.

No se trató de una declaración producto de la seguridad del ese entonces recién llegado a la administración del gobierno mexicano, sino de un objetivo establecido en el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo 2013-2018 (Pronafide).

El documento entregado por el entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, estimaba que las reformas estructurales incrementarían “el crecimiento potencial de la economía mexicana de cerca de 3.5% en su nivel inercial a 5.3% hacia el 2018”.

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Pero las expectativas de crecimiento del Producto Interno Bruto para 2018 fueron ubicadas entre 1.7 y 2.7%, de acuerdo con el último informe trimestral del Banco de México (Banxico), en tanto que para este año el pronóstico de crecimiento es de entre 1.5 y 2.5%.

Los últimos meses de la administración de Peña Nieto se perfilan para romper con la tendencia de sus antecesores, en la que el último año el crecimiento económico se calculaba por encima del 4%, señaló Jonathan Heath, vicepresidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF).

“Este va a quedar como uno de los sexenios más mediocres que hemos tenido, si examinamos todos los sexenios pasados vamos a encontrar que siempre, independientemente de si hubo crisis o no, siempre hubo por lo menos uno o dos años con crecimientos arriba de cuatro”, aseguró Heath, en entrevista con Forbes.

En 2010, durante el sexenio de Felipe Calderón, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) alcanzo 5%; en tanto que el mejor año en la administración de Vicente Fox fue 2006, cuando se registró crecimiento económico de 5%; y con Ernesto Zedillo en 2000 el PIB alcanzó 5.30%.

El ejecutivo federal intento convencer que las reformas estructurales serían un remedio para la desaceleración económica del país, en opinión de Heath.

Pero el panorama económico es el resultado de factores como la caída de los precios del petróleo y la incertidumbre económica mundial, consideró Gabriela Siller, directora de Análisis Económico-financiero de Banco Base.

“Hay que recordar que los precios del petróleo empezaron a disminuir de manera significativa llegando a un mínimo de 2016, lo cual dificultó que la reforma energética alcanzara su potencial de entrada sobre todo de inversión extranjera directa. También hubo periodos de alta incertidumbre sobre todo desde la segunda mitad de 2016, cuando Donald Trump quedó como candidato”, dijo Siller.

Otro factor que no favoreció el desarrollo óptimo de la economía mexicana fue el estancamiento de las exportaciones producto del giro en la política monetaria de Estados Unidos, explicó Heath.

“En Estados Unidos al concluir su política monetaria muy expansiva empezaron a cambiar su política monetaria hacia el otro lado, hacia un terreno neutral. Eso fortaleció al dólar y cayeron las exportaciones hacia Estados Unidos. En 2015 y 2016 claramente se estancaron nuestras exportaciones. Entonces el motor principal de la economía no estaba jalando y por eso también hemos tenido crecimientos mediocres”, dijo el experto.

Además de los factores externos, la caída de la confianza empresarial, el mal manejo de la política fiscal, la disminución de la inversión pública, así como el aumento del gasto corriente han generado desgate a la economía del país, señaló el vicepresidente del IMEF.

“En el indicador de inversión pública que da a conocer el INEGI podemos ver que en 2016 cumplimos siete años consecutivos con tasa negativa, es decir la inversión pública ha ido cayendo todos los años. El gobierno gasta más pero cada vez más es gasto corriente, programas sociales, asistencialistas que buscan comprar votos”, explicó el especialista.

Con el crecimiento económico también llegarían más oportunidades laborales para los mexicanos, de acuerdo con el pronóstico de hace cuatro años.

El Pronafide predijo que el crecimiento adicional esperado para 2015 y 2018 se traduciría en la generación de un millón de plazas anuales en los tres años.

Para 2017 se anticipó que el número de puestos de trabajo afiliados al IMSS aumentaría entre 650 y 750 mil, en tanto que en 2018 se observaría un aumento de entre 640 y 720 mil.
Pero la integración formal de empleos al IMSS no da cuenta del aumento de número de empleos, advirtió Heath.

“Es la formalización del empleo, si nosotros vemos cuanto ha crecido el empleo según la encuesta nacional de ocupación y empleo del INEGI y lo comparamos contra los registros del IMSS, éste tiene el doble del que tiene la encuesta, lo que significa que no son empleos nuevos.

Aun así, si hemos visto un crecimiento del empleo básicamente de alrededor de un promedio anual de arriba de 2% muy en línea con el crecimiento del PIB, en lo que va del sexenio, pero son empleos de muy baja remuneración, la mayoría de los empleos que se han creado son de tres salarios mínimos para abajo”, advirtió.

Para Siller aunque los fundamentales macroeconómicos se encuentran bien, aún existen muchos riesgos a la baja para el crecimiento económico como la volatilidad del tipo de cambio, la inflación y la deuda del gobierno.

La inflación ha mantenido una tendencia al alza desde junio de 2016; se ubicó en su más reciente medición en niveles de 6.17%, más del doble del objetivo meta de 3.0% previsto por el Banxico.

 

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