Este texto fue publicado originalmente el 29 de noviembre de 2017.

Se va Agustín Carstens y por lo mismo, como si estuviera en un tour de despedida, ha concedido varias entrevistas. La voz clara y tranquila contrasta con el nerviosismo subyacente que nos deja el vacío de un personaje tan grande en tantos sentidos. De estos mensajes finales, ejecutivos, empresarios y emprendedores podemos encontrar consejos aplicables. Cuando le preguntaron qué características debiera tener su sucesor, además de recomendar a una persona con una figura más discreta que la de él -el gobernador del Banco de México siempre ha tenido un gran sentido del humor- se refirió a tres rasgos fundamentales:

  1. Que conozca y entienda la misión del Banco Central.
  2. Que comprenda el entorno en el que se mueve y la naturaleza de los movimientos.
  3. Que sea capaz de formar un equipo de trabajo que sepa comunicar.

El hombre que manejó con pericia la macroeconomía de México entiende que lo que funciona para lo general puede operar para lo particular. El que puede gobernar su cartera puede gobernar un negocio o una economía. Por lo tanto, bajar los comentarios de despedida de Agustín Carstens a nivel en el que se genera la actividad económica puede ser de gran utilidad.

1) Conocer y entender la misión de un negocio. Es ser capaz de explicar en palabras sencillas cuál es la naturaleza del proyecto y cuáles son las razones por las que los clientes nos preferirán entre todas las opciones que le presentan los mercados. Por lo general, quienes pueden enunciar las características de su proyecto en forma fácil y sin rodeos es que entiende los entresijos de su empresa. Sin importar la naturaleza del mismo o si se trata de algo básico o complejo, una persona debe capaz de decir y de hacer entender a otro de qué va su negocio. Además, esta claridad es un rasgo inequívoco de un análisis profundo: la capacidad de síntesis se logra cuando las personas tienen los elementos bajo control. Cuando se conoce la vocación de una empresa se entiende el papel que juega en el mercado y sabe el camino que debe seguir, por lo mismo, le es difícil extraviarse.

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Si una empresa es dirigida por alguien que ni conoce ni entiende la misión tiene un capitán con la brújula descompuesta. En esa condición, es fácil extraviar el rumbo, tomar caminos equivocados que se traducen en riesgos innecesarios, en gastos excesivos, en duplicidad de funciones y por fin, en peligro para la empresa. Un barco que es capitaneado por alguien que no sabe mover el timón genera peligro e incertidumbre innecesaria.

2) Comprender el entorno y la naturaleza de los movimientos. Significa estar al tanto de que la empresa vive en un ecosistema y no en soledad. Mirar hacia adentro no es suficiente, es necesario estar al pendiente de lo que sucede al exterior. En el exterior están la competencia, los clientes, las tendencias, las preferencias y es indispensable escuchar lo que el mercado tiene que decir.

Conocer los entresijos del negocio no basta. Hay que estar al corriente de lo que pasa afuera ya que los movimientos pueden favorecer o amenazar al negocio. Por lo tanto, entender la estacionalidad, los ritmos, la esencia de la industria permite anticipar amenazas, disminuir riesgos, aprovechar oportunidades y construir fortalezas.

3) Ser capaz de formar un equipo que sepa comunicar. Es vital pues es el elemento que posibilita la vida de un negocio. Si las personas que elegimos para integrarse a un proyecto pueden interactuar en forma armoniosa, se construye una capa protectora. Por el contrario, cuando el grupo de trabajo no se comunica, no se entiende, no camina a la misma velocidad, la organización es porosa y las amenazas penetran y los riesgos se trasminan.

Cuando el trabajo está integrado y fluye en forma armónica, las fuerzas y los esfuerzos se enfocan a los lugares adecuados. El círculo virtuoso se pone a girar y la circunferencia adecuada se cierra en torno a lo que resulta más conveniente.

La claridad con la que Agustín Carstens supo prefigurar las características de su sucesor nos da cuenta de que el hombre entiende las operaciones y sabe lo que se necesita para que las cosas sigan funcionando. Evidentemente, la cotidianidad del Banco de México es compleja y tiene impactos relevantes. Pero, el Gobernador del Banco de México supo explicarlo con conceptos accesibles para que cualquiera pudiera seguir la idea que estaba planteando.

Cuando vemos a alguien que le da la vuelta a los conceptos, que quiere adornar su confusión con palabras rimbombantes y no termina de cuajar una explicación plausible es que no entiende. Si un ejecutivo no puede comunicar su proyecto, si un emprendedor no sabe definir lo que trae entre manos, si un empresario no logra precisar a qué se dedica -con independencia de su naturaleza, puede ser la compra-venta de pelotas o un negocio que implique física cuántica- es que no lo entiende.

No entender es ir a la deriva y eso es muy peligroso. Por lo tanto, espero que el próximo Gobernador del Banco de México sea una persona que entienda la misión, comprenda el entorno y pueda integrar un equipo de trabajo que sepa comunicar. Eso nos garantizará años de tranquilidad en los que pueda germinar la prosperidad, si no: podemos empezar a temblar. Mejor escuchamos los tres consejos finales de Agustín Carstens.

 

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